«Pensar rápido, pensar despacio», de Daniel Kanheman

Tabla de contenidos

A diferencia de otros libros de no-ficción, este libro no tiene un título largo. Además, sigo sin entender la imagen de un lápiz en la portada. Eso sí, en la portada se aseguraron de escribir que el autor es un premio Nobel de economía.

De hecho, este libro es una especie de biografía de la carrera del autor, quizá con la excusa del funcionamiento de nuestro cerebro. Aunque a lo largo de sus páginas se hacen muchas referencias a los 2 modos de trabajo del cerebro humano, en ocasiones, el autor se olvida completamente del tema y se enfoca en explicar estudios realizados por él y sus colaboradores. Eso sí, todos muy interesantes.

En algunas reseñas se refiere al autor como «el padre de la psicología conductista». Sin embargo, este título no hace honor a los verdaderos pioneros, como Skinner o John B. Watson. En todo caso, toda la carrera de Daniel Kanheman se centra en la toma de decisiones y en la economía del comportamiento.

Encontramos reseñas variadas sobre el libro. Muchas coinciden en lo denso que es el libro. Aún así, la mayoría lo considera un buen libro.

El libro fue considerado el mejor del año 2011 por varios medios, y también fue un libro destacado del 2012. Sin duda, debido a la dilatada experiencia del autor y las numerosas citas a estudios, más allá de los premios recibidos, el libro es a tomar en cuenta si queremos entender muchos de los sesgos que nos dominan.

Aspecto y contenido del libro

El libro es bastante extenso. Tiene un lenguaje muy espeso, y se entretiene en temas que se salen de la temática. Cita numerosos ejemplos difíciles de entender para alguien no especialista, y abusa de la necesidad de citar múltiples fuentes. Probablemente sería mucho más práctico si dedicara algo menos de tiempo a explicar la diferencia entre los dos sistemas cerebrales, y después hablara de soluciones (cosa que, por cierto, no ofrece).

El apéndice es solo para entendidos en la materia, y repite los estudios ya mencionados, pero ordenados por tipo de sesgo.

En general, el tipo de lenguaje es poco agradable. Usa palabras, frases y párrafos largos, y términos no muy conocidos. Lo mejor del libro, más allá del conocimiento que integra, son las anécdotas que el autor cuenta de algunas situaciones curiosas que le sucedieron.

Quizá pienses que estoy exagerando. Sobre todo, dada la fama del libro y la cantidad de expertos que lo citan. Para que te hagas una idea, aquí va un ejemplo de a lo que me refiero con lo de espeso. Comenzando un párrafo, bajo el subtítulo «Tensión y esfuerzo», dice:

La simetría de muchas conexiones asociativas ha sido un tema dominante en la discusión de la coherencia asociativa.

Otro ejemplo, bajo el subtítulo «La psicología de la disponibilidad»:

Un importante avance en la comprensión de la heurística de la disponibilidad se produjo a principios de la década de 1990, cuando un grupo de psicólogos alemanes dirigidos por Norbert Schwarz[140] se hicieron una interesante pregunta: ¿cómo afecta la petición de listar un número especificado de ejemplos a las impresiones que tienen las personas sobre la frecuencia de una categoría?

Una palabra que se usa hasta la saciedad, sobre todo al principio del libro es «heurística».

Dejando a un lado el tipo de lenguaje, el objetivo del libro queda claro desde el principio. Aprender los sesgos de intuición para, como dice el autor, «mejorar la capacidad de identificar y comprender errores en juicios y decisiones, en otros y eventualmente en nosotros mismos, proporcionando un lenguaje más rico y preciso para discutirlos.»

Este objetivo es algo desalentador, y si lo hubiera entendido bien, quizá habría desestimado el libro. Al estilo filosofía antigua, el libro trata de cómo funciona el cerebro, pero no para dar soluciones, sino solo para establecer las bases y el lenguaje para discutirlos. Efectivamente, terminé la lectura del libro con algunos nuevos conocimientos, pero poco que aplicar.

Ideas y citas clave

El libro se divide en 5 partes.

  1. Sistema 1 y sistema 2
  2. Por qué nos resulta difícil pensar de forma estadista
  3. La excesiva confianza en lo que creemos saber
  4. Las elecciones lógicas y las emocionales (Econs, que viven en la teoría, y Humanos, que viven en el mundo real)
  5. La diferencia entre el «yo que experimenta cosas» y el «yo que las recuerda».

Las partes 1 a 3 se centran en el sistema 1 y sistema 2, que es en realidad, la clave del libro.

Sistema 1 y sistema 2 (partes 1 a 3)

El Sistema 1 opera de manera rápida y automática, con poco o ningún esfuerzo y sin sensación de control voluntario. El Sistema 2 centra la atención en las actividades mentales esforzadas que lo demandan, incluidos los cálculos complejos.

  • Sistema 1: Es rápido, irracional, intuitivo. Es tan automático que hay cosas que ni siquiera podemos evitar. Por ejemplo, no podemos no entender una frase en nuestro idioma. El sistema 1 parece tener una capacidad ilimitada y no parece poder desconectarse. Busca patrones incluso en lo aleatorio. Lo que sea con tal de economizar y no llamar al sistema 2. El sistema 1 da ideas al sistema 2 constantemente. Cuando actúa el sistema 1, las conclusiones vienen primero, y las razones después. Primero dispara, y después pregunta. Incluso, cuando no tiene argumentos, es capaz de generar historias totalmente inventadas en base a pocos datos. El sistema 1 es difícil de educar, salvo con la edad.
  • Sistema 2: Es lento, perezoso. Solo toma el control cuando es necesario, y normalmente dependiendo de lo que el sistema 1 le va indicando. En muchas ocasiones, cuando se decide a actuar, lo hace sesgado por el sistema 1. Parece funcionar siempre con lo mínimo de su capacidad. Se fatiga rápidamente y tiene límites. El cansancio o la falta de descanso le afectan negativamente. El sistema 2 es quien pensamos que somos.

Para demostrar cómo funciona el sistema 1 y 2, el autor propone un sinfín de experimentos y estudios. Muchos de ellos han sido citados hasta la saciedad en otros libros, así que bastantes te sonarán conocidos. Tengo que decir que probé muchos de ellos, y no obtuve los resultados que el libro decía. Quizá porque al leer precisamente sobre la diferencia entre pensar en automático o en manual, evité que me engañaran.

Como comentábamos al inicio, el conocer este funcionamiento no te libera de caer en sesgos cognitivos. La razón es, precisamente, que el sistema 2, que es el que se daría cuenta de los fallos, solo actúa a la fuerza y cuando no le queda más remedio. Esto no tiene por qué ser del todo malo:

Adoptar como norma de vida la vigilancia continua no es necesariamente bueno, y además es impracticable. Cuestionar con constancia nuestro pensamiento sería insoportablemente tedioso, y el Sistema 2 es demasiado lento e ineficiente para servir de sustituto del Sistema 1 en las decisiones rutinarias. Lo mejor que podemos hacer es llegar a un compromiso: aprender a reconocer situaciones en las que los errores sean probables y esforzarnos en evitar errores importantes cuando están en juego cosas de primer orden.

Para reforzar la idea, al final del libro, el autor se sincera y dice: «solo he mejorado en mi capacidad para reconocer situaciones en las que los errores son probables».

Me pareció interesante el hecho de que el sistema 2 tenga una capacidad limitada. Cada vez estoy más convencido de que «fuerza de voluntad», «enfoque», «autodisciplina», «capacidad de decisión»… son todos términos que se refieren al sistema 2, y que la suma de esfuerzos nos lleva a la saturación. Después, el descanso nocturno nos regenera la batería, por decirlo así. Dice Kanheman que, según los estudios, «El autocontrol de los madrugadores se reduce por la noche; con los trasnochadores ocurre a la inversa.»

De hecho, el gasto emocional, el gasto cognitivo por decisiones, o el cansancio físico hacen que las personas sean más susceptibles de ser influídas por mensajes persuasivos vacuos, como los publicitarios.

Para mí, lo mejor del libro está en la parte que demuestra el priming y el efecto ancla. Por increíble que parezca, un número aleatorio se convertirá un ancla para decidir si un precio es alto o caro. La explicación sencilla es esta. Cuando se te da un número o una palabra, automáticamente, tu sistema 1 recupera todo tipo de archivos de información relacionada. A partir de ahí, cualquier decisión estará basada en la información que tienes a mano. Este proceso sucede constantemente y a una velocidad pasmosa. Obviamente, los astutos expertos en marketing aprovechan estos efectos, y los estudian para engañar a tu cerebro racional. Su uso está tan extendido que difícilmente puedes vender algo sin apelar a este tipo de recursos.

Como dice una cita, a su vez de Jonathan Haidt:

«El rabo emocional menea al perro racional»

Por si ya fuera desalentador saber que a duras penas controlamos los sesgos, a pesar de conocerlos, el libro demuestra que los expertos suelen errar casi al mismo lamentable nivel que el resto. Esto convierte profesiones como las inversiones en bolsa, o dirigir grandes empresas, en una especie de lotería donde la suerte suele ser el mayor aspecto a tener en cuenta. Teniendo en cuenta esto, la conclusión empírica es que un algoritmo superará al juicio de un humano en la mayoría de ocasiones.

En general, los expertos aciertan cuando cuentan con un marco estable, tienen datos correctos y suficientes, y no se fían de su intuición.

En esta parte del libro encontré algunas aplicaciones prácticas, como por ejemplo, a la hora de decidir si emprender. La mayoría de las veces, planificamos en base a una historia inventada por el sistema 1. Si los datos dicen que el 90% de los emprendimientos fracasan, ¿por qué todo el mundo piensa que pertenece al 10%? ¿Cómo puedes saber que te irá bien si nunca lo has hecho antes? Para colmo, somos demasiado optimistas con los datos buenos, y muy poco realistas con los malos. En realidad, los datos demuestran que los beneficios financieros del autoempleo son mediocres: con idéntica cualificación, uno obtiene rendimientos medios más altos vendiendo sus propias capacidades a empleadores que estableciéndose por su cuenta.

Claro, el optimismo está muy valorado, y por eso nos fiamos de aquellos que nos cuentan lo bien que les va aunque sea mentira, que los que nos dicen la dolorosa verdad.

Me gustaron mucho los estudios sobre el feedback positivo (es mejor alabar los aciertos que castigar los errores), la regresión a la media (cualquier valor extremo tenderá con el tiempo a regresar al promedio) o el efecto de «sabía que esto iba a pasar».

Econs y Humanos (parte 4)

En esta sección, el autor explica por qué nos cuesta tanto pensar de forma lógica y estadística. Según el autor, las teorías económicas se basan en modelos racionales, y por eso fallan estrepitósamente, pues el ser humano tiende a ser poco fiable en sus cálculos.

Se vuelve a repetir el efecto ancla, con nuevos estudios al respecto. A mí me gustó de esta parte la llamada «aversión a la pérdida». Consideramos mucho peor perder que ganar. Una aplicación práctica es que, cuando invertimos en algo que pueda medirse constantemente, es mejor limitar esas mediciones cada cierto tiempo. Así nuestra aversión al riesgo no se verá expuesta a esas pequeñas pérdidas que a largo plazo no impiden a una acción en bolsa subir, por ejemplo.

También fue curiosa la parte que explica la diferencia entre lo que siente el cerebro al enfrentarse a productos tangibles e intangibles.

Otro punto interesante es el peso de lo negativo con respecto a lo positivo. Como el autor dice:

Una sola cucaracha arruina completamente el atractivo de un recipiente lleno de cerezas, pero una cereza no altera en nada un recipiente lleno de cucarachas.

Esto explica por qué atraen tanto las malas noticias.

Otro sesgos curiosos son la sobreestimación de eventos poco probables. Si un avión tuvo un accidente es poco probable que vuelva a suceder, pero nos da igual.

También se demuestra que, a más detalles, más emociones. ¿Por qué? Pues porque nos da una historia que le viene genial al sistema uno, aunque sea totalmente falsa.

En esta cuarta parte, se pierde de vista el tema del libro, y se habla de muchos estudios de Kanheman y sus colegas que no me parecieron interesantes como para reseñarlos. Sí hay una sección interesante sobre economía, aunque nuevamente, se aleja del objetivo del libro.

El «yo que siente» y el «yo que recuerda»

Llegamos a la quinta parte. Por alguna razón, esta parte me encantó, aunque se puede resumir en menos líneas que las anteriores.

Básicamente, la idea es que pesa mas lo que recordamos que lo que sentimos. Y ese recuerdo suele tener muy en cuenta los extremos o picos, y las últimas referencias. En general, toleramos mejor sentir un poco de dolor muchas veces, que sentir mucho dolor una sola vez al final de un proceso. Esto sucede aunque la suma de esos pequeños dolores repetidos sea mucho mayor que un solo evento malo.

Esto explica por qué una experiencia magnífica puede ser estropeada al final. Una amistad puede ser buenísima durante años, pero se recordará mal solo por lo que sucedió antes de romperse.

Curiosamente, los estudios demuestran que solemos ser muy positivos en nuestros recuerdos, incluso a pesar de haber tenido experiencias muy malas. De ahí la llamada «zona de confort». Nos da más miedo enfrentarnos a lo nuevo que conservar lo vivido, aunque sea malo.

¿Qué influye en lo que entendemos como felicidad? Aquí el autor replica al conocido Mihaly Citszenzihaly, y su libro «Fluir». Sí añade algunas ideas que me gustaron. El uso del tiempo es crucial para vivir bien, y para recordarlo bien. Dice el autor:

El empleo del tiempo es uno de los aspectos de la vida sobre el que los seres humanos tienen algún control. Pocos individuos pueden desear poseer un carácter más agradable, pero pueden ser capaces de organizar sus vidas para emplear menos tiempo en sus desplazamientos cotidianos y más tiempo haciendo cosas de las que disfrutan con otros a los que quieren. Los sentimientos asociados a diferentes actividades sugieren que otra manera de mejorar la experiencia es emplear una parte del tiempo para el ocio pasivo, como ver la televisión, en formas más activas de ocio, como la vida social y el ejercicio.

El autor da algunos tips sobre la llamada «felicidad».

  • El matrimonio no afecta normalmente al bienestar experimentado, y no porque el matrimonio no marque una diferencia en cuanto a la felicidad, sino porque cambia, para mejor en unos casos, y para peor en otros, algunos aspectos de la vida.
  • Los ingresos elevados van asociados a una capacidad reducida para disfrutar de los pequeños placeres de la vida.
  • Una receta para una vida adulta insatisfecha es marcarse metas que sean particularmente difíciles de alcanzar.
  • La mayoría de las circunstancias duraderas de la vida, como la paraplejia y el matrimonio, son estados a tiempo parcial en que uno siente hallarse solo cuando les presta atención.

Conclusiones finales

Sin duda, el libro «Pensar rápido, pensar despacio» es un imprescindible para los que quieran ahondar en el funcionamiento de nuestro cerebro. Sobre todo es recomendable para aquellos que trabajan o estudian en sectores afines. Para el resto, creo que el libro se puede resumir en unas cuantas frases. Me quedaría más con el resumen que con el propio libro.

Obviamente surge un pequeño dilema. Si el libro es tan espeso, ¿por qué tanta gente cita de él? Creo que la respuesta es en el fondo más simple de lo que podemos pensar. Por un lado, la idea central del libro es fácil de entender, y la mayoría de expertos se limitan a repetirla como loros. Realmente no hace falta leer el libro para entender eso. Por otro lado, si todo el mundo dice que es un buen libro, será un buen libro. Ese fue, de hecho, el motivo que me llevó a mí a comenzarlo. Luego, el tipo de trabajo como creador de contenido me obligó a concluirlo.

Sin embargo, y a pesar de todo, para la mayoría de personas, no recomendaría este libro. Tanto es así, que espero que este resumen te haya sido útil para ahorrártelo. Por supuesto, si lo lees, tampoco te va a hacer daño. En todo caso, terminarás sabiendo un montón sobre cómo funciona ese super ordenador que llevamos puesto de serie.

*Por si te interesa el libro, lo tienes aquí con más opiniones y reseñas.

Sobre el autor

Jaír Amores
Mi nombre es Jaír y soy de la cosecha del 78. Estoy felizmente casado; tenemos dos preciosas hijas, y vivimos en Las Palmas de Gran Canaria, España. ¡Sí! ¡El paraíso! Desde muy chico, ya me atraía la efectividad. Disfrutaba haciéndome un horario, automatizando tareas. Y… no sé si a ti te ha ocurrido también: me daba cuenta de muchas cosas que podrían hacerse mejor. Me sigue pasando, por cierto. Estoy convencido de que la efectividad y la productividad personal son fundamentales, pero… sin olvidar las cosas importantes de la vida. Porque, ¿de qué serviría mejorar si no nos hace más felices?