Las 7 verdades capitales de la gente «peligrosa»

¿Te has topado alguna vez con alguien «peligroso»? Me refiero a esas personas que, en apariencia, son muy agradables, muy buena gente, pero que, a la larga pueden hacerte mucho daño emocional y de otros tipos.

En el campo del desarrollo personal es importantísimo identificar este tipo de personalidades, y también saber protegerte. Queremos buenos aliados, y al mismo tiempo, evitar a los saboteadores.

Este conocimiento es parte de lo que alguien que quiere llegar a «experto» debe desarrollar. En el libro «Maestría», de Robert Greene se dedican bastantes páginas a este tema. En particular, hay dos apartados que me parecen imprescindibles. Tanto es así que me pareció buena idea compartir estos puntos con mi mujer y mis hijas. Ahora, si me permites, lo comparto contigo, aunque por supuesto, te recomiendo leer el libro (haré una reseña en breve).

Cómo entender a la gente

Sin duda, conocer a otra persona es algo complicado. ¿Cómo entender a alguien?

El autor recomienda no fijarnos en nosotros mismos y en nuestro interior, sino en la otra persona. Su lenguaje corporal, su tono de voz, su mirada y no tanto sus palabras nos dirán mucho. También es bueno fijarnos en cómo trata esa persona a otros, en particular, a personas con autoridad.

El objetivo no es pensar en cómo nosotros vemos a los demás, sino intentar sentir como si fuéramos ellos.

Y aquí viene un punto brillante. Te lo cito.

La gente te dirá todo tipo de cosas sobre sus motivos e intenciones; está acostumbrada a encubrir las cosas con palabras. Sus actos, sin embargo, dicen más acerca de su carácter, de lo que sucede en la superficie.

Todos sabemos que los actos valen más que las palabras. Eso está claro. Lo que me parece interesante aquí es que la mayoría de las personas están «acostumbradas» a encubrir esos actos con palabras. Es decir, las palabras nos dirán justo lo contrario de la verdad.

Pero el autor nos explica que los actos también pueden engañarnos. De hecho, las conductas exageradas suelen esconder una realidad contraria. Es orgullosa porque es insegura; es demasiado amigable porque es ambiciosa; o bromea porque esconde malas intenciones.

Entonces… ¿qué puede ser una señal certera para conocer a alguien? Sobre todo fijarnos en cómo reacciona la persona a situaciones estresantes, pues es ahí cuando la máscara que usa en público cae.

En general, todo detalle de la persona nos dirá algo, y si nos fijamos con atención, nuestra mente formará un patrón.

Obviamente, este proceso requiere tiempo. No podemos fiarnos de la primera impresión, pues la mayoría de las personas han practicado mucho para dar cierta apariencia, que suele coincidir más con lo que a la persona le gustaría ser que con la realidad.

Así, en resumen, tres ideas para conocer a alguien de verdad:

  • No llevarnos por la primera impresión; dejar pasar tiempo.
  • Evaluar todos los detalles, hasta los más pequeños. Sobre todo, fijarnos en cómo se comporta bajo presión.
  • No pensar desde nuestra posición, sino desde la suya, como si fuéramos la otra persona.

Las 7 verdades capitales

El otro apartado del libro que me encantó es el de las 7 verdades capitales. El apartado anterior nos ayuda a conocer a alguien en particular. Este, a entender cómo funcionan la mayoría de las personas.

El autor explica que todos, normalmente, en menor medida, tenemos 7 cualidades destructivas:

  • Envidia
  • Conformismo
  • Rigidez
  • Autobsesión
  • Pereza
  • Inconstancia
  • Agresión pasiva

En la mayoría de los casos, no hay mayor problema, pues entendemos que esas cualidades son negativas, y las mantenemos bajo control. Pero esto no sucede en todos los casos, y las personas que desarrollan estas cualidades pueden ser muy peligrosas; un palo en una rueda.

Además, las personas que tienen estas características suelen ocultarlas, ya que entienden que no son aceptadas por los demás. Así, a lo largo de los años, se van haciendo más y más hábiles en esconder lo que son. Eso las hace todavía más peligrosas para nuestro desarrollo personal.

1. Envidia

Atacados de envidia, la única manera de desahogarla es buscar una forma de obstruir o sabotear a la persona que provocó esa emoción. Si emprenden esa acción, nunca dirán que es por envidia, sino que buscarán otro pretexto.

La envidia es difícil de reconocer. Un indicio es si alguien te elogia demasiado o es muy amable contigo, aún sin conocerte bien.

La mejor forma de prevenir la envidia es no fomentarla. Exhibe tus debilidades, que no parezca que eres perfecto. Busca el consejo de otros, aunque no lo necesites. No presumas demasiado de tus éxitos, y sobre todo, no hagas sentir a los demás tontos en tu presencia. La inteligencia es el más sensible detonador de la envidia.

2. Conformismo

Aunque los miembros del grupo podrían proclamar su tolerancia y celebración de las diferencias de la gente, la realidad es que las personas notoriamente distintas los hacen sentirse incómodos e inseguros.

Inevitablemente, los miembros de un grupo de personas tenderán a compartir los mismos valores. Además, en todo grupo habrá quien se proclama supervisor de lo apropiado. Estas personas son las más peligrosas.

Si eres diferente, o tienes otros valores, evita mostrarlo de forma abierta. Obviamente, nadie reconocerá que no te admite por su falta de miras. Lo más seguro es que busquen otras excusas.

¿Cómo evitar esto? Resérvate para tus amigos más confiables.

3. Rigidez

La gente sigue procedimientos sin saber por qué, simplemente a causa de que han dado resultado antes, y se vuelve muy defensiva si sus costumbres son puestas en duda.

La rigidez forma parte de los grupos más avanzados, incluyendo a la ciencia. Cada vez que hay una nueva idea, y a pesar de las pruebas, aquellos que están cómodos en su rigidez pelearán a muerte por quedarse como estaban.

La gente no va anunciando que son rígidos. Así que solo veremos esta peligrosa cualidad cuando presentamos algo nuevo. Por más lógica o pruebas que aportemos, solo conseguiremos violentar más a estas personas.

Es inútil combatir estas actitudes. La mejor estrategia es aceptar la rigidez de otros, y seguir a lo nuestro, según la autoridad y capacidades que tengamos.

4. Autobsesión

Aún si actuamos por el bien común, inconscientemente suele motivarnos el deseo de ser apreciados por los demás y ver favorecida nuestra imagen.

Aquellas personas que rodean sus actos de moralidad, o alardean de apoyar las causas correctas, suelen estar pensando en ellos mismos.

Por eso, cuando pedimos ayuda a alguna de estas personas, apelando a sus ideales, salta la sorpresa. En realidad, ayudarnos no les reporta beneficios, así que buscan alguna excusa para no hacerlo.

La solución está en ofrecer un intercambio.

En general, el autor propone hacer que las conversaciones giren en torno a los demás y a sus intereses.

5. Pereza

Desalentados por la idea de que lograr algo podría tardar meses o años, están en constante búsqueda de atajos.

Ser más efectivos no es malo. El problema es cuando, para ahorrarnos esfuerzos, le robamos ideas a los demás o les usamos para hacer el trabajo sucio.

Huye de las personas que te ofrecen una colaboración; en general, lo que quieren es que tú hagas el grueso del trabajo.

La mejor defensa es ser prudentes. Si te prestas a colaborar, que haya siempre una ganancia equitativa para todos.

6. Inconstancia

Nos gusta hacer alarde de que nuestras decisiones se basan en consideraciones racionales, pero lo cierto es que en nosotros mandan en gran medida nuestras emociones.

Las personas que te rodean suelen cambiar de opinión según sus deseos elementales.

Como se explicaba en el apartado anterior, es mejor fiarse de los actos y no de las palabras. En la mayoría de los casos, intentar deducir los sentimientos de los demás es una pérdida de tiempo.

No hay que tomarse muy en serio las promesas de la gente ni depender de su cumplimiento. Si se cumple, mejor. Si no, no pasa nada.

7. Agresión pasiva

Algunas personas buscan medios indirectos de salirse con la suya, volviendo sus ataques lo bastante sutiles para que sea difícil saber qué ocurre, lo cual les concede el control.

De todas las cualidades peligrosas, está es la peor. Según el autor, este tipo de personas pueden, literalmente, arruinarte la vida.

La mejor defensa es identificarles. El historial puede revelar problemas reiterados con otras personas. Fíjate también en cómo actual los que les rodean. Si parece que le tienen miedo, cuidado.

Si te hacen sentir culpable sin que sepas por qué, o actuan con malicia pero consiguen que todo parezca un accidente, huye como de la peste.

Me llamó la atención esta parte. Según el autor, estas personas se convierten en expertas en controlar esa dinámica, así que en la mayoría de los casos saldremos perdiendo. De ahí lo de huir.

Las piedras escondidas

El otro día estaba con la familia en la playa de Las Canteras, en Gran Canaria. Es una playa de arena espectacular.

Nos fijamos en que la marea bajó muchísimo, y que, en medio de la arena, había unas rocas que no se veían con la marea más alta. ¿Te imaginas ir corriendo hacia el agua y saltar de cabeza sin saber que esas piedras estaban ahí?

Desgraciadamente, este tipo de piedras son causa de muchos accidentes graves.

Lo mismo pasa con algunas personas. En apariencia, solo hay inocente agua. Pero escondida bajo la superficie, tienen la capacidad de hacer daño.

Para evitar esto, debemos procurar ir con cautela (no tirarnos corriendo de cabeza), y conocer bien a las personas (las playas y mareas).

El desarrollo personal es personal, claro. Pero otras personas pueden afectar, así que, mejor que sea para bien.