Si miras, pagas más

¿Has llevado el coche alguna vez a un mecánico? Un sobrino mío tiene un taller de chapa y pintura. Es una bella persona, de esas que caen bien a todo el mundo. A pesar de haberse llevado varios palos de la vida, tiene un sentido del humor buenísimo. Además, es un profesional en su trabajo, y el taller le va muy bien. El otro día me compartió un listado de precios, y rápidamente supe que de ahí iba a salir un artículo sobre efectividad. Aquí va la foto:

Obviamente, es un listado de precios en plan cómico. Pero no deja de tener razón. Durante años, me dediqué a instalar líneas de teléfono, antenas parabólicas, y otro tipo de servicios en los que vas a la casa de los clientes a hacer tu trabajo. Después de hacer algunas preguntas, te pones al lío. Lo cierto es que puedes observar todos los comportamientos que aparecen en la foto. Son muy muy típicos.

Este tipo de acciones molestan mucho a los profesionales. Pero, ¿qué se esconde detrás? ¿por qué son un palo en la rueda de la efectividad? Vayamos punto por punto.

«Por estar mirando»

Estar trabajando y que haya alguien observando lo que haces molesta muchísimo. Da igual que seas super profesional o que se trate de un examen en la universidad. Si eres tímido, como yo, esto es una carga añadida. Todo te empieza a salir mal; peor que nunca. No puedes hacer tu trabajo con enfoque.

Además, esa mirada constante te está lanzando un mensaje: «No confío en ti. Voy a ver qué haces y cómo lo haces. Mejor me quedo por si acaso». Este tipo de actitudes son propias de personas amantes del control. Sin duda, una forma de vivir muy poco efectiva.

La realidad es que, si un profesional va a realizar un trabajo para ti, lo más probable es que sepa más que tú. Así que, déjale hacer su trabajo. Dale confianza.

«Si miras y además opinas»

Pasamos a un nivel superior: mirar y opinar. Por supuesto, se puede dar el raro caso de que se nos de una opinión experta. También puede ser que la persona conozca cierto aspecto por estar más familiarizado con su entorno. Pero normalmente, el buen profesional se asegurará de hacer las preguntas pertinentes para obtener esa parte de información que sí necesita del cliente.

Opinar sin saber es subir todavía más la presión. Obliga al profesional a parar y comenzar a dar explicaciones. Claro, el que paga tiene derecho a preguntar. Pero hay una diferencia importante entre informar de una situación o hacer una consulta, a dar opiniones gratuitas, de poca calidad, y que no se nos han solicitado.

«Por ayudarme»

Contrario a lo que pueda parecer, cuando un no profesional quiere ayudar, lo que ocurre es que ralentiza todavía más la operación. Nuevamente, la iniciativa debe salir del experto. Él sabe cuándo el cliente puede ayudar y qué instrucciones le dará para que su colaboración sea efectiva.

Recuerdo a un fontanero ya retirado, que cuando le decían si podían ayudar, él respondía que sí, claro, que le trajeran un cortadito (un café con leche corto).

También hay un viejo truco para liberarte de un cliente pesado. Le pides cualquier cosa que todos tenemos en casa. Un poco de jabón, sal, da igual. Cuando vuelve con eso que le pedimos, le damos las gracias y le decimos que al final no hizo falta. El objetivo era quitártelo de encima un rato.

«Si has andado toqueteando»

En el caso de los llamados «manitas», esto suele ser bastante típico. Intentan arreglar algo, y cuando ven que no están capacitados, terminan recurriendo al profesional. Estas manipulaciones pueden confundir al experto, y complicar más las averías.

De todas formas, creo que este punto no es tan perjudicial. Lo peor es el siguiente, que amplía el efecto de forma exponencial.

«Si has tocado y no me lo dices»

Está claro que en todos sitios hay picaresca. Tengo un amigo que marca las piezas del coche que sabe que el mecánico debe cambiar, y después de recoger el coche del taller, revisa si efectivamente han hecho el cambio. En más de una ocasión, les ha pillado.

Pero en este punto hablamos de otro tipo de manipulación. Es lo mismo que el punto anterior. Creemos que podemos arreglar algo, no lo conseguimos, y recurrimos al profesional. Pero como nuestro ego está tocado, y seguimos creyendo que sabemos más que nadie, nos callamos para no quedar mal, y para mantener el control de la situación.

¡Qué gran error! El profesional tardará mucho más en encontrar el problema, porque algo no está en su sitio. Tendrá que salirse de los esquemas habituales hasta dar con lo que ha pasado. Sin duda, debería cobrar el doble. Una por su trabajo, y otra por hacer de detective.

«Si lo viste en internet y era facilísimo»

Y llegamos al punto final, al lema del cuñado espabilado. Ese que todos tenemos y que sabe de todo un poco (o al menos eso cree él). Te dirá frases como la de arriba, o parecidas, dando a entender que no era tan difícil. Pero entonces… ¿por qué recurriste al profesional?

Esa frase final es la unión de todo lo anterior. (Yo controlo; yo sé más que tú; no vales nada; tu trabajo no debería costar tanto). Un profesional juntará los dientes y tragará saliva para no decir lo que de verdad piensa.

Efectividad es pedir ayuda para mejorar

En este punto me gustaría pararme. En cuestión de productividad personal, tampoco vale con ver truquitos en internet. Puede parecer fácil, pero no lo es. Que un profesional te guíe paso a paso para que aumentes tu productividad no se puede comparar al material gratis que hay en internet. Créeme, estás perdiendo tu tiempo. Por varios motivos:

  • Hay tanta información basura, que encontrar calidad cuesta tiempo y esfuerzo.
  • No todo lo que está en internet sirve para todas las personas. Probar técnicas y aplicaciones te hará perder tiempo, y rara vez te quedarás satisfecho. Además, en muchos casos, los cursos y tutoriales tienen un objetivo meramente económico. Es lo que llamamos «vendehumos».
  • Los expertos en productividad llevan años leyendo libros, haciendo pruebas, formando a personas y equipos de trabajo. Si tú tuvieses todo ese conocimiento, serías un experto en productividad. Y aún así, si quisieras mejorar, tendrías que asociarte y consultar a otros expertos.
  • Puede parecer que reparar un coche es más importante que reparar tu productividad. Claro, es algo que se ve, se toca, se conduce. Pero hoy en día, mejorar tu productividad es lo que hará que puedas tener un coche, entre otras cosas.

Además, a veces no es cuestión de capacitación, sino de pura efectividad. Recuerdo uno de los primeros podcasts que escuché. El autor tenía una empresa de informática. Él contaba que tenía una persona que le limpiaba la casa. Podría parecer poco efectivo, pero era al revés. Esa persona era una profesional de la limpieza. Sabía limpiar más rápido que él, y mejor. Mientras esa persona limpiaba su casa por 10€ la hora, él se dedicaba a la informática y ganaba 40€ la hora. Así que cada vez que le limpiaban la casa, ganaba dinero.

Eso es efectividad. Se trata de delegar tareas que no sabemos hacer, o que nos quitarían tiempo. Hablamos del coste de oportunidad. Por eso no vale el argumento de «que era facilísimo».

Sea lo que sea en lo que trabajes, seguro que este listado de precios te suena familiar. Que nos sirva de recordatorio a todos para respetar un poco más a los profesionales que se esfuerzan por hacer bien su trabajo, y que muchas veces, nos salvan la vida. Y mientras, sigamos mejorando nuestra efectividad personal, ya sea delegando servicios, o buscando ayuda para ser más productivos.