Qué hacer para no fastidiar la inspiración

Era un escritor en potencia, aunque no siempre encontraba a las musas. Aquel día, por alguna extraña razón, todo fluía. En alguna parte de su memoria, algo le decía que tenía citas pendientes, pero estaba tan absorto que solo podía seguir llenando líneas, una tras otra, a cuál más brillante. De pronto, toda esa inspiración se esfumó en un instante.

La mala organización te impide la inspiración

Esta situación es interesante. Una de las claves de la organización es saber cuáles son las siguientes tareas y citas que tienes que atender. Si tienes un sistema fiable, podrás liberarte en gran medida. Pero si sueles tirar de memoria, tu cerebro dedicará recursos a intentar recordar los pendientes. Esto te impedirá estar 100% concentrado.

El caso es que, si por un casual estás en modo “flow”, como el escritor del inicio, podrías pasarte horas absorto sin darte cuenta. Esto tiene un riesgo: podrías olvidarte de una cita o tarea importante. También podría sonarte un recordatorio de algo poco importante y la inspiración se iría al garete.

Esta fue la cuestión que Alex, un usuario del método C.A.R., me planteó, y que me pareció súper interesante. ¿Qué se puede hacer entonces, para no cortar el ritmo de trabajo y molestar a las musas y a la vez no perder una tarea o cita importante?

Cómo conseguir que no te corten la inspiración

Te cuento lo que yo hago, por si te es útil.

Cuando noto que estoy entrando en ese estado de inspiración, antes de que esté metido del todo, hago una revisión rápida de mi calendario. Al usar el método C.A.R., todo lo que debería ver está en un mismo sitio, y tardo tan solo unos segundos en visualizarlo. Lo que busco es una decisión rápida: ¿cuánto tiempo tengo hasta la próxima tarea vital, que no puedo postergar?

Con frecuencia, puedo descartar el resto de tareas sin peligro, y concentrarme, ahora sí, en aprovechar la inspiración sin que una parte de mi cerebro me genere inquietud. En el próximo análisis veré qué hago con esas tareas que no pude realizar.

En otras ocasiones, hay bloques de tiempo que no debería aplazar. Entonces, me pongo una cuenta atrás con el móvil, aprovecho para activar el modo avión (si no lo había hecho ya) y me concentro en la tarea en curso hasta que me suene el cronómetro.

Creo que este vistazo rápido no rompe el flujo de trabajo, y al mismo tiempo te protege de un posible desastre.

Por otro lado, con el tiempo, uno aprende a elegir los momentos de inspiración. Por ejemplo, si escribes todos los días, a la misma hora, es muy posible que tu cerebro se acostumbre a ese estado, y que, en bastantes ocasiones entres en modo enfoque con facilidad.

Otra idea interesante es aprovechar los cronotipos para potenciar los momentos de inspiración.

Así mismo, es importante programar bloques de tiempo amplios para tareas en las que podríamos conseguir un enfoque productivo. Y todavía mejor si los bloques posteriores a esa tarea de alto impacto son bloques de poca importancia. Y ya sería fantástico, si además, tenemos la buena costumbre de dejar huecos libres cada día.

Por cierto, ¿y qué pasó con el escritor del inicio? Pues era un gran escritor, pero como no sabía organizarse, falló, por enésima vez, a su cita con el editor. El libro era bueno, y su organización era pésima. Al final, las musas y su editor le abandonaron, y tardaron mucho tiempo en volver. Por suerte, entre medias, leyó este artículo y aprendió qué hacer cuando le viniese de nuevo la inspiración.