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Por qué preferimos el gimnasio a una mudanza

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El ser humano es un bicho raro. Odiamos marearnos en un barco, pero verás un montón de gente subiendo al típico barco pirata de un parque de atracciones por puro gusto, y pagando lo que haga falta. Tampoco verás gente haciendo fila para ayudar en una mudanza; sin embargo, hay miles de personas apuntadas en gimnasios para, principalmente, levantar peso.

Estas son tan solo algunas paradojas al nivel de la de que Pinocho diga que su nariz va a crecer ahora.

Pero pongámonos serios, por favor. Detrás de estos aparentes absurdos, hay un punto importante que nos va a ayudar a realizar tareas aparentemente desagradables.

El mareo y el barco pirata

Uno de los mayores regalos que hemos recibido es nuestra capacidad de decisión. El mareo de un barco de transporte al de un barco pirata pueden ser parecidos, pero la diferencia fundamental es que en el segundo caso, somos nosotros los que lo hemos decidido. Además, el factor tiempo es importante. No solo decides si montarte o no en el barco pirata, sino que además decides cuándo y cuántas veces repetirás.

Espera que todavía hay más. La duración de un barco de pasajeros es superior a la de un viaje en barco pirata. Tener que viajar en barco si sufres mareos es muy desagradable porque normalmente, la duración es larga, y obviamente, no te puedes bajar. La del barco pirata es tan corta que casi no te da tiempo a arrepentirte.

Por otro lado, en un barco de pasajeros, tu control sobre lo que ocurre es mínimo. Es otro el que lleva el timón. El viento y el oleaje harán lo que les apetezca, y desde tu asiento, verás lo que puedas. En un barco pirata la cosa cambia. Tienes visibilidad total. Y aunque hay alguien que aprieta el botón, sabes que el barco va a hacer exactamente los mismos movimientos que ha hecho durante los últimos 2.000 años.

El gimnasio y la mudanza

Creo que se ve la idea. Vamos con el gimnasio.

En una mudanza, normalmente hay un horario. Y lo más normal es que no te venga bien nun-ca. Tampoco estás de acuerdo con que tu amigo haya decidido guardar los tornillos perdidos de sus muebles de IKEA en vez de aprovechar para haber hecho limpieza. Te desagrada la escalera, el ascensor, los metros cuadrados de las habitaciones de la nueva casa, el color de las paredes, y en general, cualquier otro detalle que no hayas elegido tú.

Por contra, el gimnasio. Oooh! Qué maravilla! Eliges cuándo ir, y pasas con tu tarjeta VIP. Tienes todo tipo de “servicios” para elegir. Y aunque están sudando y aparentemente cansados, tienes un montón de compañeros y compañeras deseando levantar cargas. Los amables dueños del gimnasio se han preocupado incluso por que tengas espejos por todos sitios para que puedas verte bien. ¡Qué fuerte te estás poniendo!

Con dos ejemplos basta. Dejaremos la nariz de Pinocho para otro día.

Somos felices si decidimos nosotros

La clave es sencilla. Si decidimos nosotros, somos felices. Cuantos más factores controlemos, mejor. Y cuantas más opciones nos den, más creeremos que somos nosotros los que mandamos. Y si a todo esto le añades público, el cóctel está servido. Preferirás el barco pirata y el gimnasio sin dudar.

Ahora, ¿estás seguro? ¿estás segura? ¿eres tú quien mandas? ¿quién dice que una mudanza en la que ayudas a un amigo es peor que un gimnasio? ¿quién te dijo que debes tener ese cuerpo? ¿por qué es mejor un barco pirata a un barco en el que viajas para ver a tu familia? ¿preferirías ir nadando?

En realidad, creo que el mundo construye ilusiones escénicas constantemente. A nuestro alrededor, el mundo del entretenimiento y del marketing nos convence de qué es lo correcto y qué no lo es.

No digo que montarse en el barco pirata esté mal, ni tampoco ir al gimnasio. La cuestión es la motivación y la capacidad de decisión. ¿Por qué haces lo que haces? Si visualizas el objetivo, el para qué, puedes sentirte bien con lo que haces. Ver los motivos también te permite decidir conscientemente.

Por supuesto, probablemente nos gusten más unas cosas que otras. Pero también es evidente que podemos hacer mucho por disfrutar del camino, aunque este no sea el estándar. Ayudar en una mudanza a un buen amigo puede ser un objetivo muy noble. Y si tenemos por costumbre ir al gimnasio, será una buena oportunidad para saber si tanto músculo servía para algo útil. Lo mismo con el barco pirata. Si te lo planteas bien, puede ser un entrenamiento para el barco grande.

La idea es sencilla. Piensa, decide, elige… y disfruta del camino.


*Imagen de cabecera: Jude Poole en Pixabay

Sobre el autor de esta entrada

Jaír Amores
Mi nombre es Jaír y soy de la cosecha del 78. Estoy felizmente casado; tenemos dos preciosas hijas, y vivimos en Las Palmas de Gran Canaria, España. ¡Sí! ¡El paraíso! Desde muy chico, ya me atraía la efectividad. Disfrutaba haciéndome un horario, automatizando tareas. Y… no sé si a ti te ha ocurrido también: me daba cuenta de muchas cosas que podrían hacerse mejor. Me sigue pasando, por cierto. Estoy convencido de que la efectividad y la productividad personal son fundamentales, pero… sin olvidar las cosas importantes de la vida. Porque, ¿de qué serviría mejorar si no nos hace más felices?