Por qué permitir una vía de escape y cuándo hacerlo

Tengo un amigo que, casualidades de la vida, es amigo de un tío mío. Mi tío es una persona muy inteligente, pero poco he podido absorber de él porque la cantidad de tiempo que hemos pasado juntos ha sido más bien poca. Un día, mi amigo me explicó una idea que aprendió de mi tío, y que me pareció brillante. La frase era algo así como que siempre hay que dejar una vía de escape a tu enemigo. El contexto de la frase era sobre las relaciones personales. Cuando vayas a llamar la atención a alguien, o estés en una discusión que tienes totalmente ganada, no humilles a la otra persona dejándola sin salida. En vez de eso, déjale una escapatoria.

Más aún. Dale tú esa escapatoria. Por ejemplo, podrías decir algo así como “seguro que no te diste cuenta; igual no viste el mensaje; quizá puedas hacer esto o aquello”. Enseña la puerta por donde todavía puede salir.

Investigando un poco, encontré que la idea no era originalmente de mi tío. El libro “el arte de la guerra”, de Sun Tzu, aparece la siguiente frase:

No entorpezcas la retirada de un enemigo que regresa a su tierra, siempre deja libre una vía de escape. Aunque lo tengas rodeado, no presiones al enemigo desesperado.

Sun Tzu

También hay otra frase, del mismo libro, que va en la misma línea:

No presiones a un enemigo desesperado. Un animal agotado seguirá luchando, pues esa es la ley de la naturaleza.

Sun Tzu

Pero, ¿es realmente acertado este consejo? ¿Conviene aplicarlo siempre? Vamos a hablar de eso.

Por qué hay que dejar una vía de escape

Hay otra cita del mismo libro que dice así:

Sitúa a tus tropas en un punto que no tenga
salida, de manera que tengan que morir antes de poder escapar.
Porque, ¿ante la posibilidad de la muerte, qué no
estarán dispuestas a hacer? Los guerreros dan entonces lo
mejor de sus fuerzas. Cuando se hallan ante un grave peligro,
pierden el miedo. Cuando no hay ningún sitio a donde ir,
permanecen firmes; cuando están totalmente implicados en
un terreno, se aferran a él. Si no tienen otra
opción, lucharán hasta el final.

El punto está claro. Una fiera herida, que no puede escapar, seguirá luchando. Hará lo posible por sobrevivir, porque no le queda más remedio. Por eso, hay que darle una salida. Ante la tesitura de seguir luchando herida y huir, la opción será clara.

Esto me recordó a una especie de tiburón que habita aguas canarias. Es el angelote. Es más parecido a una raya que a un tiburón típico. Se le suele ver en fondos arenosos, posado tranquilamente. Es raro que se le ataque, y por eso, hace las delicias de los submarinistas. Ahora, hay una regla de oro. El grupo no puede rodear al animal en ningún caso. Los pocos ataques que se han registrado han sido por culpa de este error fatal. Al verse rodeado, su reacción es salir a escape… mordiendo algo por el camino.

Creo que no hace falta explicar mucho este punto. Sin embargo, me parece que el consejo debe ser limitado a situaciones específicas. De hecho, diría que hay 2 requisitos previos para aplicar la técnica.

1. ¿Es un enemigo?

El primer requisito es que estemos tratando con alguien beligerante. Lo hemos ilustrado con una fiera, con un tiburón con dientes poco amables. En definitiva, es un enemigo, alguien que, si no lo derrotamos, nos puede hacer mucho daño.

No me parece que este tipo de técnicas deban ser usadas con amigos, con compañeros, con la familia. A veces observo personas que se comportan de forma muy agresiva para exigir sus derechos. Se “calientan” muy rápido, y después tienen que pedir perdón. Sus ganancias en la vida son por miedo, no por merecimiento ni por cariño. Incluso conozco algún que otro personaje que primero ataca, y después ve qué pasa. No sé tú, pero no podría vivir con esa tensión.

Cuando estamos relacionándonos con amigos o todavía no podemos considerarlos enemigos, se trata simplemente de dialogar. No es una guerra ni nada parecido. Cada cual opina, expone, y ganamos todos.

2. Que la “fiera” esté herida

El segundo requisito es que “la fiera” esté herida. Este punto es muy importante. Quiere decir que ofrecemos una salida en el momento oportuno. No desde el principio. Primero hay una pelea, y solo cuando tenemos superioridad, o la otra parte lo cree así, permitimos una vía de escape.

Piénsalo. ¿Por qué iba tu enemigo a aprovechar una salida si en vez de eso puede derrotarte?

Esto ocurre con algunas personas que van de buenas por la vida. Tan buenas que al final terminan siendo tontas. Si nos hemos metido en una pelea porque lo hemos decidido así, no es cuestión de ir pidiendo perdón al mismo tiempo.

Reconozco que, sobre todo en el pasado, fallaba en este punto. Era demasiado amable, y otros se aprovechaban. La idea no es machacar al contrario o destruirle. Pero sí necesitamos estar en superioridad antes de ofrecer una salida.

Te pongo un ejemplo. Hace poco, en un establecimiento hotelero, tuvimos algunos problemas con la habitación. Pedí un cambio de habitación, y lo aceptaron. Hasta ahí, bien. El problema surgió al realizar el cambio. Nos marearon de mala manera, como si estuviéramos pidiendo un favor. No lo suelo hacer, pero tocó ponerse serios. Les expliqué que, dadas las circunstancias, eran ellos los que tenían que haber ofrecido un cambio, y por las molestias, alguna compensación. En vez de eso, lo habíamos tenido que pedir nosotros, y encima nos estaban dando problemas, importunándonos y robándonos tiempo y paz.

Nosotros vamos a disfrutar y a descansar, no a coger estrés. Así que a la salida, iba a poner una reclamación a consumo, una denuncia a sanidad, y una queja al consorcio de turismo. Les di unos días para pensar cómo iban a compensarnos.

¿Qué crees que pasó? Usaron la vía de escape. Nos compensaron con un desayuno para 4 personas, una botella de vino, una bandeja de frutas, y nos extendieron la salida el último día.

Hubiese preferido no tener que cambiar de habitación ni tener que protestar, pero al final, no salió tan mal.

Ahora, ¿qué hubiera pasado si, al final de la estancia, hubiera amenazado con denunciar y con reclamar? Quizá se hubieran puesto a la defensiva. Poco podían arreglar ya.

Estrategia efectiva

De igual modo, tampoco es demasiado efectivo seguir atacando sin piedad y sin dejar escapatoria. Quizá puedas ganar la batalla, pero seguramente saldrás herido y gastarás muchas energías.

Así, de todas las opciones, en cualquier batalla, dejar una vía de escape es la más efectiva (logramos el objetivo, y gastamos pocos recursos).

Esta estrategia se puede aplicar en muchas áreas: en una discusión, en una pelea, en una negociación hostil, al reclamar…

Eso sí, para poder aplicar esta estrategia, hay que pensar qué salida vamos a ofrecer. Es necesario tener la calma suficiente como para abstraerse del fragor de la batalla y usar la cabeza.

Al menos, conocer la idea, nos permitirá recurrir a ella cuando sea necesaria.


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