Por qué no logras grandes cosas

¿Te gustaría lograr grandes cosas? Sí, sé que lo de «grandes cosas» es un poco genérico, pero creo que se entiende. ¡Claro que a todos nos encantaría llevar a cabo logros que nos hagan sentir orgullosos! Por desgracia, en el mundo actual, hay algo que nos va a fastidiar.

Hace un tiempo me topé con una frase que, por supuesto, capturé siguiendo el método C.A.R. y posteriormente guardé en mi archivo personal de ideas. La frase dice así: «No lograrás hacer grandes cosas si constantemente te interrumpen pequeñas cosas».

Por qué las interrupciones matan el progreso

¿De verdad crees que puedes hacer varias cosas a la vez? ¿Que vas a ser capaz de encontrar la solución a los grandes problemas mientras ves Netflix? ¿Que puedes operar a corazón abierto mientras te vibra el reloj porque tu cuñado a puesto un meme en el grupo de Whatsapp de la familia? ¿Que vas a encontrar la clave para progresar en tu profesión sin dedicar ni un minuto a pensar en serio?

Visto así, seguramente concordarás conmigo en que pensar así es una locura. Sin embargo, la gran mayoría de personas viven con interrupciones constantes, sin siquiera un rato de concentración que les permita un razonamiento mínimamente profundo.

El cerebro trabaja por “bloques” de atención. Cuando te sumerges en una tarea, vas calentando circuitos como un motor que alcanza temperatura óptima. A eso se le llama estado de flujo. Cambiar de actividad interrumpe ese calentamiento y te obliga a arrancar de cero. Es como si cada vez que estuvieras construyendo una torre de LEGO, alguien te pidiera que parases un momento para mover una silla; vuelves y… ¿por qué narices estaba usando una pieza roja aquí?

Además, cada interrupción tiene un coste oculto: lo que se llama “tiempo de reorientación”. Volver al punto exacto donde estabas puede llevar entre 30 segundos y varios minutos. Parece poca cosa, pero si sumas muchas pequeñas interrupciones, se convierten en fugas de productividad del tamaño de un colador.

Un detalle curioso: en estudios de laboratorio, los sujetos que trabajaban con interrupciones frecuentes cometieron hasta el doble de errores y tardaron un 27% más, aunque juraban que “no era para tanto”. El cerebro, pobrecito, es optimista por naturaleza.

Las interrupciones no son inocentes. Son pequeñas emboscadas cognitivas que te arrebatan inercia, foco y precisión.

Por qué (casi) todo el mundo acepta que le interrumpan

Hay un pequeño teatro psicológico detrás de cada ding del móvil. Las notificaciones tocan varios botones internos muy básicos.

Primero está la dopamina: cada aviso promete, aunque sea por un instante, que trae algo relevante, divertido o gratificante. Igual que un pescador revisa el anzuelo “por si ha picado algo”, el cerebro revisa el móvil “por si hay novedad”. Cada notificación promete “alguien piensa en ti”, aunque termine siendo la última factura del agua. Esa sensación de conexión inmediata es un imán poderoso.

También influye la ilusión de control. Muchos creen que necesitan estar “al tanto de todo”, como si apagar notificaciones fuera semejante a apagar el radar del avión.

Y finalmente está la fricción. Configurar bien un móvil lleva su tiempo. Mucha gente deja las notificaciones por defecto porque es más fácil adaptarse al ruido que invertir diez minutos en diseñar silencio.

Cómo vivir sin notificaciones

En realidad, es totalmente entendible que la gran mayoría de personas acepte que le interrumpan todo el tiempo. Es más, muchos están tan encantados, que, no contentos con que el móvil suene y vibre, añaden las notificaciones del reloj.

Sin embargo, es perfectamente posible eliminar las notificaciones. Con orgullo puedo decir que llevo años sobreviviendo sin que el móvil me moleste. Te explico cómo:

  • Decide cuándo vas a revisar. La clave principal para recuperar la sensación de control, de que no te estás perdiendo nada, consiste en configurar un bloque de revisión de bandejas de entrada, las veces que sea necesario, para ver qué te ha entrado. Además, definir qué vas a hacer con cada mensaje recibido te permitirá tener todo perfectamente gestionado. El miedo a quedarte fuera desaparecerá.
  • Decide qué notificaciones vas a permitir. Sería irrealista eliminar toda notificación del móvil. Al final, necesitamos comunicarnos con los demás para poder progresar. Tu solo no vas a llegar lejos. En mi caso, solo tengo activados los tonos de llamada. Además, de 22 a 7 se activa el modo no molestar, que tengo configurado para que, si me llaman 2 veces seguidas en menos de 15 minutos, la segunda llamada suene.
  • Comunica tu modo de trabajo. Otra manera de tener control sin necesidad de activar las notificaciones es explicar a otros cómo te pueden localizar en caso de que realmente lo necesiten. Por ejemplo, mi familia y amigos íntimos saben que por la noche, si me requieren urgentemente, deben hacer dos llamadas seguidas. Otras personas cercanas, como mis compañeros de trabajo, saben que no veo los Whatsapp ni los correos inmediatamente, así que, o bien esperan con la seguridad de que responderé, o bien me llaman por tlf. De todas formas, con el tiempo, la gente que convive alrededor aprende intuitivamente cómo te comunicas.
  • Establece momentos de alta concentración. Ten la costumbre de activar el modo avión cuando necesites foco. En muchos móviles, puedes dejar el Wifi activado estando en el modo avión, si es que es imprescindible acceder a datos. Activar el modo no molestar y el modo avión deben ser automatismos en tus rutinas diarias.

Por supuesto, para que todo esto funcione, debes asegurar varios puntos:

  • Debes gestionar todas las notificaciones que te lleguen, en el momento que hayas decidido. Para eso, necesitas un sistema para capturar, analizar y atender todos los inputs que te lleguen. Si dejas sin responder llamadas perdidas, mensajes de Whatsapp, borras correos sin querer, tener las notificaciones desactivadas solo aumentará las razones para criticar tu incapacidad.
  • Debes dedicar un tiempo a configurar tus dispositivos. Las cosas no van a funcionar en modo ideal por casualidad. Invertir un rato a configurar a tu gusto las notificaciones te dará un montón de alegrías a largo plazo.

Todos estos puntos se pueden lograr perfectamente si sigues el método de organización C.A.R. Personalmente, creo que trabajar sin interrupciones la mayor parte del tiempo me permite lograr mucho más, en menos tiempo, sin que suponga un coste extra en forma de estrés o cansancio.

En resumen:

Disfrutar de trabajo profundo sin que te interrumpan constantemente las notificaciones te da una ventaja competitiva enorme. Y saber que todos esos mensajes serán atendidos de forma sistemática cuando TÚ lo has decidido te da una sensación de control difícil de superar. Serás la envidia de los demás, cuando vean que atiendes todo, teniendo las notificaciones desactivadas. Por supuesto, tendrás que pasar un periodo de adaptación, en el que te pondrá nervioso que pase un rato y no te llegue nada. Ten paciencia. Te aseguro que merece la pena.

2 comentarios en «Por qué no logras grandes cosas»

  1. Desde que conocí el método CAR mi correo y mi celular trabajan para mí y no al revés.
    Pero «ojito», hay que estar alerta porque si nos descuidamos se vuelve a llenar la bandeja.

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    • Efectivamente Yendria, buena observación. Un gusto saludarte. Como cualquier sistema de organización, para que funcione hace falta constancia. En mi caso, en alguna ocasión he pasado una semana sin tocar el método, por vacaciones, y a la vuelta, con dedicar un tiempo extra el primer día de revisión me vale para ponerme al día. El problema que veo más difícil de solucionar es cuando empezamos a fallar en las revisiones en el día a día. Ahí sí que corremos el riesgo de que nos acostumbremos a no hacerlo, perdamos la rutina y terminemos colapsando y tirando la toalla.

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