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¿Por qué la gente aplicada siempre tiene mucho que hacer?

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Lejos de funcionar como una balanza, el tema del reparto de tareas es más bien como una catapulta. Parece que hay personas que no tienen nada que hacer, mientras que otras nunca paran. ¿De qué grupo eres? Si estás leyendo esto, probablemente del segundo. La cuestión es: ¿por qué la gente trabajadora siempre tiene tantas tareas que hacer? En realidad, si son trabajadores, debería haber algún punto en el que terminen todo lo que tenían pendiente. Pero no. Las tareas se multiplican como hongos. ¿Hay alguna explicación a este fenómeno?

Hace unos días, consulté a la comunidad en el canal de Telegram, y recibí algunas respuestas interesantes. Te las comparto.

Algunas razones por las que la gente aplicada siempre tiene mucho que hacer

Irene, por ejemplo, dijo: “Yo creo que porque se está continuamente retando. Tienen una motivación de logro intrínseca en la que se sienten bien por el simple hecho de mejorar continuamente. Es cierta la frase esa de si quieres que algo se haga encárgalo a una persona ocupada.”

Sin duda, esta explicación encajará con un grupo importante de personas. Son aquellas a las que les gusta estar activas. Esa motivación intrínseca, como explica Irene, les hace sentirse bien. Y es por eso que ellas mismas piden más y más trabajo. No veo nada malo aquí, siempre y cuando sepan disfrutar de la vida y atender las cosas importantes, como la familia o la salud.

Loida, dijo lo siguiente: “No creo que la gente aplicada tenga más tareas que hacer, sino que es más consciente de que las tiene y organiza su vida para completarlas. Quien no es aplicado suele procrastinarlas y a menudo no sabe ni qué tareas tiene pendientes.”

Me parece un comentario brillante. Explica algo interesante: la cantidad de tareas es similar para todo el mundo. En realidad, esto es totalmente así. Si lo piensas, puedes inventarte todas las tareas que quieras, hasta el infinito y más allá. Siempre hay algo que hacer. Lo que ocurre es que hay personas que asumen el compromiso y las toman como suyas, y otras personas que esconden la cabeza como los avestruces hasta que pase el peligro.

Beyourself respondió a Loida, y añadió algo más de valor: “Es verdad, las personas aplicadas son más conscientes de sus tareas. Aún así, hay una ligera diferencia en el número de tareas “importantes” que tienen que hacer una persona aplicada y una no-aplicada, por así decirlo. Las personas aplicadas se centran más en hacer sus tareas mientras que las no-aplicadas se decantan más por las actividades de ocio.”

Así que no solo se trata de cantidad de tareas que una persona decide asumir, sino del tipo. Coincido.

Virginia dijo: “Porque, aparte de aplicadas somos muy autoexigentes y vivimos en la responsabilidad y el sobreesfuerzo… Ponemos nuestro valor en las cosas que conseguimos… y nos cuesta disfrutar del no hacer NADA porque nos aleja del merecimiento y, por tanto, nos toca nuestro mayor miedo: no ser queridas”.

Entramos en temas psicológicos. Virginia va directamente a la raíz del problema. La persona muy ocupada pone el valor, no en sus capacidades, sino en sus acciones. A más tareas hechas, más valiosa cree ser. A menos tareas, menos querida es la persona. Nunca me había planteado el tema así. Creo que merece la pena pensarlo, porque si este es nuestro caso, definitivamente no es la mejor razón para estar ocupados. La valía de una persona depende de muchos otros factores. Y en efectividad personal ya sabemos que lo de mejor poco bien hecho, que mucho, pero malo.

Universo sorprendente da en el clavo de la solución al decir: “La persona aplicada en exceso muchas veces se vuelve muy exigente con ella y con los demás y termina de perder la felicidad de hacer trabajo satisfactorio. Hay que ser equilibrado.”

En la misma linea, Davinia dijo: “Hoy justo leí esta frase en otro canal: “No siempre necesitas llenar el tiempo entre tareas con otra cosa. Sentarse y no hacer nada por un tiempo puede hacer maravillas para su salud mental”. La persona aplicada es tan responsable que le cuesta hacer esto, porque piensa que así estaría perdiendo el tiempo, pero a veces el tiempo hay que “perderlo” en uno mismo disfrutando de la vida. Lo importante es el equilibrio.”

Efectivamente, el equilibrio es la clave. No hacer nada también es hacer algo, y en ocasiones puede ser la mejor opción.

DD añadió una pequeña nota: “Además, a las personas aplicadas los demás suelen ponerles más tareas y exigirle más. Acá tenemos un dicho: “la naranja que más jugo da, siempre es la que más se exprime””.

Interesante dicho. Vale. Vamos sumando factores y llegamos a otra conclusión. Ya no es solo la propia persona la que asume tener mucho trabajo, sino que otras personas ven la naranja y van corriendo a exprimirla. He vivido esto, y creo que muchos más también.

Ronal Gómez comentó: “Tendrá mucho que ver el lograr metas, cumplir sus proyectos, sueños…eso ayuda y catapulta hacia esa vía.”

Sí. Aunque hay personas con muchos sueños y pocas acciones, también hay otras que se esfuerzan mucho por lograr sus metas. Como resultado, siempre están liados. El punto aquí es que no podemos ponernos demasiadas metas, porque perderemos el enfoque, y al final no lograremos ninguna. Así, menos metas, menos tareas.

Rosa R dijo: “Creo que hay varios factores usualmente viene de crianza, de familia. Nos exigimos mucho y somos disciplinados pero hay que aprender a “sacrificarse” menos y sin dejar de ser aplicados.”

Toda la razón Rosa. Evidentemente, el factor genético, la crianza, las circunstancias de vida… todo eso afecta a nuestra personalidad, y por supuesto, a nuestra relación con las tareas. ¿Has notado que hay personas que sencillamente no pueden dejar de ser tan responsables, mientras que otras tienen una facilidad tremenda para escurrir el bulto? Lo que comenta Rosa puede ser una explicación.

Juan Carlos Polanco comentó: “Nunca dejan nada para después, se siente en la obligación de lograr y cumplir la tarea.” Y Celis Guevara dijo también: “Creo que nos aplicamos tanto (presos del perfeccionismo) que no sabemos o queremos delegar…”.

Ambos comentarios atacan a dos puntos clave: el perfeccionismo y una de sus consecuencias: no delegar. Hemos hablado sobre esos temas, así que no me voy a enrollar. Solo añadir que hay que luchar contra estas dos tendencias. Un perfeccionista imperfecto nunca será feliz. Y para progresar, hay que saber delegar.

Guaje Washer dijo también: “Hola Jaír. Yo creo que está el factor minimalismo. Mucha gente “aplicada” no es minimalista. Se creen que más es mejor, mientras que quien simpifica su vida se da cuenta de que menos es mejor, y tiene más tiempo para centrarse en “las cosas importantes de la vida”. Para esto es muy útil usar la matriz de Eisenhower de manera fulminante, descartando lo que no aporta valor.”

Al igual que Juan Carlos y Celis, Guaje aporta ideas para dar solución al problema. El minimalismo me parece muy útil porque, al reducir la cantidad de objetos, se reducen la cantidad de cosas a hacer. Sobre todo, cosas vanales. Usar la matriz de Eisenhower de manera “fulminante” también es muy buena idea, sobre todo cuando estamos sobrecargados.

Carol Vida comentó: “Hola Buenas Tardes. Aplicada en concepto: “Que pone esfuerzo, interés y constancia en la realización de un trabajo o en el desarrollo de una actividad, en especial en el estudio.” Un trabajador aplicado. Desde mi Percepción lo visualizo más como Comprometido. Ese compromiso que nace por tener un logro , por ser reconocido y por lograr el tan conocido éxito y no profundizo en que tipo de éxito… Desde mi percepción me considero una persona aplicada, no por un promedio de una materia, sino por el compromiso que tengo conmigo misma para lograr mis metas, mis propósitos y vivir la vida que quiero y he elegido…”

Metodio dio otro “toque” a la definición anterior: “Entendiendo “aplicada” como aquella persona que se “aplica” a realizar una actividad con dedicación, atención y compromiso, entonces  pienso que si, que una persona aplicada puede atender a varias tareas (no al mismo tiempo, por supuesto). En ese caso, pienso que sería más conveniente el termino “responsable” para una persona así. Claro está que, no toda persona que tiene muchas tareas, es una persona aplicada…”

Me parece muy interesantes las definiciones que hicieron de la palabra “aplicado”, y creo que era necesario tocar este punto. En realidad, no tiene nada de malo el que alguien sea muy aplicado, o como dice Metodio, responsable. Dependiendo del sector en el que nos movamos, puede que se idolatre a la persona ocupada o que se le critique por idiota. Pero la clave es la motivación. No es lo mismo empeñarse en trabajar mucho por ser cabezota o por ser perfeccionista, que trabajar mucho para lograr algo que deseamos y que tenemos claro.

Resumiendo

Como habrás podido notar, el nivel de la comunidad es altísimo. No he descartado ni un solo mensaje (al momento de la publicación de este artículo), y todos aportaban algo importante a la conversación. Muchas gracias a todos.

La pregunta era por qué la gente aplicada siempre tiene mucho que hacer. Resumiendo, estos son los puntos clave:

  • La cantidad de tareas es infinita, así que la clave está en la persona y lo que decide hacer.
  • Genética, crianza, circunstancias pueden hacer que alguien sea más responsable que otros. También hay una motivación intrínseca para lograr objetivos. También hay quien se quiere aprovechar de las personas aplicadas y exprimir la naranja.
  • Aunque no hay nada de malo en ser alguien responsable o aplicado, un peligro es hacer para sentirse una persona útil o querida. Otro es el perfeccionismo y la consecuencia de no saber delegar.
  • La solución está en el equilibrio. No podemos tener metas y deseos infinitos. El minimalismo o técnicas como el cuadrante de Eisenhower pueden ayudar.

Por supuesto, podemos profundizar mucho en esta cuestión. Lo que está claro es que hay personas aplicadas que pueden sufrir mucho. Si somos así, debemos tomar medidas para llegara a un equilibrio sano.

Es muy conveniente que hagamos una reflexión para saber qué relación de pareja tenemos con las tareas. Una vez que la cosa esté clara, hay que aprender a llegar al punto de equilibrio que nos permita ser personas efectivas, pero… sin olvidar las cosas importantes de la vida.


*Imagen de cabecera mickey970 en Pixabay

Sobre el autor de esta entrada

Jaír Amores
Mi nombre es Jaír y soy de la cosecha del 78. Estoy felizmente casado; tenemos dos preciosas hijas, y vivimos en Las Palmas de Gran Canaria, España. ¡Sí! ¡El paraíso! Desde muy chico, ya me atraía la efectividad. Disfrutaba haciéndome un horario, automatizando tareas. Y… no sé si a ti te ha ocurrido también: me daba cuenta de muchas cosas que podrían hacerse mejor. Me sigue pasando, por cierto. Estoy convencido de que la efectividad y la productividad personal son fundamentales, pero… sin olvidar las cosas importantes de la vida. Porque, ¿de qué serviría mejorar si no nos hace más felices?