Pelele

Si te suena el título del episodio de hoy por alguna canción juvenil, estás en lo cierto. La verdad que es una canción que no me atrevería a recomendar. Aún así, la verdad es que la inspiración de este episodio vino por escuchar a un chico en la playa que cantaba este título: “Pelele”. De ahí, saltaremos a la eterna pregunta “¿qué es mejor, alquilar o comprar casa?”, hablaremos del trabajo autónomo, y de las nuevas redes sociales tokenizadas. Agitemos la coctelera a ver qué sale…

La canción “pelele”

Todo empezó el otro día, cuando estaba con la familia en la playa. El agua estaba congelada, a esa temperatura justa que, después de un baño, te deja nuevo. El caso es que estaba sentado, tomando el sol, leyendo un libro (Antifrágil), cuando me llamó la atención una pareja de jóvenes. Mientras sonaba un ritmo bastante pegadizo, el chaval estaba cantando en voz alta y bailando con un ritmo tremendo. No solo no le daba vergüenza, sino que además lo estaba disfrutando. Él bailaba de pie y su chica (creo) estaba sentada enfrente respondiéndole con gestos con las manos. Algún tipo de baile tipo tiktok me parece (qué mayor soy!). La verdad es que transmitía un buen rollo tremendo, así que sacó las sonrisas de los que estaban alrededor.

Al verme ensimismado sonriendo, mi hija que está en el instituto me dijo: “¿no conoces la canción?”. Yo respondí que no. Y ella me dijo: “Pues en el instituto todo el mundo se la sabe de memoria y la cantan todo el día”. Rechacé la tentación que me puso en bandeja de criticar la enseñanza actual con una frase lacónica tipo: “¡Para eso van al instituto! Si es que…”

Como no llegué a escuchar bien la canción, terminé buscando la letra. El título ya lo sabes: “Pelele”. No es una canción que recomendaría a mis hijas, ni tampoco destaca por su belleza armónica. Pero sí pude extraer de la letra un significado de la palabra pelele.

Según el diccionario que da Google, en la segunda acepción, un pelele es una persona débil o de poco carácter, que se deja manejar por los demás muy fácilmente.

En el contexto de la canción, de un tal Morad, se hace referencia a la libertad que él tiene para escribir sus propias letras, en contraste con algún otro grupo musical que, si bien pueden tener una gran banda, tienen que pasar por el aro de las discográficas. Bueno, al menos eso es lo que interpreté de la canción.

Esto me hizo pensar.

Hipoteca o alquiler; trabajo como autónomo o en empresa

En muchas ocasiones, tomamos decisiones midiendo la efectividad. También nos mueve el retorno. Es decir, los beneficios que nos dará una u otra decisión. Otras veces, nos dejamos arrastrar por el capricho, y hacemos lo que nos apetece, o lo que el marketing nos ofrece.

Sin embargo, hay otra pregunta más a tener en cuenta: Esta decisión, ¿me va a dar más libertad, o me la va a robar?

A veces, por culpa de las decisiones, podríamos convertirnos en peleles, ya no por debilidad, sino por no tener margen de actuación.

Un ejemplo es el tema de la casa. Podemos alquilar o comprar, normalmente, hipotecándonos. Se pueden hacer mil cálculos para ver qué es mejor. Pero algo de lo que se sienten orgullosos aquellos que alquilan es de la libertad de moverse rápidamente, sin ataduras.

Otro ejemplo similar es el del trabajo por cuenta propia o por cuenta ajena (como autónomos o en una empresa). Tener tu nomina ingresada todos los meses suena bien. Un autónomo se tiene que buscar las castañas. Aún así, muchos lo prefieren en aras de una libertad que difícilmente tendrían como asalariados.

Las redes sociales tokenizadas

Un ejemplo más tiene que ver con algo que he estado probando últimamente. Se trata de las redes sociales tokenizadas. Están montadas sobre blockchain, y no tienen un algoritmo tipo Twitter o Instagram. En vez de eso, hay personas reales valorando los contenidos. El gran atractivo es que, en vez de likes, recibes votos que tienen un valor en tokens que pueden ser intercambiados por criptomonedas o por moneda de curso legal (también llamada FIAT).

Cada usuario tiene un valor distinto al votar. Mi voto no vale sino 0,005Hive (la criptomoneda de Hive). Sin embargo, hay usuarios, llamados ballenas, que tienen un poder de voto altísimo. Un voto suyo puede valer hasta 100Hive (apx. 100$). Del total generado con los votos, el autor se lleva el 50%, y los que han votado se reparten el otro 50%. En mi caso, en unos 4 meses, he generado con mis contenidos unos 200$.

Para juntarse por intereses y temáticas, existen comunidades que se suelen sustentar en servidores de Discord o grupos de Telegram. En esos entornos, los usuarios comparten estrategias, contenidos variados y generan espíritu de grupo. Claro, también hay algunas personas que, atraídas por la “fiebre del oro”, intentan ganarse el favor de otros para conseguir sus votos. Todo esto lleva a que el contenido no siempre sea valorado por su calidad, sino también por otros factores. Por supuesto, hay personas honestas que escriben contenidos de bastante calidad a la vez que intentan hacer networking, y usuarios con poder de voto que premian la calidad. Peeeero… como podrás imaginar, también se corre el riesgo de llegar a ser un poco… pelele.

*Te dejo un enlace de las apps tokenizadas más usadas por si quieres echar un vistazo: ecency

En conclusión

Al igual que el tiempo, o la atención, hay algunos recursos más que son valiosísimos. Uno de ellos es la libertad. Si lo piensas, muchas personas viven sus días condenados a repetir una serie de acciones con las que se encadenaron hace años al firmar un estilo de vida.

Obviamente, la mayoría no puede despertarse con la luz del sol, o decidir sus próximas vacaciones haciendo girar un globo terráqueo, apuntando con el dedo, y parándolo en un lugar aleatorio. Muchos tenemos ciertas obligaciones que asumimos con gusto.

No quiero decir ni mucho menos que comprar una casa, trabajar en una empresa o buscar votos en una red social tokenizada nos convierte automáticamente en peleles. Soy el primero en levantar la mano. Tengo hipoteca, trabajo para una empresa y estoy probando con Hive. Creo que fueron buenas decisiones; o al menos, no fueron malas.

La cuestión es que un cúmulo de malas decisiones que limiten nuestra libertad puede condicionar muchísimo nuestra agenda diaria, y con el paso de los años, robarnos la alegría. No podemos obviar que vivimos en un mundo consumista, que te hace creer que no serás feliz si no tienes esto o aquello. A poco que te despistes, te puedes convertir en un pelele de la sociedad. Y no es lo que queremos, ¿verdad?


*Imagen de cabecera: wanderlusterinfo en Pixabay

¡Suscríbete al podcast!