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Vivir obsesionado con la productividad

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Si estás leyendo esto, seguramente es porque te encanta la productividad personal. Yo prefiero el término efectividad, que me parece mucho más sensato, pero da igual. La cuestión es que nos va este rollo. Algunos somos un tanto frikies. Ahora, ¿sabrías decir dónde está el punto exacto en el que uno pasa de la preocupación y el trabajo inteligente a la obsesión?

La opinión de algunos periodistas

Me planteé esta pregunta a raíz de un artículo que me mandaron del periódico El País. Da la casualidad que he leído varios artículos similares en las últimas semanas. Este se titulaba “Vivir obsesionado con la productividad”. Y el subtítulo principal decía: “Ser productivo es ahora un atributo aspiracional. Y estar agotado por exceso de trabajo, un símbolo de estatus. Pero estar (o parecer) ocupado es también una reacción de los jóvenes a la precariedad económica”.

Eché un vistazo a ver si los siguientes párrafos me podían aportar algo, pero sufrí una enorme decepción. El artículo está lleno de frases coloridas con poco sentido y afirmaciones muy alejadas de lo que yo creo que es efectividad.

Al principio del artículo se cita a una influencer, llamada Amy Landino, planner y reina del Pomodoro. De forma irónica, el artículo dice sobre su metodología: “Una especie de horror vacui salpicado por alarmas varias y que debe conducirlos al nuevo nirvana: la productividad”.

Me hace mucha gracia estas frasecitas tan bien hechas, con un toque irónico, pero tan alejadas de la realidad. No conozco a fondo el trabajo de Amy Landino, pero sí sé que, desde hace mucho tiempo, los expertos serios en productividad aconsejan desactivar las alarmas y las notificaciones. Parece que este es uno de los puntos en común en efectividad personal. El objetivo es evitar las interrupciones. Claro, nuestro cerebro se agota fácilmente, y por eso, la técnica Pomodoro y sus variantes suele funcionar bastante bien. Así que… ¿Horror vacui? ¿O trabajo bien hecho gracias a estar concentrado? ¿Alarmas varias? ¿O interrupciones controladas? ¿Productividad como Nirvana? ¿O productividad como resultado?

Después de citar a otra influencer, el artículo dice sobre sus seguidores: “En su ingenuidad han conseguido idealizar la productividad y el agotamiento, prestan tanta atención a coordinar los colores de sus calendarios y notas como a cumplir a rajatabla con las actividades programadas. Trabajar los enaltece y presumir de cansancio tras 15 horas de autoexplotación los hace sentirse semidioses de la meritocracia.”

El problema que veo aquí es que estamos mezclando opciones que no tienen que ir juntas. Productividad y agotamiento. Desde luego, no es de lo que yo hablo. Procuro tener los fines de semana libres, no trabajar más de las horas efectivas, y disfrutar de buenos momentos con mi familia y amigos, además de atender diferentes áreas más allá de la laboral. No es hacer más, sino hacerlo mejor para poder tener más tiempo.

Hay bastantes ideas más con las que no estoy de acuerdo. Te animo a que le eches un vistazo a ver qué te parece.

No caigas en la obsesión por la productividad

Aún así, hay que reconocer que el artículo ataca a varios puntos en los que algunas personas sí caen. La obsesión por ser productivo es un fenómeno tan real como cualquier otra obsesión. Evidentemente, ninguna obsesión es buena. Querer aprovechar todo minuto del día es irreal, y puede llevarnos a la frustración crónica y al cansancio perpetuo.

Pero desechar la productividad (o mejor, la efectividad) personal es un error enorme. ¿Por qué hacer algo de una manera cuando se puede hacer mejor? ¿Por qué tirar nuestro tiempo a la basura cuando podríamos usarlo para disfrutar de la vida?

Desde el momento que el ser humano fue consciente de que su vida tenía fin, una de las metas a alcanzar fue ganar tiempo. O dicho técnicamente, aprovechar su tiempo de la mejor manera. No creo que la productividad personal sea algo de moda. Simplemente, el tipo de trabajo del siglo XX nos ha llevado a una auténtica carrera de la rata, una locura en la que solo interesa producir más y más. Por eso cada vez más personas se dedican a enseñar y a aprender cómo llegar a un equilibrio entre resultados y gasto de tiempo.

Aún así, el riesgo de obsesionarse siempre está presente. Aquí van algunas ideas que nos pueden ayudar a detectar si estamos pasándonos de la raya.

  • No es lo mismo aparentar ser organizado que conseguir resultados con tus acciones. Si parece que siempre estamos ocupados, si vamos constantemente con prisa, si llegamos a la cama exhaustos, la pregunta que debemos hacernos es: ¿he conseguido algo importante hoy? En la mayoría de los casos, la respuesta será NO.
  • No existe un único método para organizarse. Hay muchos. Si solo conocemos uno, si solo hablamos de uno, si consumimos nuestro tiempo en seguir aprendiendo el método o perfeccionándolo, quizá ese no sea nuestro método. El método es una forma de organizarse. Si encontramos uno que nos va bien, genial. Lo usamos y listo. Pero el método no es lo importante. El punto final es que te permita disfrutar de lo que haces, y que lo hagas bien. En el momento que el método consume más tiempo del que ahorra, tenemos un problema.
  • Los trucos de productividad, como Pomodoro, son como herramientas en una caja, listas para usar cuando sea conveniente. La persona debe conocer cómo se usan estas herramientas para elegir el momento adecuado y sacarles partido. Está perfecto aprender estos trucos y probarlos. Ahora, al igual que ocurre con el método, estos trucos deberían simplificarnos la vida y ahorrarnos tiempo, no al revés.
  • La gestión del enfoque y del esfuerzo es esencial. Permitir interrupciones externas constantemente es un error que afecta a la calidad de nuestro trabajo. Pero lo contrario también es mala señal. No podemos trabajar en cuevas simbólicas, con medidas de seguridad extremas para que nadie llegue a interrumpirnos. Somos seres sociables, así que debemos dejar tiempo para vivir sin la presión de estar hiper-enfocados.

Para gustos hay colores, y no veo nada malo en que a alguien le guste esta temática. A mí me gusta, y la disfruto. Y si además, aprender sobre productividad te mejora la vida, pues mejor todavía. Siempre que vigilemos no llegar a la obsesión, estaremos bien.

Eso sí, si tu intención es aprender sobre efectividad personal, busca fuentes de confianza. Huye de argumentos sensacionalistas con poco fundamento, y prueba las técnicas y métodos por ti mismo para comprobar su eficacia.

Ojalá y esto te lleve, como a mí, a disfrutar de la efectividad, a dejarla que te lleve a vivir un poquito mejor, con menos estrés, disfrutando de las cosas importantes de la vida.


*Imagen de cabecera: Jan Vašek en Pixabay

Sobre el autor de esta entrada

Jaír Amores
Mi nombre es Jaír y soy de la cosecha del 78. Estoy felizmente casado; tenemos dos preciosas hijas, y vivimos en Las Palmas de Gran Canaria, España. ¡Sí! ¡El paraíso! Desde muy chico, ya me atraía la efectividad. Disfrutaba haciéndome un horario, automatizando tareas. Y… no sé si a ti te ha ocurrido también: me daba cuenta de muchas cosas que podrían hacerse mejor. Me sigue pasando, por cierto. Estoy convencido de que la efectividad y la productividad personal son fundamentales, pero… sin olvidar las cosas importantes de la vida. Porque, ¿de qué serviría mejorar si no nos hace más felices?