Por qué no debes quitar todas las notificaciones del móvil

¿Eres de los que tienes las notificaciones activas? ¿O has decidido luchar contra el sistema y quitarlas todas? Si sabes algo de productividad, habrás oído el consejo de eliminar todas las interrupciones. También habrás visto algunos informes de lo malvadas que son las notificaciones del móvil. Yo me uno a ese club. De hecho, hace unos días compartí este mensaje en mi canal de Telegram:

(Por cierto, si ya estás en el canal, gracias por tu apoyo. Estamos disfrutando mucho allí. Y si no estás en el canal, ¿por qué no le echas un vistazo?) -> CANAL DE TELEGRAM EFECTIVIDA

A raíz del mensaje de arriba, Fernando anotó que es bueno tener «un botón de parada de emergencia». «Todas las máquinas tienen ese botón rojo», añadió. Además, cerró el comentario entendiendo que hay diferentes contextos.

Este comentario me hizo pensar. Eso es muy bueno, la verdad (lo de pensar… y el comentario también, jeje). Lo cierto es que, por más que al empresario de turno le interese que las máquinas rindan al 100%, también debe dejar un botón de parada. Eso, o ver como una máquina muy cara termina reventando el día menos pensado. O peor aún, lastimando algo o a alguien. Y si ese botón debe estar en las máquinas, parece lógico pensar que nosotros debemos tener un sistema parecido: algo que nos interrumpa aunque no nos guste.

Aunque sigo fiel a la idea de eliminar todas las notificaciones posibles, aquí van 3 razones para dejar al menos «alguna». Por cierto, cuando uso la palabra «notificación» incluyo todos los sonidos, vibraciones y alarmas visuales con las que va armado el smartphone. Desde el tono de llamada hasta la lucecita que parpadea con el móvil bloqueado, pasando por el número rojo encima del icono del mail.

1. Para pulsar el botón

La primera razón para dejar alguna notificación activa es parecida a ese botón rojo de emergencia que citamos antes. No somos máquinas, pero a veces lo parecemos. Queremos agendar las 24 horas del día, ignorando al sueño y pensando que las cosas importantes de la vida pueden esperar. En esos momentos de productividad frenética, alguien debe pulsar el botón rojo.

En mi caso, tengo un «control de gálibo«: mi querida esposa. Ella sabe cuándo debe darme un toque de atención. De alguna manera ha adquirido un sexto sentido capaz de predecir lo que me sucederá si no hago ningún cambio. En realidad, no se si acertará o no, porque prefiero hacerle caso.

Pero no dramaticemos tanto. Estamos hablando de notificaciones en el móvil, ¿no? La idea es que debemos permitir que otros hagan sonar (o vibrar) nuestro teléfono.

Un ejemplo sencillo es nuestro jefe. Salvo raros casos, lo lógico es que pueda localizarnos. Trabajamos para él, ¿no?

Otro ejemplo pueden ser los clientes. Si tienes teléfono de empresa, no tiene mucho sentido evitar que un cliente se comunique contigo, por más que seas enemigo de las interrupciones.

Resumiendo este punto: parece sensato permitir que otras personas toquen el botón rojo. Puede ser un amigo, tu jefe o empleados, clientes… Dependerá de cada caso. La aplicación más sencilla de todo esto es mantener el móvil con el tono de llamada activo, al menos en horas de trabajo.

2. Socializar

Hay otra razón importante para dejar algunas notificaciones activas: socializar. Por lo visto, en el planeta vive alguien más que uno mismo.

El mundo de la productividad es fascinante, pero también puede ser un lugar peligroso. Algunas personas son tan productivas que se olvidan del resto de gente. Por eso, en EfectiVida hablamos de efectividad, y no tanto de productividad. Efectividad… sin olvidar las cosas importantes de la vida. Una de esas cosas importantes es llevarse bien con otros.

¿Qué efecto crees que tendría que nadie te pueda interrumpir nunca? ¿Crees que te convertiría en un ser sociable? Porque resulta que las personas felices suelen tener buenas relaciones con otros.

Por otro lado, piensa en lo siguiente. Imagina que necesitas algo de otra persona. Intentas comunicarte con ella, pero no hay manera. ¿Cómo te sientes? Pues igual se sienten los demás si no hay forma de hablar contigo.

Resumiendo este punto, la idea es que debe haber un equilibrio entre lo que damos y lo que pedimos. Una forma práctica de hacer esto es dejando activa la función de teléfono, y silenciando todas las demás notificaciones, peeero revisando la mensajería instantánea cada poco tiempo. Así tienes el control, al mismo tiempo que atiendes a otras personas.

3. Reinicios

Cuando algo te gusta, el tiempo no pasa. Cierto. Cuando estás enfocado, el mundo se para. Cierto. Pero también es cierto que el enfoque se gasta. Por eso, salvo excepciones, hay unos tiempos límite.

Probablemente lo mejor para trabajar de forma enfocada sería estar encerrados en un castillo apartado, con sirvientes que nos dejaran la comida en la puerta, y sin que no se oyera ni un pajarito durante horas. Y ya que estamos, con un bosque precioso para salir a pasear cuando estemos embotados. En el bosque sí se pueden oír los pajaritos. Grandes libros y geniales inventos se produjeron así. Y quizá seas alguien privilegiado que puede hacer esto durante unos días al año. Para el resto, es decir, para los que leemos este blog, lo normal es trabajar de forma intermitente: periodos de enfoque con interrupciones.

Una aproximación interesante son los tiempos Pomodoro. Y, ¿adivina? ¿qué hace falta para que te avisen de que debes refrescar la mente? Exacto. Una notificación.

Resumiendo este punto, la idea es dejar algunas notificaciones que nos «obliguen» a hacer descansos de nuestro trabajo. La forma más sencilla es con un cronómetro regresivo.

Cómo lo hago yo

Probablemente haya más razones para permitir vivir a algunas notificaciones de nuestro querido smartphone. En mi caso, las 3 anteriores sintonizan muy bien con mi filosofía de vida. Te explico cómo lo hago.

  • Excepto el tono de llamada y el sonido de las alarmas, tengo quitadas todas las notificaciones sonoras, visuales y vibraciones. Ni siquiera me aparece un número o botón encima de apps como el mail, Whatsapp o Telegram.
  • Durante el día tengo activada la función del móvil. Cualquiera que tenga mi número me puede llamar, y en la mayoría de ocasiones, responderé. Si estoy hablando con alguien o realizando una actividad que no puedo interrumpir, devuelvo la llamada al terminar.
  • Desde las 23:00 a las 7:00 se activa automáticamente el modo «no molestar». En ese modo, se anula la única notificación que tengo activada: el tono de llamada. Así, si alguien me llama en esas horas, mi teléfono lo ignorará. Hay varias excepciones: la alarma para despertarme, el sonido multimedia (cualquier cosa que reproduzca voluntariamente, como un video de Youtube), y las llamadas frecuentes (2 llamadas seguidas en menos de 15 minutos).
  • Cuando necesito un enfoque mayor, activo el modo no molestar. Y si quiero aislamiento total, el modo avión. Esto sucede pocas veces, dos o tres por semana tal vez.

Te estarás preguntando: «¿Y si te mandan un Whatsapp? ¿O un correo?»

No pasa nada. Fiel al método C.A.R., una vez al día, de lunes a viernes, realizo un análisis de todas mis bandejas de entrada. En esas bandejas están los SMS, Whatsapp, Telegram, y correos electrónicos, entre otras cosas. Es decir, como mínimo, una vez al día, cualquier persona que me intente localizar por cualquiera de esos medios, tendrá respuesta.

Además de esto, durante las mañanas, al finalizar un bloque de tiempo, reviso rápidamente 3 sitios: Whatsapp, Telegram, y el correo de empresa. Por las tardes, con una frecuencia bastante menor, cuando me apetece, reviso Whatsapp y Telegram. El objetivo en estas pequeñas revisiones es, sobre todo, ser accesible. No hago un análisis de la bandeja de entrada. No tomo decisiones. Solo respondo a lo más urgente, o bien, socializo un poco.

Quizá resulta más entendible así:

  • Llamadas de tlf.: Atiendo todas las que me entren, y filtro con modo «no molestar» de 23:00 a 7:00, y en momentos de enfoque o descanso.
  • Correo electrónico del trabajo: reviso 2-3 veces en horario laboral, y hago un análisis completo diario (de lunes a viernes).
  • Whatsapp: reviso 5-10 veces al día, y hago un análisis completo diario (de lunes a viernes).
  • Telegram: reviso 5-10 veces al día, y hago un análisis completo diario (de lunes a viernes).
  • Correos electrónicos personales: hago un análisis completo diario (de lunes a viernes).
  • SMS: hago un análisis completo diario (de lunes a viernes).
  • Alarmas: Una única alarma para despertar a las 6:30. (Si me despierto de forma natural antes, mejor)
  • Cronómetro regresivo: Para diferentes funciones (tiempos pomodoro, caducidad del parking, tiempo restante para una tarea vital…)
  • Otras aplicaciones (Feedly, Google podcasts, spotify, Maps…): Ninguna notificación activada. A muerte con ellas. Entro cuando me apetece o me hace falta.
  • Redes sociales: No tengo

Esta forma de manejar las notificaciones me permite trabajar de forma enfocada sin aislarme en una burbuja del resto del mundo. Con el tiempo, la mayoría de las personas de mi alrededor van conociendo la manera como funciono. Así que si alguien me necesita, sabe cómo localizarme.

Claro, este es mi caso, y te puedo asegurar que me va muy bien. Ahora, como bien indicaba Fernando en el canal de Telegram, todo depende de los contextos. El punto, y aquí está lo importante, es que debes dedicar un tiempo a configurar tus notificaciones. No puedes permitir que el móvil te gobierne con las notificaciones que alguien puso «por defecto».

Para lograr un modo de trabajo efectivo, hay que mezclar y equilibrar factores como el botón de emergencia, la necesidad de socializar, o el enfoque. El resultado más probable es que elimines casi todas las notificaciones, y dejes las que te sean realmente útiles.

Una vez más, en el equilibrio está la clave.