No premies al que arregla problemas

Aparentemente, el que arregla problemas es muy efectivo. Piensa en los siguientes 3 ejemplos:

  • Alguien que te soluciona un problema con el internet de tu casa (de forma fluida, sin ponerte en espera y en tan solo unos minutos)
  • Alguien que soluciona un problema familiar grave
  • Un empleado que llega a un acuerdo y soluciona un problema con un cliente

Puede parecer que este tipo de perfiles cumplen con la efectividad. Sin embargo, por concepto, arreglar problemas no es efectivo. El objetivo es disfrutar de internet, llevarse bien o dar un servicio. Al tener un problema, se pierde efectividad.

Está bien premiar al que te arregla un problema. Pero, así como hay personas que dan problemas y otros hábiles en arreglarlos, también hay quien es bueno ahorrando problemas. Y eso no se ve. Siguiendo con los 3 ejemplos de antes, piensa en esto:

  • Imagina que hay una sección testeando y buscando fallos para arreglarlos antes de.
  • Piensa en ese familiar que fomenta la paz.
  • O en un trabajador que ve los posibles fallos y los evita.

Así, la reflexión de hoy tiene dos propósitos:

  1. Premia al que arregla, pero también al que ahorra problemas.
  2. Busca, no solo arreglar, sino sobre todo, prevenir los problemas.

Hazlo hoy, hazlo como costumbre. Busca la efectividad.