No dejes nunca de exponerte

Vivimos en una época donde esconderse parece más cómodo que mostrarse; donde es más fácil opinar desde un perfil anónimo que decirlo a la cara, o mejor aún, con un estado en el Whatsapp en plan indirecta.

¿Para qué hablar? ¿Para qué mostrar lo que pienso? Solo voy a conseguir que se rían de mí, que me cancelen, que me pisen la cabeza y no pueda progresar. No, mejor me quedo calladito y que se mojen los demás (los ignorantes).

Pero lo curioso es que todo crecimiento —personal, profesional o emocional— nace del mismo lugar incómodo: la exposición. Quien no se expone, no aprende. Quien no arriesga, se condena al estancamiento.

A qué me refiero con exponerse

Con exponerme no me refiero a ser un kamikaze, a hablar cuando no te preguntan, a hacer el ridículo con algo que sabes que no se te da bien, ni a mostrar tus cartas cuando no conviene o no se merece.

Más bien, se trata de opinar sin miedo cuando se requiere, de hablar abiertamente de lo que has aprendido o de lo que te gusta, de mostrar tus creaciones.

Hay muchas formas de exponerse:

  • Escribir algo sencillo en una red social
  • Dejar un comentario en un blog
  • Escribir un correo a un autor o a una institución
  • Hablar en público
  • Cantar, bailar, tocar un instrumento delante de otros
  • Dar tu opinión en una reunión
  • Decir cómo te sientes sin tapujos
  • Conversar con alguien desconocido
  • Escribir un libro y publicarlo
  • Colgar en tu casa un cuadro pintado por ti
  • Iniciar un emprendimiento
  • Hacer una llamada incómoda

Razones para exponerse

Para mí, la razón mas poderosa para exponerte es la superación personal. Para crecer, en realidad, da igual el resultado. El simple hecho de enfrentarte es suficiente premio. Al enfrentarte una y otra vez a lo que temes, el miedo se hace chiquitito, y cobras valor para retos mayores.

La gente que ha conseguido grandes logros no ha sido por una idea brillante, ni porque sean los más listos de clase. La mayoría de las veces fue porque se expusieron, porque lo intentaron. De hecho, muchos fracasaron en el camino, pero se peinaron el cabello, se levantaron, y volvieron a la carga.

Exponerte te obliga a dar lo mejor de ti. Cuando me pongo a escribir un artículo, la actitud no es: «ok, me da igual lo que piensen de mí». ¡No! Sé que alguien me va a leer. No voy a hacer una chapuza. Quiero dar lo mejor. ¿Qué opinión tendrán personas de diferentes perfiles? ¿Se entiende lo que digo? ¿Es algo realmente valioso? ¿Está repetido? ¿Podría buscarlo en ChatGPT y sería mejor?

Dar lo mejor es una de las razones por las que he vuelto a escribir. De alguna manera, sentía que había perdido algo. Es como si mi mente se hubiese acomodado. Sí, seguía consumiendo contenidos de alta calidad, tomando notas e incluso aplicando. Pero faltaba ese punto de excelencia (o de intento) al saber que lo que haces es público.

Por supuesto, exponerte te permite recibir feedback. Una idea magistral en tu mente puede ser nefasta en la realidad, o lo contrario. La cuestión es que no lo sabes hasta que no lo pruebas. Lo invisible no mejora. Hasta si te equivocas, aprendes.

Además, exponerte te conecta a personas con tus mismos intereses. Permite filtrar entre gente que te va a apoyar y gente que te va a envidiar. Recuerda que la autenticidad conecta, la mediocridad pasa desapercibida.

Recuerdo a bastantes personas que formaron de alguna u otra manera parte de EfectiVida, y que contactaron por un correo, por una propuesta de café virtual, o por un comentario en el blog.

Fue algo inesperado, porque yo no lo habría hecho. Ni se me hubiese pasado por la cabeza. Pero después pensé… «si ellos lo hacen y a mí no me molesta, al contrario, ¿por qué narices no estoy haciendo yo lo mismo?».

A partir de ahí, busqué a referentes en el campo de la efectividad personal, y me puse en contacto con ellos. Sí, alguno no respondió, alguno no terminó cuadrando, pero pude acercarme a muchos. Hoy tengo el orgullo de escuchar algún podcast de personas con las que he conversado en privado.


En resumen:

Las oportunidades están ahí, esperando a que te decidas a abrir la puerta. Puedes quedarte sentadito en el sofá, escondido dentro del armario, pero nunca sabrás qué pasaría si…

Piensa que no exponerte también tiene un coste. Pierdes crecer, conectar y vencer al miedo. Exponerse duele a corto plazo, pero no hacerlo duele toda la vida.

No será fácil, y es tu decisión. Solo quería mostrarte lo que yo he sentido, empezando desde la nada, y con sentimientos de inseguridad como el que más. De verdad, no dejes de exponerte. Merece la pena.

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