Por qué los libros de autoayuda no suelen funcionar a largo plazo

¿Has leído algún libro de autoayuda? Yo unos cuantos. Me gusta la temática, aunque lo que busco en esos libros no es exactamente ayuda. Te explicaré después.

El tema es que, en muchos casos, este tipo de literatura parece tener un efecto asombroso en los primeros días, pero pasado un tiempo, todo vuelve a la normalidad, o incluso a un estado peor que el anterior. ¿Por qué sucede eso? ¿Funcionan realmente los libros de autoayuda?

La paradoja del libro de «autoayuda»

El concepto en sí de libro de autoayuda es erróneo. Porque, si el libro te ayuda, ya no es «auto» ayuda. Y si no te ayuda, ¿para qué narices quieres ese libro? Se supone que autoayuda es ayudarse uno mismo, sin depender de ningún libro. Así que, como mucho, deberían ser libros de ayuda, a secas.

Por otro lado, los libros de autoayuda son genéricos. No están escritos para ti, sino para vender a mucha gente, de muchos perfiles. Para eso aprovechan puntos de dolor comunes a todo ser pensante.

El otro día comentaba una amiga que un homeópata le preguntó si había tenido problemas en la infancia. Ella se quedó asombrada por la enorme intuición de este profesional. Pero en realidad, no hay ningún misterio aquí. La mayoría de las personas han tenido problemas en su infancia, más o menos graves. Además, si es alguien que necesita ayuda, probablemente el porcentaje de acierto sea mayor.

Sucede algo parecido con la autoestima. Muchísimas personas tienen carencias en este sentido, así que si le dices a alguien: «Creo que no te quieres suficiente», tienes muchas garantías de acertar y quedar como un sabio. Unas cuantas preguntas guiadoras más, y hasta puede que te paguen por ello.

Los libros de autoayuda, en general, cubren estas carencias. Pero al no ser específicos, solo pueden ayudarte un poco. Lo que logran es un empujón a una mecedora. Efectivamente, algo se mueve, pero en unos minutos, la mecedora vuelve a su letargo. En realidad, hace falta que tú la sigas moviendo, y esa es la clave.

Lo que busco cuando leo un libro de «autoayuda»

Por eso lo que yo busco cuando leo algún libro de autoayuda (cada vez menos) son las técnicas. Muchos de estos libros usan recursos que funcionan. Si consiguen que pongas en práctica alguno de estos recursos, es posible que tú empieces a mover la mecedora.

La mayoría de las técnicas están manidas. Meditación, ejercicio, paseos en la naturaleza, leer, buena alimentación y descanso…

Aunque se repiten de mil maneras distintas, todo se reduce a lo mismo, y normalmente, funciona. El problema es que no lo hacemos porque nos falta motivación. Y como no lo hacemos, nuestra motivación disminuye. Y así entramos en ciclos de los que es muy difícil de salir. Incluso puede ser necesaria la ayuda de un profesional en psicología.

Los viajes al pasado deben ser breves

¿Dónde veo yo el problema? Pues que estamos trabajando el pasado, no el futuro. Si yo analizo por qué me siento así, puede que acierte, puede que no, pero no estoy construyendo nada. Ahora, si yo pongo en marcha un sistema por el cual me aseguro leer una hora al día, estoy construyendo el futuro, y seguro que en un año, estaré mejor que como estaba hoy. Bueno, siempre que leas algo que no sea basura.

Además, el pasado está bien para ir un rato, aprender algo, y salir corriendo de allí. Pero si te quedas mucho tiempo, estarás viviendo en el pasado.

Aprender del pasado tiene sus límites porque, contrario a lo que pensamos, el pasado no se repite. Las circunstancias que se dieron no se repetirán exactamente igual. Nosotros mismos crecemos y cambiamos ligeramente, así como nuestro entorno.

Es por eso que se da la paradoja del pasado. Cuanto más pienses en él con la intención de evitarlo, mas te parecerás a tu yo del pasado.

Sucede algo parecido con las inversiones en la bolsa. Si entiendes algo de esto, sabrás que los gráficos pasados no aseguran gráficos futuros. El que una acción haya subido los últimos 10 años, no implica que mañana vaya a subir. Por eso los mejores inversores no se centran en gráficos, sino que van a las empresas y ven cómo trabajan. Conocen a los jefes y ponen su confianza en los hábitos de las personas y su modo de hacer las cosas. Eso les da una seguridad mayor que una gráfica, la cual, en realidad, representa, o debería representar, cómo trabaja la empresa.

Este modo de trabajar va a la raíz, y no a los síntomas. Y esto es algo que los libros de autoayuda son incapaces de lograr. Como mucho, pueden acertar en darte alguna buena pregunta que te haga pensar y llegar a alguna conclusión interesante.

Construyendo el futuro

Por eso, cuando leo un libro de autoayuda, lo que busco son esas técnicas de construcción de futuro. Todo lo demás es filosofía barata y paja para rellenar. Al menos para mí.

¿Y qué tiene esto que ver con la efectividad? Bueno, si queremos lograr objetivos gastando pocos recursos, debemos seleccionar formas de trabajo que nos lleven a esos objetivos. Y es aquí donde entran las técnicas, los métodos, los trucos.

Más allá de los consabidos consejos de vida, yo busco técnicas más específicas. Una que me viene a la mente es la regla 10 10 10 para tomar decisiones, o la del silencio incómodo de 5 segundos. O la regla del 6 para medir el tiempo. Son cosas sencillas, pero eficaces.

Evidentemente, mi buque insignia, mi nave nodriza, es el método C.A.R. Ahí he volcado todo lo que creo que puede ser útil en cuanto a organización personal. Además, cuando aprendo alguna idea nueva, trato de encajarla en el método.

Sorprendentemente, el método está resultando muy accesible en este sentido. Y esto es algo bastante lógico, en verdad.

Al fin y al cabo, C.A.R. organiza todo lo que quieras hacer en bloques de tiempo a… ¡FUTURO! Puedes implementar muchos trucos simplemente convirtiéndolos en bloques de tiempo que después tendrás que ejecutar.

Un ejemplo de construcción a futuro

Te pongo un ejemplo. Imagina que, efectivamente, quieres leer libros 1 hora al día, de lunes a viernes.

  • Lo primero que debes hacer es capturar esa idea; es decir, anotarla. Ya con esto logramos que esa pequeña semillita no se la lleve el viento.
  • El segundo paso es analizar esa captura, quizá algo que escribiste en una nota en Google Keep. Mientras miramos nuestro calendario, en el que se refleja toda nuestra vida, vemos si realmente queremos leer un libro 1 hora al día, si podemos, y cómo y cuándo lo haremos. Al final, después del análisis, decidimos que solo podremos leer media hora al día, los sábados y los domingos. Para lograr que esos bloques encajaran, hemos eliminado la siesta esos dos días. De momento, ese es nuestro compromiso.
  • Finalmente, en la R de revisar, vemos ese bloque en el calendario, y nos ponemos con ello. Poco a poco, se genera un hábito, y después de 6 meses, ese hábito nos ha hecho crecer. ¿Te fijas? Aquí no hay un empujón emocional. Has sido tú y solo tú el que has tenido la idea, le has dado forma, y la has convertido en realidad.

¿Y cuál ha sido la clave? El sistema, el método. Una forma de hacer las cosas que realmente funciona.

Un método, un truco, una técnica no te da un chute de emociones. Lo que hace es formar un patrón neuronal nuevo, que si lo repites suficientes veces, se convierte en una forma de trabajo automática, en un hábito. Si ese proceso tiene sentido, te llevará a levantarte de la silla y mejorar en los aspectos de vida que creas necesarios.

Obviamente, los libros de autoayuda pueden ser útiles en algunas personas un poco de tiempo. Pero creo que tiene mucho más sentido trabajar por sistemas. Dar cera, pulir cera, dar cera, pulir cera. Cuando menos te des cuenta, estarás tumbando al enemigo.

Así que al final todo depende de ti. ¿Seguirás anclado al pasado o serás el arquitecto de tu vida?