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La ley de Hofstadter para la planificación

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Hace unos días, Rubo Vega, me escribió desde el formulario de contacto para proponerme un tema. Me decía: “Te comparto la Ley de Hofstader, tras buscar en Efectivida y no encontrar sorprendentemente ninguna mención a la misma. Seguro que te animas a hacer un episodio tan bueno como los habituales comentándola.” Pues vamos a intentarlo.

Básicamente, la ley de Hofstadter dice así:

Siempre se tarda más de lo esperado, incluso teniendo en cuenta la ley de Hofstadter.

Douglas Hofstadter

El Sr Hofstadter usa una doble autorreferencia. La primera porque titula la ley con su propio nombre. Y la segunda porque incluye la ley en la propia ley; algo así como la pescadilla que se muerde la cola.

La ley de Hofstadter podría ser la exageración de la ley de Parkinson. En la de Parkinson, un proyecto se expandía hasta ocupar el tiempo programado. Por otro lado, en la de Hofstadter, da igual lo que programes, será insuficiente.

En qué consiste la ley de Hofstadter

La ley de Hofstadter, también llamado “adagio temporal de Hofstadter”, sugiere que, da igual cómo planifiques, el tiempo final que necesitarás será superior al que pensabas. Bien podría ser una ley de Murphy más, si no fuera porque el autor fue premio Nóbel en el 61, y se llevó un Pullitzer en 1980 por su ensayo en el que incluía esta ley (además de muchos otros premios más, algunos relacionados con el sentido cíclico del ser; muy interesante).

Si te fijas, el enunciado de la ley es bastante cerrado, y quizá por eso, bastante falso también. Dice “siempre se tarda más de lo esperado”. Cualquier persona con algo más de experiencia que un bebé habrá vivido situaciones en las que decimos “guau, he tardado menos de lo que esperaba”. Así que la ley no se cumple. Y es que falta contexto.

Originalmente, la ley se relacionó con el desarrollo de software. Un ejemplo es su aplicación a los ordenadores que jugaban al ajedrez. Durante muchos años, un buen jugador de ajedrez podía ganar a un ordenador. Entonces, se propuso que, para que un ordenador ganara a un humano, pasarían unos diez años. Sin embargo, en realidad, faltarían 10 años más. Hofstadter sugirió que esto era una prueba de su ley.

Esta anécdota no nos dice mucho. Al igual que ocurre con el efecto Lindy, este tipo de afirmaciones solo se pueden confirmar cuando suceden. Claro, obviamente, no se hace referencia a ellas cuando no se cumplen. Nos sigue faltando algo, porque un señor tan inteligente no iba a decir semejante chorrada.

La clave está en lo que precisamente no dice la ley. El contexto del libro Gödel, Escher, Bach: An Eternal Golden Braid (1979) describía la dificultad de estimar con precisión el tiempo que toma completar tareas de complejidad sustancial en el campo de la programación de software.

Visto así, la ley de Hofstadter tiene bastante sentido. Incluso podemos trasladar este efecto desde el ámbito de la programación a muchos otros. Cuando planificamos un proyecto complejo, solemos ser demasiado positivos en cuanto al tiempo que nos llevará. De hecho, a mayor complejidad, mayor posibilidad de errar en el cálculo. Uff, menos mal, el pobre hombre estaba sudando a ver si no le insultábamos por simple.

Cómo escapar a la ley de Hofstadter

Ahora que ya tenemos bien definida la ley de Hofstadter, vamos a luchar contra ella. Hay varias formas de hacerlo:

  • No planificar proyectos complejos. Dicho de otro modo, divide y vencerás. Disecciona, delega, descarta, y verás que es mucho más fácil planificar tareas simples.
  • Usa un contexto. El problema de planificar proyectos es que no solemos darle un punto de referencia. Planificar usando el calendario digital, comparando las tareas con otras similares que ya sabemos cuánto tiempo nos ocupan, puede ayudar bastante. Además, si tienes en el calendario todas tus citas y tareas, te será mucho más fácil encajar las piezas. Así evitarás que tu planificación se vaya al traste porque tenías algunas actividades importantes que no tuviste en cuenta.
  • Pon tiempo de margen. Es algo bastante obvio, pero, dado que solemos ser un tanto ingenuos al planificar tiempos, ¿por qué no calcular de más? Ten en cuenta tiempos de desplazamiento, preparación de la tarea, peticiones de recursos a terceras personas, y cuando lo tengas, añade un poco más.
  • La experiencia. Pregunta a otras personas que ya hayan realizado ciertas tareas cuánto tiempo les lleva. Si eres tú el que repite la tarea, registra el tiempo. Te será muy útil para futuras ocasiones.

Me llamó la atención que a esta ley también se le conozca como la “ley del calendario móvil”. Me gusta, porque mover bloques de tiempo en el calendario es precisamente una tarea clave en el método C.A.R.

Creo firmemente que el método C.A.R. puede ayudar bastante a mejorar la planificación de tareas y proyectos. De hecho, en el curso del método he añadido una lección específica para este tema.

En resumen, la ley de Hofstadter es un enunciado más que resume demasiado una realidad, con palabras bonitas, pero sin dar soluciones. La mayoría de ocasiones, alguien la citará incompleta, o la usará como escudo porque no supo planificar bien. Pero intenta imaginar lo que pasaría si de verdad se cumpliera. Casi ninguna empresa ganaría dinero, y la gente tiraría los relojes porque nadie llegaría a la hora estimada. No, por suerte esto no sucede. Pero eso sí, no es casualidad. Detrás de una planificación correcta, hay siempre algo de esfuerzo inteligente. Así que dale caña, planifica, y escapa del sr. Hofstadter.


*Imagen de cabecera: Pexels from Pixabay

Sobre el autor de esta entrada

Jaír Amores
Mi nombre es Jaír y soy de la cosecha del 78. Estoy felizmente casado; tenemos dos preciosas hijas, y vivimos en Las Palmas de Gran Canaria, España. ¡Sí! ¡El paraíso! Desde muy chico, ya me atraía la efectividad. Disfrutaba haciéndome un horario, automatizando tareas. Y… no sé si a ti te ha ocurrido también: me daba cuenta de muchas cosas que podrían hacerse mejor. Me sigue pasando, por cierto. Estoy convencido de que la efectividad y la productividad personal son fundamentales, pero… sin olvidar las cosas importantes de la vida. Porque, ¿de qué serviría mejorar si no nos hace más felices?