Academia de DESARROLLO PERSONAL EfectiVida

La prueba del ladrillo

Una pared con ladrillos

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¿Cuántas palabras vacías salen de nuestra boca? Me refiero a palabras que no tienen ningún, o casi ningún, significado. Palabras que, si no se hubieran dicho, tampoco habría pasado nada.

Una de las cosas que más nos gusta a los que escribimos en un blog, son los comentarios. Se agradece muchÍsimo el apoyo recibido. Al fin y al cabo, es tiempo, que vale mucho. Es exposición de la persona en un sitio público. Son muchas cosas más. Por eso, aunque sean unas pocas palabras, valen su peso en oro.

Te animo a hacerlo. Tiene muchísimas cosas positivas. Practicas la escritura, interactúas con el autor, aportas valor, ganas visibilidad…

Ahora bien, de entre todos los comentarios, hay algunos que destacan. Por ejemplo, los que pasan “la prueba del ladrillo”. ¿En qué consiste? Pues bien…

Si lo que vas a decir, sirve para un ladrillo, mejor no lo digas.

Pongamos un ejemplo sencillo entre 2 comentarios:

Comentario 1: “Excelente”… ¿Sirve para un ladrillo? Sí. 

Comentario 2: “Me ha gustado el artículo porque ha sido directo. En particular el punto x”… ¿Sirve para un ladrillo? No.

Por supuesto, esta prueba también sirve para otros usos de la palabra, como dar encomio a alguien.

Tal y como decía William Golding: “Hay que reivindicar el valor de la palabra, poderosa herramienta que puede cambiar nuestro mundo aun en esta época de satélites y ordenadores.”

*(En este blog, todos los comentarios son bienvenidos. Incluso los negativos. No dejes de hacerlo. Menos da un ladrillo, jejeje. Escuché esta comparación hace un tiempo, y me pareció interesante compartirla. La idea es contar con un pequeño filtro para poder aportar un poco más, si uno quiere y puede, por supuesto) 

Sobre el autor de esta entrada

Jaír Amores
Mi nombre es Jaír y soy de la cosecha del 78. Estoy felizmente casado; tenemos dos preciosas hijas, y vivimos en Las Palmas de Gran Canaria, España. ¡Sí! ¡El paraíso! Desde muy chico, ya me atraía la efectividad. Disfrutaba haciéndome un horario, automatizando tareas. Y… no sé si a ti te ha ocurrido también: me daba cuenta de muchas cosas que podrían hacerse mejor. Me sigue pasando, por cierto. Estoy convencido de que la efectividad y la productividad personal son fundamentales, pero… sin olvidar las cosas importantes de la vida. Porque, ¿de qué serviría mejorar si no nos hace más felices?