La persona más comprometida del mundo

“No” era su palabra favorita. Lo decidió así muy temprano en su vida. Veía a sus padres trabajando duro, cumpliendo sus obligaciones, pero llegando exhaustos a la cama. Comprendió que, a mayor compromiso, menor libertad. Así que se juró que no se comprometería jamás. Ese fue, de hecho, su único compromiso. Uno consigo mismo.

Y así pasaron los años. Aprendió a decir no de forma automática, sin sentir ningún remordimiento. Podía oler el compromiso a distancia, y lo evadía constantemente. Dijo que no a los estudios. Dijo que no a un trabajo fijo. Dijo que no a los clientes. Dijo que no a ese amor que perseguía sus miradas.

Cierto día, sucedió algo que le sacudió.

Sus padres habían fallecido recientemente. Primero su madre. Su padre no pudo soportarlo, y murió meses después. Se habían acabado los ingresos fáciles, pero allí seguía, fiel a su compromiso. Andaba paseando por la playa, sin rumbo fijo. No llevaba reloj ni había nadie esperando. Se fijó en una familia que disfrutaba de hacer volar una cometa. Y entonces lo sintió con claridad. ¡Se les veía tan felices! Le recordó a una ocasión así, en su infancia.

Decidió formar una familia y ser feliz el resto de su vida.

Pronto empezaron los problemas. Su pareja cada vez le pedía más, pero su cabeza seguía meneándose dibujando enormes noes. Quería ser libre como los pájaros, sentir el aire y llevarse por impulsos. Y también quería una familia idílica. Ambas cosas eran incompatibles, claro está. Antes de dar un portazo definitivo, su ya ex, le propinó una frase lapidaria: “¿Sabes? Nunca conocí a nadie tan comprometido con algo. Si tan solo ese algo no fueras siempre tú…”

Lo cierto es que la vida es un equilibrio de compromisos. Todo lo que hacemos, y hasta lo que no hacemos, es una decisión. Puedes evitar comprometerte con algo, pero entonces, no pretendas recibir los beneficios de ese compromiso. Quizá el ejemplo más poderoso es ser padres. Si decides tener hijos, estás firmando un compromiso para toda la vida. ¿No lo quieres? Entonces no disfrutarás de la felicidad de tener hijos.

Obviamente, hay quien no puede tener hijos, aunque quiera el compromiso. En otros casos, sencillamente hay compromisos a los que no podemos acceder. Pero en la mayoría de ocasiones, se trata de una decisión, ya sea en un sentido o en otro, ya sea por acción o por inacción.

Es el compromiso lo que hará que seas constante, que dediques tiempo a aprender, a practicar; que sigas hasta que lo consigas.

Durante años, me he preguntado por qué hay personas que deciden buscar la efectividad personal y sin embargo, a otras personas, aún con perfiles similares, parece no importarles nada en absoluto. La clave está en el compromiso. Es como si hubiera una medida estándar de compromiso para todo ser humano, y decidiéramos gastarlo de diferentes modos.

La persona poco efectiva también se compromete. Solo que con otros asuntos.

Además, si estás comprometido con muchas cosas al mismo tiempo, tendrás poco enfoque. Si te comprometes con pocas cosas, podrás tener resultados más brillantes, pero tendrás que decir no a más opciones.

Claro, puedes comprometerte con cualquier cosa, literalmente. Y aquí hay un punto interesante. Algunos compromisos son más útiles que otros.

En este sentido, estoy convencido de que comprometerse con la efectividad ayuda, y ayuda mucho, porque potencia el resto de compromisos. Efectividad es hacer las cosas mejor, con más eficacia, y con más eficiencia, gastando menos tiempo y recursos.

Por eso, si todavía no lo has hecho, te animo a que te comprometas a buscar la efectividad, a que veas esa familia feliz. Al menos, inténtalo. No te arrepentirás ni tendrás que ver marchar buenas oportunidades mientras recibes un portazo.

*¿Por qué no me cuentas tu caso y vemos cómo aumentar tu efectividad personal? No lo dudes, escríbeme a [email protected]