La paradoja de la productividad

Cuando nos hablan de paradojas, rápidamente pensamos que es algo que nos puede afectar, y que nos va a llevar a un sitio que no nos gusta. Y si hablamos de la paradoja de la productividad… bueno, a nadie le gusta ser poco productivo, ¿no?

Aunque el título lo sugiera, la paradoja de la productividad no es un efecto o sesgo. En realidad, es el nombre que se le dio a algo que ocurrió en las décadas de 1970 y 1980, y que volvió a suceder, a un nivel menor desde la década de 2000 hasta la actual.

Básicamente, lo que pasaba era que se invertía mucho en TI (Tecnologías de la información), pero la productividad no solo no aumentaba, sino que disminuía. ¡He aquí la paradoja!

¿Cómo puede ser que un país como EEUU multiplicara por 100 su capacidad informática, pero su productividad laboral descendiera en más del 3%? ¿Qué estoy haciendo mal?

Las hipótesis de los expertos

Diferentes expertos se pusieron a hacer lo que hacen los expertos para llegar a conclusiones sobre por qué ocurría este desajuste. Las diferentes teorías nos pueden ayudar mucho en nuestra productividad personal.

No te preocupes mucho por los nombres de las «hipótesis». Voy a explicarlo lo más sencillo que pueda. La idea es asemejar todo esto a nuestro día a día y sacar lecciones prácticas.

1. Hipótesis de medición errónea

Me costó mucho entender esta hipótesis. Tiene que ver con que la inflación provoca que los cálculos sean inexactos. ¡Pero esa es precisamente la idea!

He defendido en varias ocasiones que para medir con efectividad algo, hay que pensar muy bien qué quiero medir y para qué, así como elegir con esmero qué métricas nos sirven, cómo tener datos exactos, y de qué forma interpretar los números.

¿Se puede medir la productividad? Ni siquiera una empresa lo tiene fácil. Ahora, ¿se puede medir la efectividad personal de alguien? Más difícil todavía.

Sí, tú sabes si eres alguien efectivo o no, sobre todo de forma comparativa. La idea es que intentar medir nuestra productividad es algo complicado y poco útil. Lo que sí podemos hacer es reflexionar en qué estamos haciendo bien y qué no, y dedicar una tarde en un entorno tranquilo a meditar en cómo estamos viviendo la vida.

El resultado no será una cifra, sino una emoción que te hará moverte del sillón y ponerte a trabajar.

2. Hipótesis de aprendizaje y ajuste

La segunda hipótesis explica la falta de productividad porque cuando uno invierte en conocimiento no ve resultados a corto plazo.

Así que esa reducción en productividad no era consecuencia del avance en esos años en conocimiento y tecnología. En realidad, el crecimiento en productividad se vio años después, justo a finales de los 80.

Suena bastante lógico, ¿verdad? Lo mismo sucede con el aprendizaje de calidad. Por más pastillitas mágicas que alguien te ofrezca para aprender sin esfuerzo, la forma de llegar a un sitio suele ser recorriendo el camino.

Yo ofrezco un curso de productividad personal muy sencillo. El otro día, una persona lo terminó en 2 días, con un 94% de aciertos en el cuestionario final. Incluso puedes ver resultados en poco tiempo. Aún así, es la práctica constante la que te dará un sentimiento de crecimiento exponencial.

3. Hipótesis de redistribución y disipación de beneficios

Esta hipótesis explica que una empresa puede lograr más, pero en conjunto, la industria es la que es. Un ejemplo sencillo es el marketing. Puedes vender más relojes haciendo un buen marketing, pero normalmente habrá una empresa de la competencia que venderá menos por tu culpa. Es un gran pastel. Te comiste un pedazo más grande, y dejaste a otro sin comer.

En el caso de la productividad personal, esto se ve en la cantidad de horas del día: ¿24? Puedes dedicar más horas a un hobbie, pero siempre será en detrimento de otras actividades. Es lo que se llama coste de oportunidad. Hace poco lo llamé también «efecto embudo».

Por eso no se trata solo de ser más productivo, sino de hacer las cosas que de verdad te gustan y te dan resultados.

4. Mala gestión de hipótesis de TI

Aquí el punto es que, supuestamente, las inversiones en TI no son beneficiosas a nivel de empresa. Es como si tu empresa invirtiera en algo que no le va a servir para nada, pero igualmente, invierte.

Este efecto se da mucho en personas que son muy perfeccionistas. Quieren tener todo controlado, hasta el último detalle. Pero no se dan cuenta de que el logo de tu empresa de cosmética es menos importante que el hecho de que fabrique cosméticos.

Una presentación, un informe de ventas, un discurso… son actividades a las que se pueden añadir un sinfín de florituras. Pero, ¿te está llevando eso a ser más productivo?

Mejor hecho, que perfecto.

5. Hipótesis improductivas de TI

Algunos expertos han llegado a una conclusión interesante. Así como la revolución industrial o la mejora en infraestructuras (carreteras, canales, trenes) sí contribuyó a una mayor productividad, en comparación, la era de la tecnología ha servido para poco.

Esto me lleva al tema de las apps de productividad. ¿Sirven para algo? Obviamente sí. Pero mi opinión es su utilidad es poca en comparación con un método de organización personal. De hecho, aunque siempre fui un frikie de las apps y de la informática, llegó un momento en el que entendí que, si aprender y usar algo me llevaba más tiempo que el que me ahorraba, en realidad estaba haciendo el tonto.

Es mi opinión, claro. Pero pregúntate, ¿de verdad esa nueva app te va a ahorrar tiempo? ¿o es una excusa para seguir procrastinando y no ponerte a aprender de verdad?

Es el indio, no el arco.

6. Cambios en la participación del sector económico

Esta teoría explica que la producción sí subió, pero los costes bajaron mucho, y esto redujo el tamaño del sector.

Es decir, más efectividad, y por lo tanto, menos necesidad.

Este es un tema interesantísimo. ¿Realmente necesitas ser más productivo? ¿Hacer más y mejor? ¿O lo que realmente necesitas es ser más efectivo y hacer menos para disfrutar más de la vida? Yo lo tengo cada vez más claro: Me quedo con la segunda opción y me da igual si eso implica que alguien diga que soy menos productivo.

La paradoja de la productividad actualmente

En los años 2000 a 2020, según parece, se volvió a repetir la paradoja de la productividad. Es decir, la cantidad de información y medios disponibles, y el desarrollo de los mismos debería haber provocado un aumento de la productividad. Evidentemente, no sucedió así.

Esta segunda paradoja redefinió algunos conceptos. De todos ellos, me llamó la atención el hecho de que los ordenadores y teléfonos móviles, que se supone deberían ayudar a producir más, se han convertido en distractores, logrando justo el efecto contrario. Nada que alegar.

Sin duda, la llegada de la pandemia ha ralentizado todo, pero también ha permitido que muchos pensemos en las cosas importantes, como la familia, la amistad o el crecimiento personal.

Resumiendo

La paradoja de la productividad consiste en que, aunque parece que estamos mejor preparados, se obtienen menos resultados. En la vida podemos caer en algunas trampas que nos lleven precisamente a esa paradoja. Por eso me gusta tanto la palabra efectividad. Además, al final se trata de hacerlo lo mejor que puedas, seguir creciendo y disfrutar del camino.