¿Existe la ley de Parkinson de la comida?

La ley de Parkinson establece que “el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine”. Se suele aplicar a los proyectos, pero también al ámbito financiero. La ley se cumple con muchísima frecuencia, y es una auténtica pesadilla para la productividad.

Pero, ¿podría aplicar también a la comida?

Ejemplos de la «ley de Parkinson culinaria»

Hoy comí fuera de casa por trabajo. No es lo habitual, pero a veces toca. Intento ir a restaurantes de menú, conocidos también como restaurantes de trabajadores o restaurantes de camioneros (ya sabes, si hay muchos coches y camiones de trabajo aparcados en frente, es que el ratio calidad/precio es bueno).

En un restaurante de menú, al menos aquí, en Canarias, te suelen dar por 12-15€ un primer plato, segundo plato, pan, bebida y postre. Lo curioso es que cuando como en casa, solo hay un plato y postre, que suele ser un yogur. No como pan. Aún así, me quedo satisfecho y hay días que ni siquiera tomo postre. Sin embargo, cuando como de menú, acabo con todo sin problema.

Es decir, “el apetito se expande hasta consumir el plato disponible.”

Esto no es solo una percepción personal. Piensa en los siguientes ejemplos:

  • Si tienes un plato grande, es probable que comas más. Los psicólogos llaman a esto el “sesgo del tamaño del plato”, y estudios de los años 60 demostraron que los comensales se servían entre un 30% y 50% más solo por usar platos grandes.
  • La compra semanal se multiplica según el tamaño del carro. Carro pequeño: compras lo esencial. Carro grande: eres una ONG alimentaria. Esto lo saben los del Carrefour.
  • Tiempo de comida. Si tienes 5 bloques reservados para comer, los usarás. Si cada bloque te permite saborear con paciencia, comerás sin prisa (y más cantidad, claro). Ojo, porque he escuchado a algún conocido decir que su nutricionista le ha recomendado comer 8 veces al día.
  • Tiempo de preparación de la comida. Repostería + 2 horas libres = rebelión del azúcar. Obvio. Si no tienes tiempo para cocinar, es más difícil que haya postre casero ese día.
  • Si sacas un «par de frutos secos» para picar por la noche, puede que acabes arrasando con media despensa. Tu cerebro no entiende si eso es bueno o no, solo piensa: «¡Guau! Tengo un montón de energía disponible. Vamos a por ello, por si acaso mañana se acaba el pan en el mundo».
  • Si te ofrecen algo que te encanta, comerás aún sin hambre. A mí me flipa el arroz a la cubana (plátano frito, huevo frito, papas fritas y arroz, preferiblemente con ketchup del malo). Da igual si ese día no tenía mucho apetito. Devoraré el plato igualmente.

La antítesis

Lo bueno de ver este tema como la «ley de Parkinson culinaria», es que puedes darle la vuelta.

  • Elige el menú de un solo plato (o come en casa)
  • Usa platos más pequeños
  • Reduce la cantidad de veces que comes
  • Compra con una lista (y el carro pequeño)
  • Limita el tiempo que dedicas a cocinar
  • Haz ayuno intermitente por la noche
  • Con lo del arroz a la cubana no voy a luchar; aunque tampoco hay que abusar, que al final, lo rutinario deja de ser especial.

La clave está en primero, conocer lo que ocurre, y segundo, actuar según nos interese.

En resumen:

La ley de Parkinson da mucho juego. Y más allá de que resulte graciosa, el problema es que se cumple con mucha frecuencia. Ya sea en la comida o en la «gestión del tiempo», conocer este efecto y poner algo de control nos traerá beneficios seguro.

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