¿Es realmente efectiva la semana laboral de 4 días?

¿Te gustaría trabajar 4 días a la semana en vez de 5? ¿Te gustaría dar esa opción a tus empleados? ¿Crees que es una opción efectiva para el trabajador y para las empresas?

Recientemente, saltó la noticia de que una gran empresa española, Telefónica, dio a sus empleados la opción de trabajar 4 días en vez de 5. Obviamente, la letra pequeña añade varios puntos importantes. Uno es que, si se elige esta opción, se cobra menos. Así que, aunque para algún empleado pueda parecer interesante, la empresa siempre gana. Casi podríamos estar hablando de una reducción de gastos encubierta.

Obviamente, si como trabajador, te ofrecen cobrar lo mismo, sin perder ninguna ventaja, y trabajando 4 días en vez de 5, yo no me lo pensaría.

¿Es realmente efectivo trabajar 4 días a la semana?

Ahora, más allá de nuestro interés personal, hay una pregunta: ¿es realmente efectivo trabajar 4 días a la semana en vez de 5?

Algunos estudios indican que sí. Pero algo falla, ¿no? Si trabajando 4 días eres más productivo que con 5, ¿por qué no trabajar 1 día solo? O mejor aún, 4 horas a la semana, como dice cierto famoso libro.

Tiene sentido que, al reducir la cantidad de horas que se trabajan a la semana, una persona trabaje más feliz, valore más a la empresa, o se implique más en sus tareas. Y es probable que esta sea la razón de por qué, si medimos una jornada (un día), la productividad haya aumentado. Pero este cálculo tiene poca importancia. Lo que hay que medir no es un día, sino una semana. Y por mucho que aumente la productividad promedio por día, nunca será lo mismo trabajar 4 días a la semana que 5.

Es cierto que hay una ley que parece respaldar el aumento de productividad al acortar plazos. Hablamos de la ley de Parkinson, que establece que “el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine”. Pero esta ley se aplica a proyectos, no a trabajos recurrentes a lo largo de los meses. Así que la ecuación sigue fallando.

Algunos «peros» a las jornadas reducidas

Por otro lado, aunque algunos estudios indiquen que los empleados son más productivos trabajando menos días, habría que señalar un punto importante.

Si eso es realmente así, hay algo evidente. Esas personas no estaban rindiendo al máximo cuando trabajaban 5 días a la semana. Así que surge una pregunta. Cuando se pase la alegría inicial de ese maravilloso cambio, ¿quién puede asegurar que ese mismo empleado no volverá a niveles de productividad anteriores?

De hecho, hay varios casos de empresas que han fracasado al implementar este modelo de jornada reducida. Un ejemplo notable es el entero país sueco, que puso a prueba una jornada laboral de 6 horas. Finalmente el experimento se canceló porque no era rentable.

Las verdaderas razones para reducir la jornada

Entonces, ¿por qué tanta insistencia en trabajar menos horas? ¿hay alguna ventaja?

Creo que sí. Si nos fijamos en los niveles de riqueza en los países del llamado “primer mundo”, veremos que han ido aumentando año tras año, salvo excepciones. Esto es lo lógico en sistemas económicos capitalistas, basados en un crecimiento constante. En otras palabras, cada vez hay más riqueza con menos esfuerzo. De hecho, la jornada laboral de hace 50 años no tenía nada que ver con la actual. Ahora trabajamos mucho menos que antes. Además, la implantación de nuevas tecnologías provoca que el tipo de trabajo requiera mucho menos esfuerzo físico. En resumen, parece que cada vez necesitamos trabajar menos tiempo para generar la misma riqueza.

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Jornada_de_ocho_horas

Otro punto importante es que la población sigue aumentando, y con ella los niveles de desempleo. Ningún país próspero se puede permitir porcentajes de desempleo altos. Para reducir estas cifras, una de las soluciones es que cada empleado trabaje menos tiempo, generando así más puestos de trabajo.

La productividad personal es personal

Estas y otras razones tienen poco que ver con la productividad. Estoy convencido de que la productividad (mejor expresado, la efectividad) es personal. Un trabajador efectivo lo será independientemente de si trabaja 4 días, 5 o 1. El cálculo es el mismo. Si trabajas 1 día, 8 horas, tendrás x resultados. Y si trabajas 2 días las mismas horas, tendrás 2x resultados. Así de sencillo. Puede haber alguna variación, pero será mínima y no afectará demasiado al resultado global.

Este compromiso personal explica por qué a algunas empresas sí les ha funcionado reducir la jornada semanal. Si tienes a un empleado productivo, y le ofreces reducir su jornada a cambio de que estire su productividad, puede que funcione. Sin embargo, la realidad es que la mayoría de las empresas ni se plantean reducir su jornada laboral.

Como decía al principio, si a mí me ofrecieran trabajar 4 días en vez de 5, ganando lo mismo y sin perder las condiciones actuales, no me lo pensaría ni 2 segundos. Y por supuesto que me implicaría más en el tiempo que dedico a mi trabajo. Pero este cambio no haría de mí una persona más productiva. Simplemente, estaría repartiendo mi energía y foco de manera distinta.

Mucho me temo que las decisiones empresariales que van en la línea de reducir las jornadas de los empleados no tienen demasiado que ver con la productividad que esperan de los mismos, sino con otros intereses, más o menos justificables. Lo más probable es que, si este mundo sigue girando, la jornada laboral continuará reduciéndose, al mismo tiempo que también lo hará la productividad personal.

Y aquí viene una reflexión. En un mundo donde cada vez se trabaja menos, y la efectividad brilla por su ausencia, a poco que te esfuerces y mejores tu productividad, te será fácil destacar.

Finalmente, una reflexión más. Sé proactivo, no reactivo. No esperes a que tu empresa tome decisiones. Decide tú por ti mismo cuán productivo quieres ser, tanto en tu vida laboral como en tu vida personal. La efectividad personal es, y será siempre, una cuestión personal.