Entrenando la motivación

¿Hay algo que te gustaría convertir en hábito pero que se te resiste? A mí me gustaría tener una rutina de hacer ejercicio.

He intentado de todo (disparador, recompensa, castigo, preparar el terreno, quitar resistencia, programar bloques, buscar el por qué…)

He leído y he escrito mucho sobre motivación y planificación de objetivos, pero nada… me sigue costando horrores.

Llevo semanas pensando en el tema sin llegar a una conclusión útil. ¿Cuál es ese click que permite que hagas lo que te propones? De pronto, mientras iba conduciendo hacia el sur de la isla donde resido, me vino un destello. O más bien, una sucesión de flashes encadenados.

Recordé una cita del libro “Maestría” donde dice que el entrenamiento y la práctica son necesarios, y que sin ellos, nos conducimos a un mundo donde nadie estará dispuesto a hacer el sacrificio mínimo para tener una habilidad superior.

Me vino también a la cabeza la idea del libro “Inteligencia emocional” que explica que los jugadores de baloncesto repiten un movimiento una y otra vez hasta que en un partido, ese movimiento les sale solo.

También recordé los movimientos repetitivos que debes hacer al aprender a tocar un instrumento como la guitarra o el piano. Esas repeticiones te permiten colocar los dedos en posiciones imposibles para alguien que no ha practicado nunca. Ahora mismo estoy escribiendo a una velocidad bastante alta gracias a que en su día aprendí mecanografía. Es algo que no me cuesta nada, y muchas veces lo hago sin ser consciente.

Me imaginé a un estoico decidido a hacer lo que cree que debe hacer, por muy duro o difícil que sea.

Me vinieron a la memoria algunos artículos que explican que los logros y habilidades no suelen ser trasladables. Es decir, hacer muchos crucigramas no te convertirá el alguien listo, sino simplemente en alguien que hace bien crucigramas.

No sé muy bien qué relación tiene, pero me acordé de un artículo que publiqué sobre la resiliencia, en el que proponía varios niveles de entrenamiento para desarrollar esta capacidad. Recientemente había leído una propuesta de una persona que preguntaba si era bueno hacer cosas con la mano contraria a la dominante, como intentar escribir con la mano izquierda si eres diestro.

De alguna manera, todos los puntos se conectaron, y surgió una idea. ¿Y si el problema no está en hacer ejercicio? ¿Y si la motivación no depende de trucos sino de una actitud? Mejor aún. ¿Podría ser una actitud entrenable?

¿Has observado personas que parece que hacen lo que tienen que hacer con facilidad? Seguramente llevan practicando mucho tiempo. Es una forma de vivir, una filosofía de afrontar retos. ¿Qué tengo que hacer? ¿Esto? Pues lo hago, y punto.

No estoy seguro de que yo sea una de esas personas. Al menos, tengo claro que no soy así en lo que respecta a lo de hacer ejercicio. Supongo que cada cual tendrá sus batallas.

Probablemente el problema esté en que, comparativamente, es más fácil ponerme a hacer otras cosas interesantes que salir a correr. Pero… ¿podría entrenar mi actitud de algún modo? ¿podría buscar cosas sencillas en las que romper esa barrera de la comodidad? ¿me permitiría esto, con el tiempo, ponerme objetivos difíciles y cumplirlos?

Dicen que el cerebro funciona por patrones. ¿Sería capaz de formar un patrón de conducta que me sirviera, no solo para correr, sino para darle una patada a cualquier piedra en el camino?

Lo cierto es que no lo sé. Tengo que pensar más en esta idea y hacer algunas pruebas. Debería elaborar algún esquema mínimo de rutinas sencillas, con varios niveles de dificultad.

He pensado algo sencillo para empezar: subir escaleras en vez de usar rampas mecánicas o ascensores. Lo he probado varios días y me ha hecho sentir bien, la verdad. Quizá estaría bien tener un plan de trabajo con tiempos propuestos, tipo “Nivel 1 durante una semana” o algo así. Debo seguir regando esta semilla. Más adelante te comentaré qué tal ha ido. De momento, ¿Qué te parece a ti?