El interés compuesto del aprendizaje

¿Te gusta aprender? La forma en que aprende el ser humano es fascinante. Y seguimos aprendiendo a aprender, lo cual es todavía más increíble. La ciencia sabe mucho de la manera como aprendemos, aunque por desgracia, ese conocimiento se aplica poco.

Ahora, ¿te gustaría aprender más y mejor? Vamos a intentar aplicar un concepto muy interesante al aprendizaje: el interés compuesto.

Qué es el interés compuesto

Si todavía no te has ido, debe ser por 2 motivos. O bien ya sabes lo que es el interés compuesto, o bien confías en que te de una explicación sencilla. Lo voy a intentar.

Creo que la definición técnica más corta que he encontrado es esta: el interés compuesto es acumular rendimientos sobre rendimientos anteriores. También está la fórmula:

FV = P (1 + r / n) Yn

*Donde P es el principal inicial, r es la tasa de interés anual, Y es el número de años invertidos y n es el número de períodos de capitalización por año. FV es el valor futuro, es decir, la cantidad a la que crece el capital después de Y años.

Vamos a ilustrarlo. Tienes 10€ invertidos. Cada año, esos 10€ te dan un 10% de interés, es decir, 1€. Dicho de otro modo, gracias a tu inversión, cada año ganas 1€. Pero, en vez de gastártelo, inviertes ese euro junto con los 10 que ya tenías. Así que tienes 11€ invertidos. El interés no cambia. Sigue siendo un 10%. Pero ahora, el segundo año, ganas 1,1€. Al final de cada año, inviertes lo ganado. Y de esa forma, con una inversión inicial de 10€ y con un interés fijo del 10%, obtienes lo siguiente:

  • Pasados 10 años, tienes 25,94€.
  • Pasados 20 años, 67,27€.
  • Y pasados 30 años, 174,49€.

Ojo, sin hacer ab-so-lu-ta-men-te nada.

Juguemos un poco más. Supongamos que, además de dejar esos 10€ iniciales que trabajen solos, cada año, metes un euro más. Así, obtendrías lo siguiente:

  • Pasados 10 años tendrías 43,47€.
  • Pasados 20 años, 130,28€
  • Y pasados 30 años, 355,44€

*Tienes una calculadora online de interés compuesto aquí.

Cómo funciona el aprendizaje

Vale. Ahora que sabemos de qué va eso del interés compuesto, vamos a intentar encajarlo con el aprendizaje. Básicamente, nuestro cerebro tiene 2 tipos de memoria, que funcionan como almacenes de información.

  • Está la memoria de trabajo (también llamada de corto plazo). Tiene muy poca capacidad. Su misión es sacar datos de la memoria principal, o bien meterlos.
  • Luego está la memoria a largo plazo. Tiene una capacidad enorme. De momento, no se ha encontrado límite. Funciona por asociación y/o evocación. Cuando hueles un perfume, tu memoria a largo plazo saca los archivos relacionados con ese perfume, ya sean personas, momentos, lugares… Cuando respondes las preguntas de un examen, evocas lo que hay en tu memoria; digamos que lo sacas para usarlo.

Hay algunas ilustraciones que nos ayudan a entender cómo aprendemos. Me gustan sobre todo 3:

  • El dedal y la bañera. Lo aprendí hace poco, en el libro “Superficiales”, de Nicholas Carr. La memoria de trabajo es como un dedal, y la memoria a largo plazo es como una bañera enorme. Al aprender, lo que hacemos es llenar la bañera a dedales.
  • El perchero. Esto lo encontré en un artículo del blog bakadesuyo.com. Nuestro cerebro es como un enorme armario. Cuando aprendemos algo nuevo, es como si metiéramos una percha. A partir de ese nuevo conocimiento, podemos ir metiendo más datos. Si están relacionados con la percha que ya metimos, se quedarán enganchados. Así, más perchas, más aprendizaje.
  • Los senderos de la selva. No recuerdo si lo aprendí en algún sitio, y en su caso, dónde. Fue una de las primeras entradas de la web. Ahí comparé el cerebro a una gran selva. Cuando aprendes algo nuevo, es como si fueras con un machete abriendo un camino. Si caminas mucho por el mismo sitio, con el tiempo se formará un camino. Pero si dejas de usarlo, se llenará de plantas y tendrás que trabajar de nuevo el día que quieras recorrerlo. Así funcionan los patrones neuronales.
  • La memoria RAM. Este es un ejemplo muy usado, aunque lo entenderán mejor aquellos que saben algo de informática. La memoria RAM es una memoria volátil. No graba datos, sino que está escribiendo constantemente, sobre sí misma. Lo que hace la memoria RAM es pasar datos de un sitio a otro. A mayor memoria RAM, más funciones y más velocidad tendrá tu ordenador. Por ejemplo, si quieres que en tu monitor se vea una imagen de 8mg, y quieres que se vea muy rápido, tu memoria RAM tiene que tener, como mínimo, esa capacidad.

Conclusiones sobre el aprendizaje

Teniendo a mano estas comparaciones, podemos ver claramente que nuestro aprendizaje está limitado por diferentes factores.

De entrada, la ciencia sabe que la memoria de trabajo es muy rápida, pero muy escasa.

Lo ideal sería llenar la memoria de trabajo, pasar datos a la memoria a largo plazo, y repetir el proceso hasta el infinito. Pero esto no serviría para nada, porque para aplicar el conocimiento que tienes, necesitas sacar datos y usar tu memoria de trabajo.

Tampoco puedes llenar tu memoria de trabajo de cosas nuevas, que no entiendes, y sin relación con lo que ya sabes, pues al pasar a nuestra memoria a largo plazo, si no encuentra una percha donde colgarse, ese conocimiento se perderá.

Por contra, si siempre estás usando tu memoria de trabajo para llenarla de cosas que ya sabes, estarás desperdiciando su capacidad, porque tu cerebro no aprenderá nada nuevo. Además, recuerda que los patrones neuronales se mejoran con su uso, no con meter los mismos datos.

Y aquí viene la gran pregunta: ¿Cuál es la relación ideal entre aprender algo nuevo, relacionarlo con algo que ya sabemos, y ocupar de manera efectiva el ancho de banda de nuestra memoria de trabajo?

El aprendizaje y el interés compuesto

Ta tan ta tan. Viene al rescate el interés compuesto.

Imagina tu cerebro como tu propio banco. Uno de los buenos, que te quiere, que te da beneficios. Conociendo lo que sabes del interés compuesto, ¿qué crees que habría que hacer?

Exacto. Ir metiendo información nueva, fresca, periódicamente.

En el ejemplo inicial pusimos un interés fijo del 10%. La realidad es que eso es difícil de conseguir. La mayoría de inversiones tienen un interés variable. Pero los buenos inversores saben manejar el largo plazo. Saben que, por mucho que un día baje una acción, si la empresa que hay detrás es sólida, pasado un tiempo razonable, la acción seguirá subiendo.

Con el aprendizaje sucede lo mismo. El ideal sería encontrar la proporción correcta entre algo nuevo, que esté relacionado con algo que ya sabes. Eso daría el máximo rendimiento. Pero en realidad, da igual. Lo que importa es el largo plazo.

Si todos los días aprendes algo nuevo, poco a poco, el interés compuesto hará su magia, y cada vez sabrás más y más.

Este es el secreto de las personas que parece que saben de todo. Y no “de todo un poco”, sino de todo, bastante. Llevan muchos años aplicando el interés compuesto del aprendizaje.

Y esta es también, la razón de por qué algunas personas se quedaron estancadas en el nivel del instituto, y hasta parecen saber menos cada día. No dedican tiempo a aprender.

Así que sí, este artículo es una forma tremendamente elaborada de decir algo muy sencillo. Dedica algo de tiempo, siempre que puedas, a aprender algo nuevo. Lee libros, escucha podcasts, haz cursos, practica lo aprendido. Reinvierte.

No desperdicies tu capacidad de aprender absorbiendo material repetido, información que no podrás aplicar nunca. En vez de eso, aplica el interés compuesto del aprendizaje.

*Imagen de Steve Buissinne en Pixabay