El final no es importante

Solemos ver el final de las cosas. El aparente éxito de alguien, su mejor foto, su madurez. Pero en realidad, los finales son lo de menos. Son mucho más importantes los inicios.

  • Es la primera copa la que debe evitar el alcohólico.
  • Son los primeros segundos de un discurso los que determinarán la atención del público.
  • Es la primera impresión la que te abrirá la puerta.
  • Lo que haces al principio del día influirá en cómo será ese día.
  • La portada de un libro hará que lo compres (o no).
  • Puedes desviar el naciente de un río, pero es casi imposible hacerlo con la desembocadura.
  • Es difícil enseñar a un hijo adolescente, pero cuando es pequeño, es una esponja cognitiva.
  • La elección de una puerta o de un camino te llevará a finales distintos.
  • Una flecha que no sale bien del arco no dará en la diana.
  • Puedes guiar una plantita, pero un árbol torcido será difícil de enderezar.
  • Es el despegue de un cohete lo que asegurará que llegue lejos.

Con la efectividad personal sucede lo mismo. Muchas personas empiezan por el método y se complican la vida con la elección de la aplicación perfecta. Pero ese no es el principio. Así que terminan haciendo muy bien algo que quizá no es necesario, no les llevará a lograr sus objetivos, o peor aún, algo que en realidad no desean hacer. Y es que lo que mal empieza, mal acaba.

Durante algún tiempo tuve dudas al respecto, pero después de pensar en el tema y observar el comportamiento de personas que se acercaban al mundo de la organización personal, llegué a una conclusión: lo primero es determinar el por qué. ¿Por qué quieres ser más productivo?

¿Para ser como alguien? ¿Para producir más para personas que no se lo merecen? A veces la solución no está en hacer más y mejor, sino en hacer menos, en hacer lo esencial. Pero para identificarlo hay que diferenciar entre lo vital y lo banal.

Por eso el curso del método C.A.R. comienza por definir las prioridades. La mayoría de personas escriben estas 5:

  1. Salud
  2. Trabajo
  3. Amistad
  4. Familia
  5. Espiritualidad

Una vez definidas estas prioridades, ahora sí, comenzamos a ver cómo funciona el método. Y de nuevo hay quien se quiere adelantar a la jugada, y comienza a aplicarlo. Pero hay un paso más. Recuerda, los inicios… Hay que montar el sistema. Debemos trasladar nuestras actividades habituales a la nueva forma de organizarlas.

Bien, ya conocemos de qué va el método, tenemos todo listo, y ¡pum! Otra vez pretendemos aplicar, llegar al final. Y entonces viene una lección: ¿Dónde están las prioridades?

En casi todas las formaciones presenciales que he hecho ha sucedido lo mismo. Todo el mundo tiene claro lo que quiere. Además, el método es sencillo de aprender, y es relativamente fácil montar el sistema inicial para empezar a trabajar. Pero entonces se pide al alumno que muestre en su calendario los bloques de tiempo que ha reservado para sus prioridades. ¿Y dónde están?

¡Ups!

El problema es recurrente. Basamos nuestro horario en lo que «hay que hacer», en los resultados, en los finales. Una vez más, lo importante son los inicios, las prioridades. Los finales dependerán de eso.

En muchos casos se nos van los días inmersos en actividades de las que ni siquiera recordamos su inicio. Un buen ejercicio es preguntarnos: «¿Cuántas de las tareas que efectúo tienen que ver con mis principios, con mis prioridades?»

Claro, no se puede iniciar lo que ya se inició. Por eso la inercia nos lleva a una gestión de nuestras actividades continuista. Y por eso, en el curso del método C.A.R. te animo, no solo a realizar una primera evaluación de tus prioridades y transformarlas en bloques de tiempo, sino también a programar un bloque periódico, quizá cada 6 meses o 1 año para revisar esas prioridades. Quizá hayan cambiado, o a lo mejor nos hemos dedicado a borrar y trasladar justo los bloques relacionados con lo que queríamos en un inicio, sacrificando así nuestras prioridades.

Volvamos a los inicios.

Resumiendo

Al igual que el sonido nace en el silencio, los finales dependen de los principios. El principio es lo más importante, y muchas veces determina irremediablemente lo que ocurrirá al final. En nuestra organización personal debemos determinar las prioridades al principio, antes incluso de comprender o implementar un método. Después periódicamente, tocará reevaluar nuestros inicios, ajustar el timón para llegar a puerto.