El enemigo conoce el sistema y la civilización de memoria de pez

Acabo de terminar 2 libros con títulos dispares, pero con contenidos similares. El primero, «El enemigo conoce el sistema», de Marta Peirano, comienza hablando sobre cómo los perfumes pueden influir en tus decisiones de compra. El segundo, «La civilización de memoria de pez», de Bruno Patino, comienza hablando sobre la famosa charla TED donde se dice que el ser humano tiene ahora mismo menos memoria que un pez.

A pesar de inicios y títulos tan diferentes, el contenido de ambos gira en torno a lo mismo. Los dos libros son un buen inicio si quieres bucear un poco y conocer lo que se cuece en las profundidades de internet.

En mi caso, ya tenía algunas nociones de lo que sucede en los algoritmos. Hace ya meses que abandoné las redes sociales por no aceptar sus reglas. También conocía cómo el gobierno y las empresas privadas nos monitorean de mil formas distintas.

Sin embargo, la lectura de estos dos libros me fue causando un «guau» constante. El efecto fue provocar en mí una mezcla de terror, respeto y frustración. Por supuesto, una vez superado el tortazo inicial, el conocimiento resultante te ayuda a tomar mejores decisiones en cuanto al uso de la tecnología. Conocer para saber.

El enemigo conoce el sistema

Entre otras joyas, el libro «El enemigo conoce el sistema» te explica cómo funciona realmente internet. Cómo se creó, y cuáles fueron los actores implicados. También habla de la evolución espectacular de los algoritmos y del machine learning.

Te pongo un ejemplo. El libro explica cómo, desde un satélite se puede calcular con exactitud los granos de maíz que crecerán en una mazorca plantada en un campo, da igual donde esté. Además de eso, los satélites pueden medir otros indicadores, como la clorofila. Sin duda, es asombroso que un objeto que orbita a un montón de distancia, y que ni siquiera podemos ver, tenga una definición tal.

¿Y para qué sirve esto? Pues bien, las empresas de suministros agrícolas compran los datos de estos satélites, que se han mezclado en una coctelera junto con otros muchos datos. Referencias climatológicas de un montón de años, tasas de crecimiento del maíz, listados de precios en el mercado, y un montón de datos más. La coctelera se agita, se añade machine learning, y voilá. Puedes saber con total exactitud cuánto puedes cobrarle al pobre granjero que no sabe si su cosecha será buena este año o no.

Otro ejemplo que me llamó la atención trata de cómo se está usando el reconocimiento facial, gracias al entrenamiento de miles de móviles que se desbloquean cuando les enseñas el rostro. Este y otros sistemas de recopilación de datos biométricos, cuando se juntan y se asocian a una persona y todo lo que hace en internet, sirven para crear un perfil enormemente completo. En plan novela distópica, uno de los usos de esta tecnología es el sistema de puntuación que el gobierno chino ha instaurado en sus habitantes. Con este sistema, entre otras cosas, se restringen privilegios y/o derechos dependiendo de tu «nivel» de buen ciudadano.

Te podría poner un montón de ejemplos más que me dejaron con la boca abierta, pero no quiero desvelarte el libro.

Sin duda, este libro es un recopilatorio de investigación digno de admiración. 100% recomendable.

La civilización de la memoria de pez

El otro libro, «La civilización de la memoria de pez» es un buen complemento. Es un libro más breve, y coincide en algunas cosas con el anterior. Algo en lo que están de acuerdo es que los fundadores de las redes sociales y las compañías que manejan los hilos de internet saben muy bien lo que están haciendo. Lo saben ahora, y lo sabían desde el principio.

Un punto que para mí fue muy relevante en este segundo libro es el concepto de burbuja del tiempo. Se habla mucho de que las aplicaciones y redes sociales están traficando con nuestra atención. Y así es. El punto está en que, sin tiempo, no hay atención. Un ejemplo que me impactó es el de las aplicaciones de productividad. Nunca he estado de acuerdo con ellas. Hace unos años llegué a una conclusión: si una aplicación me requiere más tiempo del que me va a ahorrar, no me sirve.

Pues bien, hay un subtítulo en el libro que dice algo interesante:

El equilibrio imposible

Captar el tiempo de los usuarios conectados proponiéndoles ganar tiempo constituye la paradoja insoluble de la economía de la atención. Es un círculo vicioso e infinito, en el que el humano consume cada vez más tiempo para producir cada vez más tiempo. Este proceso de producción lleva aparejado un mecanismo de desposesión, ya que de paso se construye un vínculo de dependencia respecto a la herramienta digital que conquista, transforma y produce el tiempo.

La civilización de memoria de pez, Bruno Patino

En otras palabras: la aplicación te ayuda a ahorrar tiempo, siempre que le dediques tiempo. Así, se va formando una burbuja imposible, en la que cada vez somos más productivos, pero a costa de no tener tiempo.

Me alegró ver definida esta cuestión, porque cuando proyecté el método C.A.R. una de las premisas era no depender de aplicaciones de productividad. Cuanto más tiempo pasa, más convencido estoy de que, en la mayoría de los casos, son una auténtica pérdida de tiempo y una excusa para procastinar. No tanto por sus funciones prácticas, sino porque detrás está una empresa que lucha contra las redes sociales, los periódicos online y un montón de contrincantes más, para conseguir tu atención. Son como una especie de banco, que te dan un préstamo siempre que tengas el dinero, con la condición de que se lo devuelvas con intereses.

Para mí, la aplicación perfecta sería de un único pago. Sería simple, sencilla, sin complicaciones, fiel a la metodología. Se actualizaría muy pocas veces, y solo para reparar errores, mejorar diseño o para añadir compatibilidades, no funciones. Las funciones serían definidas desde un inicio, permitiendo al usuario pasar por una curva de aprendizaje fácil y única. Claro, esta aplicación no existe. Quizá algún día.

Volviendo al libro, otro mensaje que contiene el libro «La civilización de la memoria de pez» es el de la desproporcionada injusticia que se está viviendo en internet. Una cita que me encantó es que «internet es una democracia en la que algunos votan una vez y otros mil veces». Así es.

Citando del investigador Ethan Zukerman, del MIT, en internet hay 4 familias que dominan internet:

  • Los agentes de desinformación, potencias extranjeras, y grupos de interés económico o político.
  • Los anunciantes que intentan desacreditar a la competencia o engañar al consumidor.
  • Los obsesionados con conspiraciones y otros iluminados, que esparcen sus creencias.
  • Los robots que adoptan identidades de usuarios.

Claro, faltamos tú y yo, pero somos tan pocos en comparación, y hablamos tan bajo, que no se nos tiene en cuenta. Las redes de internet actúan como una lavadora, en donde se mezclan estas cuatro familias con el resto de los mensajes. Los algoritmos hacen su trabajo, y potencian todavía más los mensajes falsos y los anuncios pagados. ¿Resultado? Estamos viviendo una auténtica era de posverdad.

Citando también del libro, «los retiros espirituales de los monasterios han cambiado de naturaleza: antes había que escapar del mundo para encontrar a Dios. Ahora hay que escapar de los estímulos electrónicos simplemente para encontrarse con uno mismo».


En resumen, dos libros muy interesantes, que te ayudarán a comprender mejor cómo funciona internet y las redes sociales. No creo que ninguno nos vayamos a vivir a una cueva llevando puesto un sombrero de plomo, pero al menos, si estamos informados, podremos tomar decisiones sensatas sobre lo que hacemos cuando estamos delante de una pantalla.