El camino de la efectividad personal es el estrecho

¿Te gusta la efectividad personal? Seguro que sí. En caso contrario, no estarías leyendo esto. Ahora, permíteme otra pregunta: ¿te parece que has escogido el camino ancho o el camino estrecho? A veces, los esfuerzos que tú y yo hacemos por mejorar nuestra productividad pudieran parecer sin sentido, sobre todo cuando nos comparamos con personas a las que parece importarles muy poco la efectividad. ¿Es así?

El camino ancho y el camino estrecho

Aunque vivo en Gran Canaria (tierra y gente que amo profundamente), nací en Madrid. Así que con frecuencia, viajamos a la capital de España, ahora en plan visita a la familia aderezada con un poco de turismo. Caminar por las calles del centro es algo impresionante. Ahora la pandemia ha cambiado la estampa, pero normalmente aquello se podría dibujar como ríos de gente. Miles y miles de personas caminando, cada cual a lo suyo, como si fuera una marabunta. Es una sensación extraña.

Aquí en Gran Canaria, uno de nuestros hobbies como familia, es hacer caminatas en medio del campo. Es una isla montañosa, así que casi siempre hay que recorrer veredas empinadas. Eso sí, las vistas cuando llegas arriba no suelen defraudar. Ver el Roque Nublo, con el Teide enfrente, encima del mar de nubes, no tiene precio (lo puedes ver en la foto de cabecera). Sobre todo, es espectacular cuando respiras esa tranquilidad única de llegar a sitios alejados de las masas.

¿Te fijas? Camino estrecho, camino ancho. En la vida, este símil se suele cumplir en diferentes situaciones. Y la efectividad personal no iba a ser menos. Y si no, piensa:

  • La mayoría de la gente no se organiza. Simplemente, siguen la corriente, allá donde les lleve, dejándose arrastrar por solicitudes ajenas, contestando emails, dedicando el tiempo a las redes sociales, o viendo el programa de moda. Por contra, las personas efectivas, aquellas que organizan su vida de tal forma que se aseguren de cumplir con sus prioridades, haciendo primero lo importante… esas, suelen caminar solas.
  • En el camino ancho, la gente se siente acompañada. Eso no es sinónimo de estar en compañía. Aunque les rodean miles de personas con las mismas inclinaciones, puedes sentirte solo en medio de un montón de gente. Esos momentos de lucidez suelen ser angustiosos, y lo fácil es volver al redil, a hacer lo que todo el mundo hace. Por contra, la persona efectiva suele ser el «bicho raro» del grupo, el «listillo» de la familia. Aunque a veces puede ser frustrante, la persona efectiva disfruta de su soledad, y cuando encuentra a otro de la tribu en el camino, uff, es un placer enorme.
  • El mundo alejado de la productividad personal camina lento. Es normal. La burocracia, las tareas sin sentido, el presentismo, la falta de definición de objetivos… hacen que se consigan muy pocos resultados. Son muchos, pero poco efectivos. Sin embargo, en el camino estrecho, la persona efectiva se beneficia del foco y de la claridad. El camino no es amplio, pero es suficiente para que se transite sin problemas. Se ve muy bien el objetivo, e incluso a lo lejos se pueden ver esos ríos de gente. Desde la altitud se ve mejor el bosque, y se consigue llegar a la meta disfrutando también del camino.
  • El camino ancho es llano, amplio. Casi se podría caminar sin mover los pies, empujado por el resto de transeúntes. Tampoco hay que pensar en nada. Puedes tomarte unas cervezas y deshinibirte hablando de cualquier tema intrascendente. En el camino estrecho las cosas son distintas. Hay que esforzarse, mantener el equilibrio en los pasos estrechos, rehidratarse. La mejora personal es continua, y exige formación continua e implicación. Eso sí, para muchos, superar las dificultades es, en sí mismo, una fuente de bienestar.

¿Qué camino es mejor?

Esta es una pregunta aparentemente fácil. Es obvio que el camino estrecho es el mejor. Pero…

Obviamente, la mayoría no lo ve así. Además, si todos escogieran el camino de la efectividad personal, dejaría de ser un camino estrecho, con pocos caminantes. De hecho, si todo el mundo fuera efectivo, la efectividad carecería de sentido, pues no habría una diferencia de niveles. Habría que inventar un camino más estrecho y más difícil todavía, y así hasta el infinito y más allá.

El punto de la efectividad personal, su ventaja, es precisamente que hay muchos que prefieren optar por el camino fácil.

Así que la cuestión es que es una decisión personal. Unos deciden el camino ancho, y otros el estrecho. Ahora bien, ¡ojo con esto! No es una decisión personal si no conocemos ambos caminos. Es decir, si nadie nos enseñó nunca que hay una forma mejor, más efectiva de hacer las cosas, estamos en una desventaja enorme, pues lo más normal es que vayamos por el camino ancho, pero además, dormidos. Es por esto que, si eres padre o madre, deberías ir corriendo a enseñar a tus hijos todo lo que sabes sobre efectividad.

Claro, por más que una persona sepa que existe la efectividad, puede preferir una vida más cómoda. Es su decisión.

En la ilustración original, el camino ancho lleva a la destrucción, mientras que el estrecho, a la vida eterna. El mundo de la efectividad no es tan drástico. De hecho, si tuviéramos vida eterna, con recursos y tiempo ilimitados, la efectividad (que implica gastar pocos recursos, incluyendo el tiempo), carecería de sentido.

Eso sí, es bueno plantearse a dónde llevan ambos caminos: el ancho de la inefectividad, y el estrecho de la efectividad personal.

Seguramente el camino ancho de la falta de efectividad lleva a ningún sitio. Pero cuidado, porque ser efectivos sin saber por qué, ni para qué, puede ser tan peligroso como ir por el camino ancho. Incluso nos puede llevar al lugar equivocado.

Por eso, si tú también estás en el camino estrecho de la efectividad, te animo a respetar a quien quiere ir por otros andurriales. Mientras, nosotros a lo nuestro.

Busca un objetivo noble, y disfruta la experiencia. Las vistas son inmejorables.

Resumiendo

En muchos ámbitos de la vida, hay que decidir entre el camino ancho y el camino estrecho. En el mundo de la efectividad personal sucede lo mismo. La mayoría prefiere «vivir la vida» sin preocupaciones. Pero hay quien decide buscar la manera de hacer mejor las cosas. Es una decisión. Lo más importante es que, con conocimiento de causa, disfrutemos de la experiencia y lleguemos a donde nos propongamos.