Por qué no puedo dejar de pensar en el trabajo (la diferencia entre controlar y planificar)

El otro día escuchaba el podcast Productividad digital, de Diego Villavicencio (te lo recomiendo), en el que expresaba su lucha contra su mente. A pesar de ser alguien tremendamente organizado, no podía dejar de pensar en el trabajo. ¿Te ha pasado esto a ti también? ¿Cómo dejar de pensar en las tareas pendientes?

Hay algunas estrategias que parecen funcionar, como el mindfullness, establecer horarios, programar actividades de ocio, preferiblemente en la naturaleza, etc. Pero en este artículo me gustaría escarbar un poco e ir a la raíz.

Para ello, vamos a diferenciar entre control y planificación.

“Lo tengo todo controlado”

Hay personas que capturan cualquier idea que se les viene a la cabeza. ¿Se me ocurrió algo que puedo mejorar en cierto proceso? Lo anoto. ¿Hay un cliente al que tengo que llamar y me he despistado? Lo anoto. ¿Se podría mejorar la carta de ventas y ya sé cómo hacerlo? Lo anoto. De esta manera, despejan su cabeza y vuelcan toda la información a un soporte externo. Bien. Eso es control.

También hay personas muy organizadas que tienen listas de tareas. Anotan en esas listas todo lo que quieren hacer. Genial. Eso es control.

Incluso hay quien va más allá. Usan aplicaciones avanzadas y organizan esas listas por contextos gracias a etiquetas, colores, y un montón de virguerías más. Algunos también ordenan las tareas por tipos de actividad y… bueno. Hay muchas cosas que se pueden hacer con aplicaciones digitales. Perfecto. eso es control.

Todo ese trabajo, que está muy bien, es control. Ahora sabes lo que tienes que hacer. Lo tienes capturado, organizado y ordenado. Ahora bien, ¿cuándo lo vas a hacer? ¿tienes algún plan? Exacto. Está todo controlado, pero no planificado.

Esta es la razón de por qué tu mente no deja de pensar en lo que tiene pendiente. Porque está pendiente, y gracias a todas esas aplicaciones y listas, lo sabes.

Capturar y planificar

Ahora piensa en otra estrategia distinta. Has capturado varias ideas muy chulas. Después, te has sentado a analizarlas. Finalmente, has programado bloques de tiempo concretos, definiendo los pasos a seguir. Has decidido que eso se hará dentro de varias semanas. Ahora está controlado… y planificado. Para tu mente no es lo mismo. Ya no se tiene que preocupar. No hay nada que hacer con esas tareas. Se harán cuando tú has decidido hacerlas. Así que, a otra cosa mariposa.

Esta forma de control y planificación es la que te permite irte al parque con los chiquillos sabiendo que tienes la tarde libre, y que las próximas acciones están planificadas.

¿Y qué pasa si se te ocurre otra idea que va a cambiar el mundo? La capturas. Punto. Ya la analizarás. De momento, solo tienes que anotarla. Porque tu mente confía en tu sistema. Sabe que esa idea está a salvo y que dentro de unas horas, te sentarás a analizar y a planificar.

Una ventaja más de planificar y no solo de tener control, es que puedes decidir con más base si podrás o no realizar una tarea o un proyecto. ¿Por qué? Pues porque, al tener todo planificado, vas a ver rápidamente si tienes la capacidad de llevar a cabo esa tarea. En caso de que no puedas con ella, habrá que rechazarla. Una vez más, aquí no es cuestión de tenerlo controlado, sino de planificar y decidir eliminar.

Planificar te permite descansar

Este tipo de control y planificación es lo que se practica con el método C.A.R. Y te puedo hablar por mi propia experiencia. Mi mente nunca para. Siempre le estoy dando vueltas a algo. Pero, ¿sabes qué? Rara vez estoy pensando en el trabajo fuera de horas de trabajo. Bueno, en realidad, rara vez estoy pensando en las tareas pendientes. Simplemente, reviso mi calendario, y voy trabajando. Mi mente está concentrada en hacer, o en maquinar nuevas ideas.

En resumen, no, no es lo mismo tenerlo todo controlado a tenerlo planificado. Y creo que esta es la raíz del problema. Esta es la razón de por qué muchas personas se esfuerzan por organizarse y llegan a progresar mucho, pero no consiguen quitarse de encima ese estrés.

¿Qué te parece? ¿Por qué no lo pruebas?

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Imagen de cabecera: Jan Vašek en Pixabay

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