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Qué es la cuarta revolución industrial y por qué podría ser una falacia más

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Uno de los trucos para conseguir que más gente lea un artículo tuyo es poner un número. Algo tipo “7 tareas que roban tu productividad”. Por cierto, parece que el número 7 engancha todavía más. Nos encanta resumir conceptos con acrónimos vistosos. Así que lo “cuarta revolución industrial” llama la atención. Si todavía tienes dudas, fíjate en la palabra “revolución”. Es como alguien en la esquina gritando “¡Oye tú!”. Te tienes que volver y mirar a ver.

La cuarta revolución industrial es fascinante. Pero… ¿en qué consiste realmente? Y… ¿de verdad es una revolución? ¿industrial tal vez? Vamos al lío, que hay sorpresa.

Qué es la cuarta revolución industrial

Al hablar de cuarta revolución industrial, obviamente, hay que pasar primero por las otras tres. Tradicionalmente, se da por bueno que estas tres revoluciones son las siguientes:

  • PRIMERA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL: Finales del siglo XVIII, con la aplicación del vapor y el carbón a la producción mecánica y la aparición del telar mecánico.
  • SEGUNDA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL: Finales del siglo XIX, con la producción masiva aprovechando la electricidad y el petróleo. Ya sabes, cadenas de montaje y coches fabricándose como churros.
  • TERCERA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL: A partir de 1970 apx., gracias a la informática y a la electrónica, se comienzan a programar las máquinas, que cada vez más, automatizan los procesos industriales.

¿Y la cuarta? La cuarta revolución industrial también es conocida como la industria 4.0 o 4IR, y tiene como objetivo combinar tecnologías inteligentes que se integrarán con personas y activos.

Fuente: Wikipedia

Para definir este concepto, lo mejor es acudir al supuesto autor de la expresión. En muchos lugares se hace referencia a Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del World Economic Forum. En 2016, en un libro titulado “La cuarta revolución industrial” (¡qué original!), definió el término. Dijo así:

La Cuarta Revolución Industrial genera un mundo en el que los sistemas de fabricación virtuales y físicos cooperan entre sí de una manera flexible a nivel global. Sin embargo, no consiste solo en sistemas inteligentes y conectados. Su alcance es más amplio y va desde la secuenciación genética hasta la nanotecnología, y de las energías renovables a la computación cuántica. Es la fusión de estas tecnologías y su interacción a través de los dominios físicos, digitales y biológicos lo que hace que la Cuarta Revolución Industrial sea diferente a las anteriores.

El hecho de que este señor sea presidente de la organización que él mismo fundó, que también sea miembro del club Bildelberg, y que haya hablado recientemente de un nuevo orden mundial aprovechando los efectos de la pandemia, dan lugar a alguna sospechita.

En el libro citado antes, añadió:

Estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. En una escala de alcance y complejidad la transformación será diferente a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes.

Así que encontramos algo interesante aquí. La cuarta revolución industrial hace lo mismo que la anterior, solo que aumentando el alcance y complejidad.

Dentro de lo que se llama “cuarta revolución industrial” entrarían cosas como:

  • Big data
  • IA (Inteligencia artificial)
  • Machine learning
  • Robótica y domótica
  • El “internet de las cosas” (loT)
  • PDP (Physical-to-digital-to-physical)
  • Realidad aumentada
  • Biotecnología
  • Nanorobótica
  • 3D, 4D y 5k
  • Blockchain
  • Drones y vehículos autónomos
  • Computación en la nube
  • … más siglas y nombres chulos incluyendo la magia de lo “cuántico”

El (supuesto) resultado de todo esto debería ser mayor productividad, más competitividad, más seguridad en el trabajo, mejor tratamiento de datos, descentralización y por supuesto, una subida considerable del nivel de vida de los ciudadanos.

Si te interesa mucho lo que significa la cuarta revolución industrial, te dejo un video muy chulo:

Cuándo empezó la cuarta revolución industrial

Si contamos la fecha de publicación del libro del sr. Klaus, estaríamos hablando de 2016. Pero la realidad es que la línea que separa la tercera revolución industrial y la cuarta es bastante difusa.

La verdadera diferencia no está en lo que hacemos, sino en cómo se hace: mayor velocidad, muchos más datos procesados, más impacto en personas e industrias.

La mayoría de autores ni siquiera tienen claro que estemos en una cuarta revolución industrial. Y la razón es de puro sentido común. Solo se saben este tipo de cosas cuando ha pasado tiempo y se ven con claridad.

Es como la I Guerra mundial. Solo se llamó así cuando hubo una segunda. Hasta ese momento, todo el mundo la llamaba “La Gran Guerra”. Así que si encuentras un libro anterior a 1939 que dice II Guerra mundial, sospecha tanto como si oyes hablar de la cuarta revolución industrial cuando todavía no ha llegado la quinta.

Ok, vale. Igual estoy siendo un poco cínico. En este caso, la lógica dice que, si ha habido 3 revoluciones, la 4ª tendrá que venir más tarde o más temprano. ¿O no? Y en caso de que sí… pues tonto el último.

Es decir, que lo de la cuarta revolución industrial es algo que seguro que llega, pero que veremos más claro cuando pase.

Primer problema: revolución para quién

En realidad, lo de la cuarta revolución presenta algunos problemillas. Uno tiene que ve con a quién beneficia o quién usa esta llamada revolución.

Porque lo de robots humanoides que sustituyen a los humanos se lleva viendo mucho tiempo en el cine, pero de momento, el que presentó Elon Musk hace unos días casi se cae porque no sabe caminar bien, y lo único que hizo de utilidad en la presentación fue saludar al público.

Obviamente, el big data y el machine learning y todos esos términos que pusimos arriba se están usando y son reales. Pero la mayoría de industrias no los usan por dificultad, por desconocimiento o porque… ¡sorpresa! no son tan útiles como parece.

Es como si hubiera unas cuantas empresas super poderosas que controlaran el mundo y que supieran cómo aprovechar las nuevas tecnologías, y el resto fueran mosquitos atraídos a una luz brillante.

Esto sí que es una revolución industrial. Que Amazon, Google, Tesla, Apple, Facebook y Tik Tok dominen el mundo y planten cara a los gobiernos más fuertes, es algo que no había sucedido nunca.

Segundo problema: efectos

Otro problemilla tiene que ver con los efectos. Ok, vamos a dar por bueno que estamos viviendo la cuarta revolución industrial y que algunos visionarios han dado en el clavo.

Pero, ¿está el mundo mejor? Decía Schwab que esta revolución tiene el potencial de elevar los niveles de ingreso globales y mejorar la calidad de vida de poblaciones enteras. Aaamigo… “potencial”. Yo también tengo el potencial de darme varios cabezazos contra la pared, pero es algo que no me ha dado por probar por el momento.

En realidad, este tipo de revoluciones solo benefician a quien las genera y a los pocos que saben aprovecharlas a su favor.

Los más pragmáticos alertan de que esta cuarta revolución aumentará la brecha entre los ingresos y beneficios reales. Los ricos más ricos y los pobres más pobres. Y esto tampoco es ninguna revolución.

Tercer problema: la nomenclatura

Encontré algunos artículos interesantes, como este y este y este otro, que advierten de la falacia de usar el término revolución industrial alegremente.

En realidad, para muchos expertos, nos encontramos todavía en una expansión de la tercera revolución. Los algoritmos manejan el mundo cada vez más, pero esto no es realmente nuevo.

Ideas como el 3D se remontan a 1986. Aparatos conectados a internet existen desde hace mucho. Los coches autónomos podrían circular desde hace años si no fuera por la enorme problemática de quitarnos de encima los productos anteriores de forma ecológica.

Otros progresos de la llamada industria 4.0 siguen siendo eternas promesas. Todavía estamos esperando por la llamada explosión de las impresoras 3d, y por ordenadores cuánticos con una utilidad real a pesar de que se sabe de la física cuántica desde hace mucho.

La mayoría de fondos presupuestados, informes elaborados y todas estas cosas oficiales, están incluidas en la llamada “Agenda 2030”. Todavía quedan algunos años, si es que se cumple la hoja de ruta.

Así que revolución, revolución, no tanta.

Cuarto problema: la pasta y la retórica

El último problema tiene que ver con las intenciones ocultas. Según uno de los artículos citados antes, en 2011, el sindicato alemán de investigación para la economía y la ciencia propuso a la canciller Merkel un programa de investigación para computadoras en la industria, financiado por el gobierno, con el objetivo de mantener la ventaja tecnológica de este país. ¿Su nombre? Revolución industrial 4.0.

La propuesta se aceptó, pero como condición se impidió el nombre “revolución”. Aquello seguía siendo Alemania, jeje. Finalmente se llamó “Industria 4.0”.

Nadie tenía muy claro que significaban todos esos folios. Aún así, se dotó la propuesta con 400 millones de euros de financiación. Lo cual, por cierto, no impidió que el Tik Tok chino sacara ventaja al resto.

Este es, para mí, el mayor problema. En el cine de ciencia-ficción, primero se escribe el guión, y después se graba. En la vida real, primero se vive, y después se escribe.

El punto es que este guión suena muy bien, y vende muy bien.

Cómo aprovechar la revolución 4.0 a tu favor

¿Y a mí qué? Toda la razón, hasta que la empresa en la que trabajas decida poner los robots de Musk en marcha.

Pero aún antes de eso, vas a notar cambios. En la empresa donde trabajaba, pasé de llamar desde una cabina de teléfono para que me pasaran las averías a revisar, a registrar cada operación en una app online, mientras los datos se generaban en paralelo desde un módem.

Yo seguía siendo necesario, pero no fue lo mismo para otras 4 personas que fueron sustituidas por unos aparatitos conectados a internet.

¿Mi recomendación para sobrevivir a la cuarta revolución industrial? Usar la cabeza. Pero usarla con esmero, a fondo. Aumentar tus capacidades y seguir aprendiendo a buen ritmo. A pesar de lo que quieran pintarnos, la verdad es que seguimos necesitando personas con sentido común, que hagan un trabajo serio y de calidad. Incluso, por qué no, que lo hagan de manera descentralizada, desde su portátil en cualquier lugar del mundo, con unos cuantos clientes que aprecien su trabajo.

*Una buena recomendación es que te unas a una academia de desarrollo personal, como EfectiVida

La gente seguirá necesitando gente que les ayude. Surgirán nuevos problemas y habrá que buscar nuevas soluciones. Los que estén fabricando puentes seguirán siendo útiles, y se sentirán útiles.

¿Estamos en la cuarta revolución industrial? No lo sé. ¿Llegará en un futuro próximo? Ni idea. No me importa, mientras la verdadera revolución suceda cada día, al levantarme y ponerme a generar ideas.


*Imagen de cabecera: marian anbu juwan from Pixabay

Sobre el autor de esta entrada

Jaír Amores
Mi nombre es Jaír y soy de la cosecha del 78. Estoy felizmente casado; tenemos dos preciosas hijas, y vivimos en Las Palmas de Gran Canaria, España. ¡Sí! ¡El paraíso! Desde muy chico, ya me atraía la efectividad. Disfrutaba haciéndome un horario, automatizando tareas. Y… no sé si a ti te ha ocurrido también: me daba cuenta de muchas cosas que podrían hacerse mejor. Me sigue pasando, por cierto. Estoy convencido de que la efectividad y la productividad personal son fundamentales, pero… sin olvidar las cosas importantes de la vida. Porque, ¿de qué serviría mejorar si no nos hace más felices?