El conocimiento es el puente entre la motivación y la acción

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Estar motivado no es demasiado difícil. Es algo que sucede en nuestra cabeza y se siente en el corazón. Hasta hay veces que se nota en forma de mariposillas en el estómago.

En muchos momentos de la vida, la motivación surge inesperadamente, y decimos algo así como «¡Guau! Me encantaría hacer submarinismo» (cambia submarinismo por lo que prefieras).

A veces las culpables son las neuronas llamadas espejo. Ves un documental o escuchas a alguien hablar de cierto tema, y te surge la emoción. Otras veces ese quale de emoción viene durante un periodo de descanso o un cambio de actividad.

Ahora, dime la verdad. ¿Cuántas de esas motivaciones se cumplen?

Dice el refrán que del dicho al hecho hay mucho trecho. Esto también se puede aplicar a que hay un camino entre la fantasía de nuestro cerebro y la realización.

Ya vimos el concepto de «Avia pervia» para allanar el camino. Ahora vamos a añadir un puente.

Imagina que estás super motivado para hacer submarinismo. Ahora, claro está, siguiendo el método C.A.R., analizas esa idea que capturaste en tu aplicación de notas, y decides que lo vas a poner en marcha. Programas en tu calendario un bloque para, vamos a poner, todos los sábados de 5 a 8 de la tarde para «submarinear», como se dice en Canarias.

Bien, pero falta el puente. Y ese puente se llama CONOCIMIENTO. Así que, en vez de colocar ese bloque para el próximo sábado, lo colocas para dentro de dos semanas, por decir algo.

Y ahora, en estas dos semanas, te dedicas a aprender. Buscas en internet, te lees un libro, vas a una tienda especializada y hablas con los que están allí.

Así que ya no tienes solo motivación, sino conocimiento. Y ese es el puente.

Aplica este ejemplo a muchas otras cosas comunes.

  • Cuando sabes cómo hacer la cama como un profesional, lo harás con más alegría.
  • Si aprendes una receta nueva, estarás deseando cocinar.
  • Si te lees un libro sobre productividad personal, vas a querer empezar ya con el método.
  • Al ver un video de YouTube sobre como se hace algo complicado de forma sencilla, estarás super motivado a probarlo.

La suma de motivación más conocimiento te dará un suplemento extra, además de una ventaja competitiva. No es lo mismo ir a submarinear como un novato, que haber aprendido los trucos de los pro. Vas a ir sin tantos miedos, cometerás menos errores y disfrutarás de la experiencia.

Ahora, con la motivación convertida en acción, podrás decidir si sigues en ello, con lo cual tendrás que seguir aprendiendo, o te marchas a otra aventura.

Lo mismo pasa con la organización personal. Creo que a la gran mayoría de personas les gustaría ser más organizados, tener menos estrés, dominar su agenda y cumplir con sus prioridades. Así que, en cierto modo, la motivación está ahí.

El problema es que quizá piensen que eso de la efectividad personal es un rollo, que es complicado o que está pensado para un selecto grupo de personas que tienen más tiempo, recursos o estatus.

Pero fíjate cómo se construye un puente. Un día piensas que deberías ser más ordenado, pero no haces nada. Otro día te hablan del libro de Marie Kondo. Lo lees porque es muy sencillito. Y de pronto surge la magia. Tiras todos tus objetos al suelo y te pones a ordenar la casa como si no hubiera un mañana. ¿Qué cambió entre la motivación y la acción? El puente; el conocimiento. Alguien te enseñó cómo se hace, y te entraron unas ganas locas de cumplir tu sueño de una casa ordenada.

Creo que es más que evidente que saber cómo se hacen las cosas es un excelente puente entre la motivación y la acción. Así que… ¿Qué te parece? ¿Nos hacemos ingenieros de puentes?

(Por cierto, tengo la esperanza de que el método C.A.R. sea a la productividad lo que el libro de Marie Kondo es al orden en el hogar)

Resumiendo

El camino entre la motivación y la acción es largo y está lleno de obstáculos a salvar. Por eso una buena idea es añadir un puente. Ese puente es el conocimiento. Saber cómo se hace algo nos puede servir para tener un impulso extra y convertir un deseo en un hecho.

Ser analógico en una época digital

El otro día participé en una conversación sobre un coordinador de equipo de trabajo que daba muchos problemas. Más allá de capacidades, había un desfase

Siempre lo mismo

Aunque llevo desde niño aprendiendo de forma más o menos consciente sobre efectividad personal, ha sido en los últimos años cuando he dedicado más tiempo

Sobre el autor

Jaír Amores
Mi nombre es Jaír y soy de la cosecha del 78. Estoy felizmente casado; tenemos dos preciosas hijas, y vivimos en Las Palmas de Gran Canaria, España. ¡Sí! ¡El paraíso! Desde muy chico, ya me atraía la efectividad. Disfrutaba haciéndome un horario, automatizando tareas. Y… no sé si a ti te ha ocurrido también: me daba cuenta de muchas cosas que podrían hacerse mejor. Me sigue pasando, por cierto. Estoy convencido de que la efectividad y la productividad personal son fundamentales, pero… sin olvidar las cosas importantes de la vida. Porque, ¿de qué serviría mejorar si no nos hace más felices?