Cómo mejorar la autodisciplina

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¿Te pasa con frecuencia que no consigues lo que te propones? O su versión contraria: quieres evitar algo, pero caes una y otra vez. 

Quizá hayas llegado a la conclusión de que no es posible mejorar y tengas la tentación de tirar la toalla. O tal vez has intentado tirar de fuerza de voluntad sin éxito. 

En cualquier caso, todos podemos mejorar la autodisciplina.

Qué es autodisciplina

Solemos relacionar la disciplina con un castigo. Sin embargo, el origen de la palabra disciplina es muy diferente al concepto actual.

Según parece, “disciplina” significa literalmente enseñanza o educación. El término es un derivado de “discipulus” (discípulo). La raíz “disc” viene del verbo “discere”, que significa aprender, y la raíz “cip” viene a su vez del verbo “capere”, que significa capturar.

Así que la disciplina, originalmente, se refería a aprender como lo haría un discípulo.

Entonces, ¿por qué tenemos un concepto tan negativo de la disciplina? La razón es simple. Como nos cuesta mucho aprender de verdad (poner en práctica el conocimiento), nos esforzamos presionándonos a nosotros mismos, o bien recibimos presión exterior para lograrlo. Es esa sensación de presión, de obligación, lo que nos desagrada, más que el aprendizaje natural que sentíamos cuando éramos niños, fruto de nuestra curiosidad innata y nuestras ganas de “tocarlo” todo.

Curiosamente, los términos para disciplina en otros idiomas, como hebreo o griego, transmiten la idea de educar a un niño. Y como todos sabemos, eso no implica golpear o castigar con crueldad, sino enseñar con paciencia y con ejemplos.

Si a todo esto le añadimos el “auto”, es fácil llegar a la conclusión de que la autodisciplina es una forma de enseñarnos a nosotros mismos.

Por cierto, la autodisciplina es una capacidad que no tenemos al nacer. Por eso, al ir creciendo, es necesario desarrollar autodisciplina. En la mayoría de ocasiones, una crianza adecuada, además de un aprendizaje autónomo equilibrado, tienen como resultado una capacidad mínima de autodisciplina. Por desgracia, en muchos casos, no se han dado las circunstancias más propicias en nuestros primeros años, y por eso, necesitamos desarrollar autodisciplina al enfrentarnos a la vida, ya de adultos. En otros casos, tenemos una capacidad de autodisciplina estándar, pero debido a las exigencias de nuestro entorno, necesitamos aumentar esa capacidad. En este segundo caso, el problema es que no se nos ha enseñado cómo funciona la autodisciplina, y por lo tanto, nos cuesta mucho subir de nivel.

Dulcificar demasiado la autodisciplina

Aunque la mayoría de los contenidos sobre autodisciplina la presentan como una virtud al alcance de pocos, también existe una contradicción en la forma recomendada de lograrla.

Por ejemplo, se suele decir lo de “busca tu motivación”. Sin embargo, la realidad es que, si estuviéramos motivados, la disciplina sería poco útil. Además, sabemos que la motivación no siempre precede a la acción. Es más bien un ciclo circular. En muchas ocasiones, es la acción la que provoca la motivación.

La autodisciplina es la capacidad de, precisamente, actuar sin una motivación clara.

Sé que a veces soy demasiado pragmático, pero en este caso en concreto, creo que si queremos lograr ser más disciplinados, hay que evitar este tipo de conceptos en plan “Mister Wonderful”, como “Haz solo lo que te diga tu corazón”, “sueña en grande”, “persigue tus objetivos”, “hoy será un buen día”, y bla bla bla.

Aunque la disciplina no envuelve necesariamente sufrimiento, tampoco es que sea irte de vacaciones a que te den masajes y te sirvan manjares en la playa.

¿Cuál es el objetivo de la autodisciplina?

Por un lado, el objetivo de la autodisciplina es convertir deseos en realidades; llevar a la práctica lo aprendido. Un deseo sin hechos, es un desecho. Es un sueño que termina al despertar. La autodisciplina es el puente entre los deseos, los proyectos, los planes… y las acciones reales.

Por otro lado, la autodisciplina tiene otra cara no menos importante y de la que no se suele hablar tanto: evitar llevar a la práctica los deseos que nos llevarán a resultados no deseados.

Tengamos en cuenta que el cerebro no distingue entre un resultado deseado o no deseado en función de lo que ocurrirá en un futuro lejano. Funciona más bien con lo que llamamos “gratificación instantánea”. Si me como este chocolate, me sentiré muy bien. Ya está. El cerebro no consciente no pensará en que dentro de unos meses, ese simple acto, sumado a muchas repeticiones, nos hará estar gordos y enfermos.

Por eso, la autodisciplina debe lograr el control de los deseos, y no solo la consecución de los mismos.

Hay mucha relación entre el equilibrio y la autodisciplina. Solemos asociar a una persona autodisciplinada con alguien que siempre está haciendo algo difícil, y que dice que sí a todo lo que le piden. Sin embargo, exige tanta disciplina decir que sí como decir que no. El punto es que tengamos el control sobre lo que hacemos y lo que no.

Por ejemplo, exige autodisciplina terminar algo. Queremos ser “terminators” no “empezators”. Pero… ¿por qué tengo que comerme todo lo que está en el plato si es demasiado? ¿por qué tengo que leer un libro simplemente porque lo he empezado, aunque no me está aportando nada? ¿por qué tengo que pasar al siguiente nivel de un juego si hay otras cosas que hacer más importantes?

Así, la autodisciplina no va de hacer sin control, sino de controlar lo que hacemos.

Si resumimos este punto, llegamos a la conclusión de que la autodisciplina también es una forma de amor propio, pues el objetivo es hacernos bien.

Soy consciente de que es muy difícil desterrar la visión negativa de la disciplina en solo unas líneas. Pero te pido que reflexiones en esto, porque mientras sigas viendo la autodisciplina como algo dañino, será difícil que te apliques al máximo para mejorarla.

Curso de autodisciplina

Obviamente, con saber lo que es la autodisciplina no es suficiente. Hacen falta técnicas concretas que te ayuden a aumentar esta capacidad tan útil.

Por eso, he creado un curso específico para trabajar la autodisciplina.

El curso que te presento es diferente a lo que encontrarás habitualmente si haces una búsqueda tipo «Cómo mejorar la fuerza de voluntad» o algo así. Muchos cursos sobre autodisciplina presentan la autodisciplina como una capacidad sobrehumana, digna de semidioses y guerreros ancestrales. Por ejemplo, verás cursos titulados “Disciplina espartana” o “Disciplina del samurai”. Personalmente, no quiero parecerme a estos modelos. Tengo dos hijas, muchas metas, y quiero disfrutar lo que pueda de la vida. Claro, sé que para lograrlo, tengo que ser disciplinado. Ya está. Déjate de samurais y de inventos que no tienen nada que ver con el 99,99% de habitantes del planeta.

En realidad, solo el título de este tipo de cursos deberían incitarnos a huir despavoridos. La autodisciplina, como veremos en este curso, no es nada heroico ni tampoco extraordinario. Es simplemente una capacidad que tenemos algo desatendida. Tampoco implica un esfuerzo agonizante. Se trata de lograr objetivos con el mínimo esfuerzo necesario. Y es precisamente la autodisciplina bien entendida la que nos ayudará.

Además, los cursos que he visto sobre autodisciplina dedican mucho tiempo a demostrar lo buena y lo necesaria que es la autodisciplina. Creo que si estás haciendo el curso, podemos obviar eso. Ya sabemos que necesitamos ser autodisciplinados. La cuestión es que no lo logramos. Ese es el objetivo principal de este curso. Ver por qué fallamos al mejorar esta capacidad y qué técnicas podemos usar.

Tipos de técnicas que se han tenido en cuenta

Hablando de técnicas, muchos cursos tienen listados de técnicas de todo tipo. En muchos casos, esta información suena muy bonita al leerla, pero tiene poca aplicación práctica. En otros casos, es simple relleno que no afecta de forma sustancial en la autodisciplina, sino en otras áreas del desarrollo personal.

Por ejemplo, en artículos y cursos sobre la autodisciplina se recomienda “conocernos a nosotros mismos”. Ok, obviamente, algo afectará, pero creo que es mucho más efectivo centrarnos en aplicar técnicas como la del castigo y recompensa. Me parece que hay muchos consejos que podrían, de alguna manera, beneficiar la autodisciplina, como comer saludablemente, descansar, o leer libros. Pero incluir todo esto como parte de un curso específico sobre autodisciplina es como hacerte creer que para sacarte el carnet de conducir necesitas controlar tu ego. Cierto, pero muy alejado de lo práctico.

En realidad, sabemos desde hace mucho cómo funciona el comportamiento humano. Aunque se siguen descubriendo matices, las bases están claras. Actuamos por reglas de eficiencia y recompensa inmediata. Si algo nos daña, lo evitamos. Si algo nos da placer, lo buscamos. Si algo nos cuesta mucho “trabajo”, lo evitamos. Así de simple.

Es por esto que casi todas las técnicas que tengan como objetivo luchar contra nuestra propia naturaleza están condenadas al fracaso en el largo plazo. Combatirnos a nosotros mismos genera un ciclo frustrante y peligroso.

  • Aprendemos una técnica de autodisciplina.
  • La ponemos en marcha con aparente éxito (la motivación es más alta al inicio de un proceso nuevo)
  • Pasado un tiempo dejamos de usarla por no convertirse en un hábito.
  • Volvemos a caer en comportamientos anteriores que habíamos luchado por erradicar.
  • Finalmente, nuestro cerebro entiende que las “técnicas de autodisciplina” no funcionan, y ya ni siquiera hace caso a una nueva propuesta.

Por un lado, queremos usar la autodisciplina como una herramienta que nos lleve a realizar acciones que nos cuestan. Pero este no es el objetivo final. Una vez comprobados los resultados de una acción, el fin sería tener sistemas y formar hábitos. Es decir, iniciamos un proceso con autodisciplina, y después lo automatizamos o lo descartamos evitando que se repita. Al mismo tiempo, aprendemos a usar mecanismos a modo de herramientas que nos sirvan para evitar conductas perjudiciales.

Cuestión de equilibrio

Por otro lado, la autodisciplina modera el desequilibrio habitual entre inputs y outputs. Normalmente, nos entra mucha información que muchas veces se queda en nada. La autodisciplina no solo limita la entrada incesante de datos poco valiosos, sino que logra la aplicación del conocimiento, y evita así que perdamos información que sí era beneficiosa para nosotros.

En resumen. En este curso no encontrarás ideas erróneas que te lleven a pensar en la autodisciplina como algo difícil de conseguir, o negativo por naturaleza. Por contra, evitaremos ideas demasiado dulcificadas, y que solo sirven como consuelo pasajero. Tampoco analizaremos técnicas que, si bien podrían tener resultados, están muy alejadas del objetivo del curso, y lo único que harían sería rellenar contenido.

Otra cosa importante. Para aumentar la capacidad de autodisciplina, existen métodos muy eficaces pero difíciles de aplicar, y otros muy sencillos y rápidos de entender y aplicar. He intentado equilibrar estos extremos. Algunas técnicas, como el control de la mente, son bastante útiles, pero para que funcionen requieren de meses de ejercicio continuo. Otras técnicas son sencillas, como establecer una recompensa para una acción. En todo caso, es la correcta aplicación de las mejores técnicas lo que te dará grandes resultados a largo plazo.

En este curso he priorizado las técnicas esenciales que funcionan a corto plazo, descartando aquellas que, si bien pueden funcionar en etapas más avanzadas, te desviarían inicialmente de lo importante para progresar.

Para empezar, nos centraremos en explicar las bases de la autodisciplina. Esta será la parte teórica. Después, veremos unas pocas técnicas esenciales para mejorar nuestra capacidad de autodisciplina. Aunque la parte teórica es de fácil consumo, pues he evitado conceptos demasiado técnicos, te recomiendo ir con calma al estudiar las diferentes lecciones. Es mucho mejor ir asimilando ideas y aplicando, que simplemente echar una ojeada rápida solo por terminar antes.

Confío sinceramente en que este curso te ayude a lograr tus objetivos y usar esta capacidad tan valiosa para tu beneficio.

Puedes ver todos los detalles del curso aquí:


*Imagen de cabecera: Štefan Tóth en Pixabay

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Sobre el autor

Jaír Amores
Mi nombre es Jaír y soy de la cosecha del 78. Estoy felizmente casado; tenemos dos preciosas hijas, y vivimos en Las Palmas de Gran Canaria, España. ¡Sí! ¡El paraíso! Desde muy chico, ya me atraía la efectividad. Disfrutaba haciéndome un horario, automatizando tareas. Y… no sé si a ti te ha ocurrido también: me daba cuenta de muchas cosas que podrían hacerse mejor. Me sigue pasando, por cierto. Estoy convencido de que la efectividad y la productividad personal son fundamentales, pero… sin olvidar las cosas importantes de la vida. Porque, ¿de qué serviría mejorar si no nos hace más felices?