Cómo hacer sencillo lo complicado

Es curioso cómo funciona el cerebro humano. Nos gustan los retos, pero no las cosas complicadas. Preferimos la simplicidad, pero si nos pasamos, nos aburrimos y no encontramos motivación. ¿A ti también te pasa?

Este tipo de reacciones ante los problemas o tareas son conocidas por los desarrolladores. De hecho, existe un concepto muy interesante llamado «Ley de Tesler sobre la compensación de la complejidad«.

Ley de Tesler sobre la compensación de la complejidad

Esta ley establece que cualquier sistema requiere una complejidad mínima que no se puede eliminar. En 1985, Larry Tesler argumentó que era mejor que un ingeniero pasara una semana reduciendo la complejidad de una aplicación a que un montón de usuarios gastaran un minuto extra al usar un proceso complejo.

Esto me hizo recordar a cuando hago limpieza de los SMS en mi móvil Android. En total, he contado 5 pasos para una operación sencillísima. He aquí una mala aplicación de la ley de Tesler. Los ingenieros no se preocuparon mucho de esto, y ahora yo tengo que gastar un tiempo extra innecesario.

Un ejemplo de la buena aplicación de la ley de Tesler es la compra de un billete de avión en una página web. Hay algunos pasos mínimos: elegir el origen y destino, quiénes van, el horario, y finalmente pagar. La idea es simplificar al máximo todo el proceso de compra, sin obviar esos pasos imprescindibles. En aplicaciones y páginas web se suele medir la complejidad de algo por la cantidad de clicks que tienes que hacer para lograr un objetivo.

Ahora bien, la ley de Tesler tiene una pega. Al cerebro le gustan las cosas fáciles, pero no tanto que lleguen a ser sospechosas. En el fondo, entendemos que algunas tareas tienen que ser «algo» complejas. Este es el motivo por el que, cuando vayas a pagar tus billetes en la web, habrán uno o dos pasos más para confirmar. Técnicamente eso se podría ahorrar, pero las pruebas realizadas demuestran que simplificar esto provoca menos compras.

Ten en cuenta que estás soltando tu dinero, lo cual es un acto incluso más importante que elegir el destino. ¡Estamos hablando de tu dinero! Por eso el pago debe ser lo suficientemente complejo como para que no te quedes con cara de tonto viendo que tus ahorros se han esfumado por arte de magia.

La complejidad y los métodos de productividad

Los métodos de productividad personal intentan simplificar algo que puede llegar a ser tremendamente complejo: llevar una vida ordenada. ¿Podría aplicarse aquí la ley de Tesler? ¡Por supuesto!

Cuando desarrollé el método C.A.R. pensé en el límite de simplificación, y llegué a la conclusión de que, para que un método de organización funcione, hay 3 pasos ineludibles:

  • Capturar la información (inputs)
  • Procesar la información capturada
  • Accionar las tareas necesarias (outputs)

Puedes simplificar o complicar un método todo lo que quieras, pero estos 3 pasos siempre estarán ahí de alguna manera.

Por qué algunos métodos no terminan de funcionar del todo

Existen muchos métodos de organización personal. Tengo un listado hecho con más de 30 distintos.

Hay métodos que obvian la captura de información y se centran en el proceso. Un ejemplo son los llamados planificadores. Están muy chulos y puedes disfrutar mucho usándolos, pero, por poner un ejemplo, ninguno te dice cómo procesar tu bandeja de entrada del correo electrónico. Así que es muy probable que sigas teniendo un cuello de botella ahí.

Por contra, otros métodos tienen claro los 3 pasos básicos, pero añaden otros pasos extra, y un montón de «clicks» que no son imprescindibles. Es por esto que a muchas personas se les hace difícil seguir ciertas metodologías, por más que siempre haya quien diga que no son complicadas.

¡Claro! Aunque un método se pase de simple o sea algo complejo, al tener resultados en tu vida, sigue siendo muy útil. Es por eso que miles de personas usan planificadores y otros miles usan métodos complejos, y todos son muy felices por ello. Al fin y al cabo, están ordenando su vida, y eso es algo que la mayoría de habitantes del planeta no hacen.

Cómo simplificar el proceso

De los tres pasos mínimos (capturar, procesar y accionar), hay dos en los que simplificar no solo es posible, sino que es muy provechoso.

  • Capturar es algo sencillo, y cuanto más lo sea, más velocidad ganamos, y menos enfoque perderemos. En el método C.A.R. sugiero reducir al mínimo las bandejas de entrada, automatizar lo que se pueda y usar Google Keep para tomar nota de todo lo demás.
  • Accionar debe ser también simple. En caso contrario, dejaríamos para más tarde todo. Solo necesitamos saber qué hacer y ponernos a ello. Es por esto que eliminé las listas de tareas y opté por agendar las acciones. No quiero tener muchas opciones ni dedicar tiempo a pensar qué debería hacer ahora. Prefiero revisar qué me toca hacer, y ponerme con ello. Obviamente, si he hecho un buen análisis, lo más probable es que haya puesto esa acción ese día y hora con sentido común, y no sea un problema realizarla tal y como se había propuesto.

Ahora bien, procesar la información requiere que la persona tome el mando, use el cerebro y decida qué va a hacer. Es por esto que aquí sí hay que establecer un proceso dentro del proceso. Una vez más, me tocó dedicar horas de enfoque para llegar a otra conclusión. De todas las opciones al procesar una información recibida, hay 3 que no se pueden descartar:

  • Borrar la información que no sirve
  • Guardarla para un uso posterior
  • Convertirla en una o más acciones

Nuevamente, puedes complicar esto todo lo que quieras. Pero cuanto más lo compliques, más complejo será el método y más personas se aburrirán de él. Ahora, si eliminas alguna de estas 3 opciones, dejará de funcionar. Incluso puede pasar que nuestro cerebro sospeche porque es tan sencillo que no puede ser verdad.

El equilibrio entre usabilidad y complejidad

Como puedes ver, encontrar el equilibrio entre usabilidad y complejidad es clave. Además hay que tener en cuenta que la tolerancia a la complejidad varía según la persona.

En este sentido, creo que el método C.A.R. presenta algo interesante. Es funcional y además, es sencillo, pero no tanto como para que nuestro cerebro lo rechace.

Además, en el curso se explica el método con detalle y se presentan en módulos extra, soluciones más complejas para aquellas personas que lo necesiten.

Algunas de estas soluciones son elaborar proyectos unipersonales o colaborativos o adaptar el método C.A.R. a un equipo de trabajo. Al separar en diferentes módulos la parte del método y los «extras» que no todo el mundo necesitará, se añade una capa más de simplificación sin perder usabilidad.

Obviamente, la ley de Tesler es interesante para aplicar en muchos otros ámbitos. ¿Podrías usarla como profesor al dar clases? ¿Eres diseñador y podrías tenerla en cuenta para simplificar tus diseños? ¿Hay algún proceso en tu casa o en tu trabajo al que puedas aplicar este concepto?

Resumiendo

La ley de Tesler explica algo tremendamente aplicativo. El desarrollo de cualquier proceso debe estar muy bien pensado. Ya sea que hablemos de un mueble, de una aplicación o de una metodología de organización personal, la idea es la misma: hazlo simple, pero no tanto que resulte sospechoso.