Un beneficio extra del ayuno

Uno de los hábitos que más se ha estudiado, y que casualmente, comparten las 3 grandes creencias universales (cristianismo, judaísmo, e islam), además de corrientes orientales, y recomendaciones de gurús en salud, es el ayuno.

Existen varios tipos de ayuno. Por ejemplo, el llamado ayuno «intermitente», el ayuno solar, el cambio de horario en la ventana de alimentación, o el ayuno completo durante un período de tiempo más extenso.

En todos los casos, y siempre contando con asesoramiento profesional, se reportan beneficios para la salud. Sin embargo, en mi primera experiencia con un ayuno prolongado (60 horas), descubrí un beneficio no esperado. Te lo cuento…

Los beneficios generales del ayuno

Había practicado ayuno intermitente durante períodos largos, siempre en modo 5.2. Es decir, de lunes a viernes, ayuno de 16 horas, desde la comida principal, a eso de las 15:00, hasta el desayuno del día siguiente, a las 7:00.

También había probado algún ayuno de 24 horas, bien aprovechando un pico fuerte de trabajo, o bien de forma más planificada.

En todos los casos, había notado ligeros beneficios en la salud. Uno interesante es la flexibilidad metabólica. De hecho, después de la primera semana de ayuno intermitente, ya no notaba la necesidad de cenar.

Además, hay un beneficio psicológico del que no se suele hablar tanto. Me refiero a esa sensación de saber que el alimento ya no te controla. Es como una victoria sobre algo que anteriormente no sabías que existía. Antes de ayunar, si tenía hambre, comía. O si tocaba comer por horario, aunque no hubiera hambre, comía. Después de un tiempo con ayuno intermitente, la cosa cambió. Comía de forma mucho más consciente, y menos reactiva.

Aún así, había leído que los verdaderos beneficios se obtienen a nivel celular, y solamente después de 48 horas de ayuno. Por eso, hace unas semanas, lo probé por primera vez.

Sensaciones después de un ayuno de 60 horas

Por supuesto, al tratarse de un período de tiempo considerable, tomé algunas precauciones. Por ejemplo, lo programé en una semana en la que no iba a hacer ejercicio. Tengo un cuadrante de 12 semanas de 30 minutos de ejercicio de fuerza, de lunes a viernes, y 30 minutos de correr los sábados, con una semana extra en la que solo hago perfeccionamiento de movimientos. En la semana 14, tocaba estiramientos y descanso. Y ahí encajó el ayuno, justo después del fin de semana de la semana 13. También intenté no realizar actividades demasiado físicas, tanto en mi trabajo como en ocio.

Las primeras 24 horas no noté gran cosa. Quizá porque ya estaba más o menos acostumbrado.

Las segundas 24 horas fueron más difíciles. Tuve algo de hambre, aunque fue soportable. También sentí algún ligero dolor de cabeza, supongo que más bien psicosomático. En cuanto a beneficios, nada a resaltar.

Sin embargo, a partir de las 40 horas aproximadamente, sí comencé a notar mayor claridad mental (nada del otro mundo), y ligereza en el cuerpo y en los movimientos. Además, desapareció el hambre, curiosamente.

Las últimas horas fueron muy bien, incluso con una sensación de euforia, probablemente por el éxito del experimento. Al levantarme el miércoles, con 60 horas de ayuno, pude haber continuado sin problema. Sin embargo, en esta ocasión, al ser la primera vez, preferí tomar un desayuno ligero. El objetivo estaba más que cumplido.

La sensación de pérdida de peso y agilidad se mantuvo unos 10 días, a pesar de que ya había vuelto a comer con normalidad. La euforia también se mantuvo, y sinceramente, me sentí orgulloso del logro. Obviamente, hubo más beneficios a nivel celular y de otros tipos, pero claro, eso no es algo que pueda sentir tan claramente.

¿Volvería a hacerlo? Sin duda. Pienso repetirlo, quizá llegando a unas 80 horas, rompiendo el ayuno con el desayuno del jueves por la mañana.

Un beneficio inesperado de ayunar

Sin embargo, el motivo de este artículo no tiene que ver con los beneficios de salud del ayuno. Para eso puedes encontrar información de más calidad y con mayor exactitud.

El caso es que me encontré con un beneficio extra derivado directamente del ayuno. No fue algo puntual, sino que pude sentirlo varias veces durante las 60 horas de ayuno.

Me refiero al ahorro de tiempo. Al no tener que desayunar, comer, ni cenar, gané un tiempo que no sabía cómo gastar. Como era la primera vez que alargaba tanto un ayuno, no se me ocurrió ocupar los bloques de comida en mi calendario con otras tareas.

El ahorro de tiempo fue tanto, que llegué a aburrirme y me puse a pensar qué podía hacer.

Puede parecer una tontería, pero si echas cálculos, la cosa tiene miga. Contando preparar la mesa, comer, lavar la loza, y reposar un poco, podemos poner una hora por comida. En algunos casos será más, en otros menos. Depende de si comes en un restaurante, si estás solo o en compañía, si preparas tú la comida, si te la sirven, etc.

En promedio, estamos hablando de un ahorro de unas 3 horas por cada 24. Pero es que si quitas las horas de trabajo y de descanso, nos vamos a 3 horas de ahorro por cada 8. ¡Es brutal!


En resumen:

Hay gente que mataría por tener una hora libre al día. Bueno, pues resulta que aquí tienes una solución. Obvio, no puedes ayunar indefinidamente. Pero sí que puedes mantener un ayuno intermitente que te ahorre una horita de cena. Y también puedes aprovechar un ayuno más largo para ganar tiempo, quizá para un proyecto concreto.

Por supuesto, no hay nada de malo en aburrirse un poco, y no hacer nada. Eso viene bien. El punto es que puedes mezclar salud y organización personal, simplemente eliminando una comida al día.

Hay otras opciones: comer solo cuando tengas hambre, ahorrar tiempo planificando comidas, elegir restaurantes donde el tiempo de atención, de espera, de servicio, sea menor…

Échale una pensada. Porque igual, de pronto, descubres una manera bastante sencilla de ganar tiempo (recuerda… uno de los recursos más valiosos).

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