4 formas de inmunización mental

Aunque ya no tanto, en los últimos meses se ha hablado mucho de vacunas. Hay muchas opiniones al respecto. Pero no vamos a entrar en ese jardín. En el episodio de hoy, vamos a hablar de otro tipo de inmunización: la mental.

Otro tipo de vacunas

Sé poco sobre vacunas. Básicamente, lo que me enseñaron desde chico es que una vacuna es una enfermedad con muy poquita fuerza. Esto permite que el organismo active sus defensas y se inicie una guerra que puede ganar. Después, si vuelve a aparecer el mismo enemigo, nuestro cuerpo estará preparado porque le conoce bien.

Más allá del tema sanitario, hay otro tipo de vacunas con efectos similares: las psicológicas. Fíjate en el efecto que tienen en nuestro intelecto algunas formas habituales de consumir contenido:

1. Las noticias

Ves las noticias, y contemplas escenas cada vez más violentas y desagradables. Justo a continuación, ves a un señor que ha ganado la lotería, a otro bien vestido que ha robado un montón de billetes, un equipo de fútbol que despide a su entrenador, y te enteras de que el fin de semana lloverá en un sitio en el que no estarás. ¿Puede alguien entender la gravedad de lo que ocurre a su alrededor después de este tipo de contenidos? Es como si te diesen un helado, y casi sin poderlo asimilar, te dan una sopa caliente, algo con picante, una cucharada de algún manjar carísimo, y para finalizar, un trago de aguardiente. No puedes saborear nada. No sabes si te gustó o no. Tus papilas gustativas están desorientadas y sobrepasadas. Lo mismo con la mente.

2. Películas y series

Ves una película tras otra con finales alternativos para la humanidad y el planeta. Puedes imaginar lo que quieras, que seguro que alguien lo llevó al cine. Te presentan todo tipo de planes secretos, agencias hipermegaocultas, y crímenes increíbles. Cuando algo de esto sucede cerca de ti, no pasa nada. Total, ¡ya lo habías visto en pequeña escala en una pantalla! Estabas avisado, ¿no?

3. Los estudios “científicos”

Durante años y años de estudios, se te presentan una serie de hechos totalmente comprobados por la ciencia, la historia o cualquier otra entidad reputada. El problema es que tú no lo has comprobado. Nadie te pide que lo hagas ni que cuestiones nada. Solo tienes que responder a las preguntas que te hagan, y serás considerado alguien muy listo. Así, el poco espíritu crítico que podrías tener resulta totalmente innecesario para la vida real.

4. La desinformación

Entras en internet y buscas cualquier tema que te interese. Los algoritmos te conocen y te darán algo sabroso, que te deje bien servido. Pero… ¿será información correcta? En realidad, hay tanta basura en internet, que encontrar contenido de calidad es un milagro. Los programas de desinformación y los algoritmos sedientos de atención se han encargado de ocultar los datos correctos entre un montón de contenido irrelevante, mediocre o totalmente falso. Pero esto ya lo sabías. Y ese es el problema. La mayoría de personas saben que no pueden confiar en la información a su alcance. Así que, total, ¿qué más da? ¿hay algo que sea verdad?

En resumen

Como se puede ver, este tipo de contenidos logran un efecto. Provocan que seamos inmunes ante lo malo. Ya nada nos afecta. Como dice una frase, “estamos curados de espanto”.

Ahora, hay algunas cuestiones a plantearse… ¿Es esto positivo? ¿Nos estamos ahorrando un montón de problemas y de infelicidad? ¿O deberíamos ser más conscientes de la realidad y afrontarla?

Son preguntas que debemos responder cada uno de nosotros… ¿o tal vez no?


*Imagen de cabecera: Click on 👍🏼👍🏼, consider ☕ Thank you! 🤗 en Pixabay

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