Las 4 etapas de la aceptación que demuestran que la productividad funciona

Leí un artículo (A lot of the woo-woo probably works) sobre cómo algunas prácticas alternativas llegan a aceptarse como válidas. El autor comenta que todo lo que «funciona», desde las brújulas magnéticas hasta el entrenamiento de fuerza y ​​los compuestos que curan el cáncer que aún no hemos descubierto, se encuentra en algún lugar de un largo viaje consistente en 4 etapas:

  • Etapa 1. La cosa funciona pero nadie lo sabe. Esta etapa puede durar miles de años.
  • Etapa 2. Funciona, y algunas personas creen que funciona y otras no. Esta etapa dura desde unos pocos años hasta miles de años.
  • Etapa 3. Funciona, y algunas personas creen que funciona y otras no, pero ahora hay algunos estudios interesantes. Algunos de los estudios sugieren que funciona, otros sugieren que no. Las personas involucradas en el tema citan cualquier estudio que respalde su convicción. Esta etapa dura años o décadas.
  • Etapa 4. Años de investigación dejan tan claro que funciona que rara vez se duda, excepto por personas que dudan de toda la ciencia. Ejemplo: fumar aumenta el riesgo de cáncer. Parece ampliamente demostrado, pero siempre habrá quien siga pensando lo contrario.

Las 4 etapas en la productividad

Al leer esto se me encendió la bombilla. ¿Y qué pasa con la productividad personal? ¿Podrían aplicarse estas 4 etapas?

Bueno, en realidad la necesidad de ser más productivos (más efectivos) no lleva tantos años, o al menos no de forma tan intensa como hoy día. Creo que la gente de hace cientos de años se tomaba la vida de otra manera. Es quizá desde la revolución industrial que a todos nos han entrado las prisas.

Aún así, es interesante notar que los hábitos de productividad como capturar la información, analizarla o programar las tareas siempre han sido válidos. Ya se escribía en una piedra hace mucho tiempo, y también se analizaba cómo elevar una pirámide y se programaba cómo los esclavos empujarían las piedras.

A pesar de eso, hoy en día nos topamos con muchas personas que dudan de que los hábitos productivos sirvan de algo. Es muy gracioso conversar con alguien que te dice lo estresado que está y la cantidad de tareas que tiene encima, y que después reniega cuando se le ofrece un método que le hará ser más productivo con menos estrés. Es como el que va caminando llevando la bici a rastras porque tiene tanta prisa que no le da tiempo a subirse en ella.

¿Dónde está el problema? Pues en las 4 etapas.

  • Etapa 1: capturar la información, analizarla, y planificar siempre funcionó, pero durante un tiempo nadie le dio mucha importancia porque tampoco era tan necesario ir deprisa.
  • Etapa 2: Diversos autores se dan cuenta de que todo este rollo de la productividad funciona. Otros piensan que “eso” es una moda pasajera y una tontería.
  • Etapa 3: Estudios indican las diferencias entre cosas como practicar multitarea o enfocarse, o en cuánto tiempo se ahorra sentándose a planificar.

Estamos en la etapa 3 de la aceptación de la productividad

Y aquí paramos. Estamos en la etapa 3. Hay que destacar que los estudios sobre técnicas de productividad suelen coincidir. Aún así, todavía no hay una difusión y demostración de las evidencias como para que todo el mundo entienda que aprender productividad personal es tan necesario como aprender a manejar un móvil.

Esta es la razón de por qué se ve a las personas que usan GTD, CAR, o cualquier sistema de productividad como “bichos raros”, “frikies”, o “flipaos”.

Pero recuerda el punto: lo que funciona, funciona independientemente de la etapa del proceso de aceptación en que estemos. Así que, ¿a ti te funciona? ¡Bravo! No pares. Llegará el momento en que el raro sea el que no se siente todos los días a analizar sus bandejas de entrada. Me lo puedo imaginar:

– “Pues yo llevo sin analizar un mes”
– “¿En serio? ¿Y estás bien? ¿Has ido al productólogo (o algo así)?”

Resumiendo

El hecho de que algo funcione es independiente a que sea descubierto o que sea aceptado como válido. Estoy convencido que, más allá del grado de aceptación que tengan, debemos seguir adelante con los hábitos de productividad. ¿Por qué? Sencillamente porque funcionan.