3 razones por las que he quitado las reacciones de Telegram

Hace algunos meses le hice jaque mate a las redes sociales. Desde entonces, los únicos canales de comunicación que uso son la web, el podcast, el canal de Telegram y ocasionalmente algún video en YouTube. Estoy muy contento con el canal de Telegram, que tiene ya más de 2.300 suscriptores. Como el canal permite comentarios, se ha ido formando una comunidad muy interesante que genera conversaciones de valor.

Telegram es una auténtica pasada. Me permite tener una especie de newsletter vitaminada. No solo aviso de los nuevos contenidos, promociones y productos, sino que me permite compartir pequeñas píldoras de conocimiento que voy aprendiendo. Ahora mismo, ese canal es un auténtico repositorio de información al que acudo para consultar ideas. En el canal también puedo hacer encuestas, o poner en marcha dinámicas de grupo, como los retos mensuales.

Otra característica que me encanta de Telegram es su fluidez de uso. Tiene actualizaciones constantes, y en cada una de ellas te añaden un montón de nuevas funciones. Hace poco, añadieron las llamadas “reacciones”. El administrador de un grupo o de un canal podía activar todas o solo algunas. Una vez activadas, los miembros del canal podían, con un click o un pequeño toque en la pantalla, mostrar un pulgar arriba, un emoticono asombrado, y así hasta las 16 reacciones disponibles en este momento.

La verdad es que le daba bastante colorido a los mensajes y fomentaba la interacción. Sin embargo, pasadas un par de semanas, decidí quitar esta opción. ¿Por qué? Te cuento.

1. No tienen utilidad práctica

Más allá de la estética, lo cierto es que esta función no aporta mucho valor al canal. A diferencia de un comentario, un like o un emoticono no expresa gran cosa. Sí, es más sencillo de usar, claro. Pero ahí está el problema. Si te gustó un mensaje y te entraron ganas de participar, pero ahora tienes una opción más facilita, ¿qué opción crees que preferirá tu cerebro? Está claro. Te va a empujar a darle al botoncito y poner una reacción.

Así que, sin quererlo, lo que estoy haciendo es fomentando la participación de baja calidad. El ver unos cuantos pulgares arriba no me aporta gran cosa, porque a ti te ha costado muy poco. Y precisamente por eso, a ti también te ha aportado poco.

Hay algo curioso en la facilidad que dan este tipo de reacciones. Es la cuestión del gasto por decisión. Aunque es cierto que es muy sencillo usarlas, no deja de ser una elección. Y cuantas más opciones, más gasto cognitivo. Antes, en el canal, había pocas decisiones. Después de leer, simplemente podías comentar, guardar el mensaje o simplemente cerrar el canal. Ahora puedes hacer 16 cosas más. Estoy convencido de que este tipo de características fatigan nuestras mentes, sobre todo por acumulación. Esto te lleva a pensar menos, y a cansarte más. Así que no solo no aportan mucho, sino que incluso es posible que estén restando.

Lo cierto es que me gusta hacer las cosas fáciles a los demás. Por ejemplo, hago resúmenes de artículos en inglés y lo traduzco al español, para ofrecer un contenido que te pueda ser útil, y que no te cueste demasiado digerir. Eso sí. Añado la fuente por si quieres saber más. Ahora, una cosa es ponerlo fácil y otra darte caramelitos como si fueras imbécil.

Resumiendo este punto, creo que las reacciones de Telegram no aportan mucho al canal. En vez de eso, distraen del valor real: los contenidos y tu participación con comentarios.

2. Alimentan el ego y fomentan la adicción

La segunda razón para quitar las reacciones es la cuestión del ego y la adicción. Van de la mano. Verás. Los likes en Facebook fueron un invento espectacular. Funcionaron tan bien que todas las redes sociales las usan de algún modo. Para muchas personas, recibir likes es una inyección de autoestima. El tema ha llegado tan lejos que algunas empresas de marketing te aseguran que una publicidad va a ser muy rentable basándose en la cantidad de likes. Sin embargo, esos likes han costado muy poco. En muchas ocasiones, las personas que dieron like ni siquiera habían leído el mensaje. Ellos limpiaron su conciencia creyendo que aportaban algo, y el creador de contenido vio su ego crecer a base de comida basura.

Ir a tu canal de Telegram y ver un montón de likes o de reacciones te puede parecer muy guay. Incluso puedes llegarte a creer importante. Pero, ¿has ayudado a alguien? ¿tienes algún dato que indique que han leído el mensaje? ¿conoces a alguna de esas personas? Como ya sucedía en las redes sociales tradicionales, estas reacciones son mucho ruido y pocas nueces.

Lo peor es que está demostrado que los famosos likes (y sus primos) provocan adicción. Busca en google “por qué los likes provocan adicción” y verás un montón de artículos y estudios al respecto. Por un lado, vas allí a comprobar si tu mensaje ha sido o no aceptado por la audiencia. Por otro lado, la curiosidad de saber la cantidad de reacciones te impulsa a abrir Telegram una y otra vez. Poco a poco se va generando un patrón neuronal de acción-recompensa, y cuando menos te des cuenta, estás enganchado. No quiero eso.

Por suerte, el canal de Telegram tiene opciones mucho mejores, que en vez de alimentar el ego, te permiten compartir, aprender de los demás, colaborar, responder dudas… y también saber si lo estás haciendo bien. Por ejemplo, puedes ver los comentarios. Esa sí que es una métrica de verdad. Si tu mensaje no se entendió, te lo van a decir. Si les emocionó, te lo van a decir. Si quieren aportar algo, lo harán. Si necesitan tu ayuda, te la darán. Si haces una pregunta, te responderán. Cuantos más comentarios haya, más estarás impactando en la gente.

Otro dato interesante que te da Telegram es la cantidad de veces que se compartió un mensaje. Mucha gente tiene la costumbre de reenviarse a sus mensajes guardados lo que les gusta. Es otra característica de Telegram que está muy bien. Bueno, cuando un mensaje mío ha sido reenviado muchas veces, quiere decir que ese contenido es útil a mi audiencia, tanto que lo quieren guardar o compartir con otras personas.

Resumiendo este punto: las reacciones fáciles son una métrica vanidosa. Pueden engañarte haciéndote creer que eres importante, y hasta engancharte a buscarlas como si fueran una droga.

3. Su efectividad es cuestionable

En términos de efectividad, la primera pregunta que hay que hacerse es: ¿qué objetivo tengo para usar las reacciones en el canal? No encuentro una respuesta digna aquí. Y por eso, la efectividad es poca o ninguna.

Sí. Claro que quiero que los usuarios del canal lo disfruten. Pero también pienso que hay formas de lograrlo mucho más efectivas. Principalmente, aportando contenido de calidad.

Por otro lado, una métrica que ayuda a decidir en qué gastar tus esfuerzos es la tasa de conversión. He medido de diferentes formas esta tasa en otras redes que usé en el pasado. En Twitter hablamos de porcentajes del 0,1% de conversión. Es ridículo. Tienes que impactar a 1.000 personas para que una de ellas haga lo que le pides (normalmente, comprar un producto).

Hace poco, mi mujer puso un estado de Whatsapp donde mencionaba un canal de Telegram que abrió para compartir contenidos sobre minimalismo y organización del hogar. Ella tiene muchísimos contactos. Gente que conoce personalmente. Se lleva muy bien con la gente y es una especie de “relaciones públicas”. De esas personas que parecen tener un cartel en la frente que dice “revele su rollo aquí”. Bueno, pues, de todas las personas que vieron su estado, calculamos que unas 10 personas entraron en el canal a curiosear. Quizá la mitad se quedaron dentro. No es que el canal sea malo, al contrario. El tema es que el porcentaje de conversión es bajísimo.

La mayoría de la gente que usa ese tipo de funciones, está acostumbrada a darle al dedito para ponerse al día, y a otra cosa, mariposa. Hay mucho movimiento, muchos intercambios de datos, pero muy poco real detrás.

Vale. Si un estado de Whatsapp, o un like de Twitter, no aportan nada o casi nada, ¿qué va a aportar las reacciones de Telegram? Pues lo mismo.

Quizá digas. Bueno, a mí me funciona. Ok. Puede ser. Habría que medirlo de verdad. Pero aún así. Pregúntate: ¿qué tipo de audiencia tienes? ¿son de los que les gustan las cositas fáciles? ¿o de los que se mojan y participan? ¿están ahí para ver o para aprender?

Desde luego, yo tengo claro quién es mi audiencia. Saqué el perfil hace tiempo, y por suerte, conseguí conversaciones de verdad. Muchos me acompañan desde el inicio del proyecto, cuando ni siquiera era un proyecto, a finales del 2017. Así que les conozco.

Son gente inteligente, que busca aprender y ser más efectivos cada día. Tienen sus negocios, muchos son gerentes o tienen trabajos en donde tienen autoridad y libertad de maniobra. Otros son profesionales valorados en sus empleos. Muchos son padres y madres ocupados que buscan maneras de ganar tiempo. También hay otro grupo más pequeño de gente joven que se han dado cuenta de lo artificial que es este mundo y no quieren cometer los errores de su generación. Otro grupo menor son las personas que ya han alcanzado una autonomía importante, quizá estén cerca de la jubilación, y disfrutan de seguir aprendiendo y desarrollándose. Esa es mi audiencia. Les conozco, y por eso sé que el hecho de que ponga o quite reacciones les va a importar más bien poco.

Así, resumiendo este punto: piensa en cuál es tu audiencia y qué les quieres ofrecer. Una vez que lo tengas, determina cuál es la forma más efectiva de aportarles algo que valoren de verdad.

En resumen

Quizá haya más, pero creo que estás 3 razones son suficiente para haber tomado una decisión:

  • Las reacciones de Telegram no aportan mucho al canal. En vez de eso, distraen del valor real: los contenidos y tu participación con comentarios.
  • Las reacciones fáciles son una métrica vanidosa. Pueden engañarte haciéndote creer que eres importante, y hasta engancharte a buscarlas como si fueran una droga. No me quiero ver ahí.
  • Piensa en cuál es tu audiencia y qué les quieres ofrecer. Una vez que lo tengas, determina cuál es la forma más efectiva de aportarles algo que valoren de verdad. En mi caso, las reacciones no son la mejor opción.

Es muy posible que no tengas un canal de Telegram. Incluso puede que no uses Telegram. No pasa nada. Seguro que has visto los principios detrás de este artículo. En un mundo superficial, el simple ejercicio de pararse a pensar un poco te cura milagrosamente: ¡empiezas a ver con claridad!

¿Qué te parece? ¿Se te ocurre alguna razón más para no usar este tipo de características? ¿O quizá hay algo en lo que no estás de acuerdo? Sin problema. Lo único que no hay pulgar arriba ni pulgar abajo. Así que tendrás que comentarlo en el canal.

¡Hasta la próxima!


*Imagen de cabecera: Alexas_Fotos en Pixabay

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