2 armas para combatir la oferta del móvil

Imagina la siguiente situación: Vas a un restaurante caro a cenar. Observas, en una mesa a tu derecha, a una pareja joven, un chico y una chica. Ambos tienen buena apariencia. Son guapetes, vamos. Están concentrados en la comida. Entonces, él agarra su móvil y empieza a pulsar en alguna opción. Algo le dice sonriendo a la chica. Ella suelta la copa que tenía entre los dedos, y coge su móvil. Se intercambian un par de frases. Poco después, silencio. Los dos se han sumergido en Matrix.

Quizá no hayas tenido que imaginar mucho. Es una situación bastante típica. Incluso es posible que hayas sido protagonista de una escena similar.

Todos sabemos que algo huele mal, que eso de mirar el móvil cada 5 minutos no es la mejor idea. Y mucho menos en un restaurante caro, cuando estamos cenando con nuestra pareja. Pero lo seguimos haciendo.

Sí, conocemos un montón de trucos. Que si el modo avión, que si “el primero que mire el móvil paga el postre”, que si mindfullness, que si dejar el móvil en casa, bla bla bla. Asentimos con el último meme que satiriza el uso del móvil, mientras lo vemos, oh, en nuestro móvil.

La raíz del problema

Desde hace tiempo creo que, cuando hay que luchar demasiado contra algo, es porque en el fondo, y aunque no lo queremos reconocer, ese algo nos gusta. Depender de la mal llamada “fuerza de voluntad” es muy agotador. En realidad, debería ser fuerza de no voluntad, porque estamos combatiendo una voluntad; nuestro deseo.

He estado pensando sobre el tema, y creo que hay algo que debemos reconocer.

El móvil es una ventana a un universo enorme, lleno de golosinas. Es decir, nos gusta mucho lo que hay ahí dentro. Por eso repetimos el viaje una y otra vez. Podemos conectar con un montón de gente. Sí, de forma virtual, pero conexión al fin y al cabo. Podemos enterarnos de lo que pasa en el último rincón del mundo, comprar cualquier cachibache, o aprender sobre una temática que nos fascine. Comparativamente hablando, el móvil es muy buen contrincante.

En otras palabras: es muy posible que lo que el móvil nos ofrece sea superior a lo que tenemos delante. O al menos, eso creemos.

Vale. Esa pudiera ser una raíz del problema. ¿Y entonces que hacemos?

Aquí van 2 armas:

Arma 1: Agradecimiento

La práctica deliberada de agradecer todos los días puede conseguir que comencemos a valorar cosas que antes dábamos por sentado.

Según aquellos que lo prueban, cuanto más agradeces, más cosas tienes para agradecer. Estar en un restaurante para cenar, pasar tiempo con tu pareja, tener pareja… hay tanto para agradecer.

Claro, también agradecemos el móvil. Pero fíjate que el agradecimiento es mucho más humano. Existía antes que el móvil, ¿verdad? Al valorar lo que hay a nuestro alrededor, puede que el móvil se convierta en algo más, o hasta que salga perdiendo en muchos casos, y podamos disfrutar del momento sin depender de desbloquearlo una vez más.

Arma 2: Ofrecer algo de valor

Cuando el entorno ofrece algo de mucho valor, el móvil pierde. Piensa en la cena que comentábamos al principio. Pero ahora imagina que, en vez de mirar el móvil, el chico saca una cajita, se agacha y se pone de rodillas. ¿Crees que la chica seguirá mirando el móvil? Espero sinceramente que no. Es un momento especial. Lo que se ofrece es muy superior que lo que el móvil pueda dar.

Claro, no podemos obligar a nadie a ofrecer algo. Pero sí podemos decidir ofrecer algo nosotros. Lo cierto, y esto tampoco te va a gustar, es que, muchas veces, ofrecemos bisutería barata. Hay momentos en los que casi es sensato refugiarse en el móvil. Así que la pregunta es: ¿qué estoy aportando a este momento? ¿qué se pueden llevar los demás gracias a mí?

Quizá pienses que tienes que ser un máquina contando chistes, haciendo el tonto, o al contrario, un erudito que asombra a otros con su sabiduría. Nooop. Error. Eso es lo que te interesa a ti. Pero centrar la conversación en ti no es buena idea. La clave es que la otra persona sienta que recibe algo de valor. Y pocas cosas de valor hay como el interés personal. Eso es algo con lo que el móvil no puede competir.

Y eso se logra con preguntas. Sin ir al extremo de la pregunta: “¿Te quieres casar conmigo?”, puedes usar otras más sencillas. “¿Cómo está tu padre? ¿qué tal tu hermana? Te he notado cansada, ¿estás bien? ¿Qué tal te fue hoy en el trabajo? ¿Sabes qué es lo que más me gusta de tu personalidad?”


Resumiendo

Ha nacido un enemigo de la atención que roba sensaciones y momentos. El móvil es un buen enemigo. En realidad es neutro. Él no quiere hacernos daño. Descargamos en él la culpa, y en verdad, los diseñadores de apps y de dispositivos deberían dar muchas explicaciones. Pero en el fondo, nos gusta mucho. Es nuestro animal de compañía preferido. Y está bien. No sería grave si no nos perdiéramos cosas importantes de la vida.

Tenemos infinidad de trucos, y hoy también hemos visto 2 armas: agradecimiento y aportación de calidad.

¿Qué te parece? ¿Nos vamos de cena a probarlas?

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